NovelToon NovelToon
Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: En proceso
Popularitas:14
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Cap 9: Fuego cruzado

La primera conferencia académica a la que asistí con Damián Montero debería haber sido un evento profesional normal. Debería haber sido ponencias, cafés de cortesía y tarjetas de presentación intercambiadas con sonrisas falsas.

En cambio, fue una guerra.

El Congreso Anual de Farmacología Avanzada se celebraba en el Gran Salón del Centro de Convenciones de Santa Aurelia, un espacio gigantesco con paneles de vidrio, aire acondicionado excesivo y esa iluminación blanca que hace que todo el mundo se vea diez años más viejo. Trescientos investigadores, directores de laboratorio y ejecutivos farmacéuticos reunidos para hablar de ciencia y, sobre todo, para medir quién tenía el presupuesto más grande.

Montero y yo llegamos juntos porque compartíamos la misma ponencia. Él presentaba los avances del proyecto de inhibidores selectivos; yo presentaba los datos del ajuste de pH que había propuesto tres semanas atrás y que, para mi satisfacción privada, estaba funcionando exactamente como predije.

—No improvises —dijo Montero en el auto, mirando por la ventana como si me hablara al paisaje.

—No iba a hacerlo.

—Sí ibas a hacerlo. Tienes esa mirada de alguien que piensa que puede mejorar la presentación sobre la marcha. No lo hagas. Los datos hablan solos.

—Los datos hablan solos cuando alguien sabe presentarlos. Lo cual, con todo respeto, Director Montero, no es tu fuerte.

Me miró. Un segundo. La comisura de sus labios tembló, no llegó a ser una sonrisa, pero estuvo más cerca que nunca.

—Presenta tú entonces.

—¿En serio?

—Los datos son tuyos. Preséntaos tú. —Se volvió hacia la ventana—. Pero si metes la pata, la culpa es tuya.

La ponencia salió bien. Más que bien, salió brillante, si me permiten la falta de modestia. Presenté los resultados del polimorfismo a pH 6,8 con gráficos claros, datos replicables y una conclusión que hizo que tres personas en la primera fila sacaran sus teléfonos para tomar fotos de mi última diapositiva.

Pero lo interesante vino después, en la ronda de preguntas.

Un investigador de un laboratorio rival, un hombre con barba canosa y el ego del tamaño de su presupuesto, levantó la mano.

—Señorita Valdés, su propuesta es interesante, pero ¿no cree que el enfoque de nanoencapsulación que sugiere en su sección final es, digamos, ambicioso para un equipo que lleva apenas tres semanas trabajando en esta línea?

Antes de que yo pudiera responder, Montero habló desde su asiento en la primera fila, sin levantar la vista de sus notas:

—Doctor Estrada, la señorita Valdés lleva tres semanas en mi instituto. Antes de eso, diseñó durante tres años las fórmulas que sostuvieron a Laboratorios Aurora, incluyendo el compuesto que usted intentó licenciar el año pasado sin éxito. Creo que su experiencia es suficiente. ¿Siguiente pregunta?

El silencio duró cinco segundos. Después, un murmullo recorrió la sala. Y yo, de pie en el podio con el micrófono en la mano, traté de mantener la compostura mientras mi corazón hacía algo completamente inapropiado para un evento académico.

Damián Montero me acababa de defender en público. Frente a trescientos colegas.

En el receso, mientras tomaba café junto a la mesa de publicaciones, una voz familiar me llamó por mi nombre.

—¡Alegra! ¡No lo puedo creer!

Me di la vuelta. Violeta Cortés, Vi, como la llamaba yo en la universidad, caminaba hacia mí con los brazos abiertos y una sonrisa que iluminaba todo su rostro. Llevaba un vestido color vino, tacones altos y esa seguridad de mujer que sabe exactamente el efecto que causa al entrar a una habitación.

—¡Vi! —Me dejé abrazar—. ¿Qué haces aquí?

—Trabajo en la división de investigación de Cortés Farmacéutica. Mi hermano Miguel me puso a cargo del departamento de alianzas estratégicas. —Me tomó de las manos—. Pero eso no importa. ¡Mírate! Trabajando con Damián Montero, presentando en el congreso, y el vestido rojo en la boda... ¡Toda Santa Aurelia habla de ti!

Nos sentamos juntas. Vi pidió dos capuchinos y empezó a contarme todo lo que había pasado en los últimos tres años, su ascenso en la empresa familiar, su ruptura con un novio que «no estaba a mi altura», sus viajes a Europa por capacitación.

Era cálida, divertida, exactamente como la recordaba. Mi mejor amiga de la universidad. La persona que me acompañó a la primera cita con Sebastián y después me dijo: «Es guapo pero tiene algo raro en los ojos. Ten cuidado». Debí haberle hecho caso.

—Ale, estoy tan orgullosa de ti —dijo, apretándome la mano—. Lo que hiciste en esa boda fue increíble. Todas las mujeres que conozco quisieran tener esa valentía.

Le sonreí. Era bueno tener de vuelta a una amiga de verdad. Después de Sebastián, después de Paz, después de todo, una cara familiar que no quería nada de mí excepto amistad.

Pero algo en sus ojos, algo que vi solo un instante, cuando mencioné que Montero y yo estábamos trabajando juntos, se oscureció. Fue tan rápido que casi no lo noté. Un destello, como la sombra de una nube pasando sobre el sol.

Lo archivé. Probablemente no era nada.

La cena de gala fue por la noche, en el mismo centro de convenciones. Mesas redondas, velas, un cuarteto de cuerdas y el tipo de comida que parece arte pero sabe a cartón.

Me cambié en el vestidor del congreso, un vestido negro sencillo, sin piedras ni cola de dos metros. No necesitaba llamar la atención. Ya lo había hecho con los datos.

Cuando entré al salón, sentí una mirada.

Montero estaba de pie junto a la barra, con un traje oscuro que le quedaba como si hubiera sido cortado directamente sobre su cuerpo. Hablaba con un colega, pero sus ojos se desviaron hacia mí cuando crucé la puerta. Fue un segundo, uno de esos segundos que duran más de lo que deberían. Después volvió a su conversación como si nada.

Me senté en la mesa asignada. Vi, dos sillas más allá, me saludó con la mano. Noté que ella también estaba mirando a Montero.

—Tu jefe es bastante guapo —comentó casualmente.

—No es mi jefe. Es el director del programa.

—Ah, perdón. Tu director de programa bastante guapo. ¿Hay algo entre ustedes?

—Somos colegas, Vi.

—Ajá. —Sonrió—. Colegas que se miran como si estuvieran resolviendo una ecuación que solo tiene una respuesta posible.

No supe qué contestar. Tomé un sorbo de vino.

A mitad de la cena, un hombre del laboratorio de biotecnología Redox se acercó a nuestra mesa. Sonrisa demasiado amplia, tarjeta en mano, dirigiéndose directamente a mí.

—Señorita Valdés, su presentación de esta tarde fue excepcional. Nos encantaría explorar una colaboración. Tenemos datos que podrían complementar su trabajo sobre polimorfismo cristalino, de hecho, hemos estado desarrollando un enfoque similar...

Antes de que terminara la frase, una voz cortó desde atrás como un bisturí.

—Los datos de la señorita Valdés son propiedad intelectual del Instituto Nacional de Investigación Médica. Cualquier solicitud de colaboración debe ir por escrito al departamento legal. —Montero me miró—. Valdés, necesito hablar contigo sobre la agenda de mañana.

El hombre de Redox murmuró una disculpa y se retiró. Montero se sentó en la silla vacía junto a mí.

—No necesitabas rescatarme —le dije en voz baja.

—No te estaba rescatando. Estaba protegiendo la propiedad intelectual del instituto.

—Montero, ese hombre solo quería hablar de una colaboración.

—Ese hombre quería copiar tu línea de investigación. Hace seis meses intentó lo mismo con un equipo de la Universidad Central. —Pausa—. No te confíes de las sonrisas en este ambiente, Valdés. No todos los que aplauden tu trabajo quieren que te vaya bien.

Lo miré. Él no me miraba, estaba observando al hombre de Redox alejarse entre las mesas con la frialdad de un halcón vigilando su territorio.

Desde el otro lado de la mesa, Vi nos observaba con una expresión que no supe leer.

Cuando la cena terminó y los invitados empezaron a dispersarse, Vi me detuvo en el pasillo.

—Ale, necesito hablar contigo. No aquí, mañana, si puedes. Es importante.

—¿Está todo bien?

Me tomó las manos. Sus ojos estaban húmedos.

—Estoy en problemas, Ale. Problemas serios. Tú eres la única persona en la que confío. ¿Me ayudas?

La abracé. Por supuesto que la iba a ayudar. Era mi mejor amiga.

—Claro que sí, Vi. Lo que necesites.

Ella me devolvió el abrazo. Fuerte. Demasiado fuerte. La presión de sus dedos sobre mis muñecas era la de alguien que se está aferrando, no a una amiga, sino a una tabla de salvación.

O a una presa.

Continuará...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play