Mientras el Imperio celebra el fin de la tiranía, los gemelos Ethan y Caleb enfrentan los hilos del destino de la Diosa Luna. Ethan, el estratega frío y calculador de la estirpe real, ve su mundo caer cuando el lazo de pareja destinada estalla ante una hermosa loba que huye sin dejar rastro. Al investigarla, descubre que es la rebelde e indómita hija del Beta de otra manada. Ella rechaza el lazo de sangre, obligando al príncipe a cazar a su propia hembra en un salvaje choque de voluntades.Por otro lado, Caleb, el Beta definitivo entregado a la disciplina militar, encuentra a su mate: una guerrera implacable y Beta de otra manada. El lazo abrasador los arrastra a un dilema desgarrador. ¿En qué territorio vivirán? Deberán elegir entre la lealtad a sus manadas de origen o sacrificar sus deberes por amor.Entre huidas, pasiones calientes y dilemas que queman las venas, los gemelos lucharán por sellar sus relaciones. El destino final se debate entre el deber y la sangre.
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CAPITULO 20. EL PESO DEL IMPERIO
NARRADO POR CALEB
El sonido de los monitores médicos resonaba con un ritmo constante en la penumbra del ala de curación del palacio de Blood Moon, rompiendo el denso silencio que se había instalado en nuestra manada. Me encontraba de pie junto al lecho de mi gemelo, contemplando su robusto físico completamente postrado y desprovisto de esa fijeza severa que siempre lo había caracterizado. Ethan vestía una prenda ligera de hospital, con el semblante pálido y los ojos cerrados en una quietud que me helaba la sangre. A mi lado, Kendra permanecía firme, con la mirada fija en las constantes de mi hermano, desprendiendo su fragancia a menta fresca, lluvia y cuero que esta vez venía cargada de una densa e insoportable vibración de tristeza.
Las puertas dobles de la sala se abrieron de forma pausada y el médico principal de la manada, el doctor Evans, cruzó el umbral portando una carpeta con los informes clínicos. Su rostro reflejaba una rigidez que me contrajo el pecho de golpe.
—Los análisis físicos están completos, Beta Caleb —me habló el doctor Evans con una voz ronca que denotaba la gravedad de la situación, libre de preámbulos—. El estado Alfa Ethan no responde a ninguna enfermedad biológica, ni hay rastro de veneno en sus canales energéticos. La realidad de su postración es puramente espiritual. El lazo místico de su pareja destinada fue roto de forma voluntaria y cruel por la primogénita de Wild Crest, y al revisar sus pulsos, hemos descubierto que Ethan y su lobo, Balthazar, simplemente han perdido las ganas de seguir adelante. El desgarro de la tristeza absoluta por no haber conseguido que el amor de su vida estuviera a su lado ha apagado su fuerza vital, hundiéndolo en un coma profundo del que no sabemos si logrará despertar.
Apreté los puños dentro de los bolsillos de mi pantalón, sintiendo que mi enorme lobo pardo, Ares, soltaba un quejido agónico y desolado en mi conciencia, sufriendo por el desastre de su gemelo. Vanya se había marchado del palacio central horas antes con una ligereza hermosa en sus pasos, completamente ajena a la carnicería espiritual que había provocado, convencida de que mi hermano solo había sufrido un desmayo temporal por el impacto del rechazo.
Kendra dio un paso hacia mí, entrelazando sus dedos pequeños con los míos para transmitirle la robusta firmeza de su energía protectora a mis estructuras rotas. Su loba, Aura, titilaba en sus pupilas con una devoción pacífica que me devolvió el sosiego en mitad de la negrura.
—Tenemos que mantener la templanza, Caleb —me habló Kendra con una suavidad infinita, barriendo mis facciones con una seriedad absoluta—. El imperio unificado se encuentra en un compás de espera muy peligroso y la responsabilidad de liderar Blood Moon recae por completo sobre nosotros en este preciso segundo.
Tenía razón. La encrucijada política que nos rodeaba nos obligaba a asumir el control absoluto del palacio sin dilación. El mapa de las ausencias familiares nos dejaba en una posición de extrema urgencia: mientras nuestro primo Leo y Amaris se encontraban manejando la otra mitad de la manada en las fronteras del norte, nuestra prima Lara estaba disfrutando de su luna de miel en el Palacio del Sur junto al Rey Alfa Kaelen. Para colmo de males, nuestros padres y tíos (Paul, Cinthya, Alexei y Lili) continuaban fuera del territorio, habiendo marchado de urgencia con un contingente de guerreros veteranos para apoyar a su amigo vampiro, Vlad, con un problema masivo que amenazaba su propio Reino de la Noche.
Para cumplir con nuestro deber y no desatender las obligaciones geográficas de Kendra, nos vimos en la estricta necesidad de buscar una solución inmediata para la manada Silver Shield.
Concertamos una reunión de urgencia en el despacho con el Alfa Valen, el hermano de Kendra. Tras explicarle la tragedia de Ethan y la obligación de que nos quedáramos a gobernar el núcleo de Blood Moon, Valen aceptó la tregua política con una madurez admirable. Propusimos a Gideon, uno de los guerreros veteranos más leales y con mayor fijeza de la vanguardia del este, como el Beta sustituto temporal para Silver Shield, permitiendo que Kendra quedara liberada de sus perímetros fronterizos de forma legítima para gobernar a mi lado.
Valen firmó los documentos sobre la mesa de piedra y se despidió con un firme asentimiento de cabeza, emprendiendo el viaje de regreso hacia sus tierras. Al quedarnos a solas en el despacho, contemplando las listas de control del imperio, miré a Kendra con un amor inmenso y real. Las huidas por las aduanas y el desespero de los viajes constantes en el todoterreno negro habían terminado de golpe bajo la fuerza del destino; la tragedia de mi hermano nos forzaba a compartir el mismo techo y a liderar a nuestro pueblo hombro con hombro, marcando el inicio de una convivencia forzada e íntima en mitad de la penumbra donde nuestras vidas comenzarían a unirse de forma irreversible frente a la inminente tormenta.