Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Fletcher 2
Cuando Melody regresó a la mansión aquella tarde, aún llevaba el libro entre las manos.
Había leído tan absorta en el jardín que apenas había notado el paso de las horas.
Al entrar al salón, una de las doncellas se acercó inmediatamente.
—Señorita Cartier.
Melody levantó la vista.
—¿Sí?
La joven hizo una pequeña reverencia.
—Debemos cambiarla de habitación.
Melody parpadeó.
—¿Cambiarme?
La doncella asintió.
—Así es. Las instrucciones llegaron hace unos momentos.
Melody inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Pero por qué?
La sirvienta pareció incómoda.
—Lo lamento, señorita. No nos explicaron el motivo.
Melody no insistió.
[Seguramente necesitan la habitación para otro invitado.]
[Eso tiene sentido.]
O, al menos, era la explicación que encontró.
La nueva habitación estaba ubicada en el ala principal de la mansión.
Cuando la doncella abrió la puerta...
Melody se quedó completamente inmóvil.
Era enorme.
El dormitorio era casi el doble del anterior.
Las paredes estaban decoradas con delicados relieves en tonos marfil y dorado.
Una elegante chimenea ocupaba uno de los extremos.
Había una pequeña sala privada para recibir visitas.
Y los enormes ventanales daban directamente hacia los jardines que descendían hasta el mar de nubes.
Melody caminó lentamente por la habitación.
Tocó distraídamente el respaldo de un sofá.
Observó los muebles.
Después volvió a mirar el paisaje.
[¿No será un error?]
Era incluso más lujosa que la habitación principal de la residencia Cartier.
La doncella sonrió.
—Espero que sea de su agrado.
Melody seguía sin comprender.
—Es... preciosa.
[Esto definitivamente no puede ser para cualquier invitado.]
Pero, al no encontrar explicación alguna, terminó aceptándolo.
A la mañana siguiente aún era de noche cuando abrió los ojos.
Permaneció inmóvil unos segundos.
Después recordó.
[¡El amanecer!]
Se levantó casi de inmediato.
Corrió hasta los ventanales.
Abrió las cortinas.
Y esperó.
Poco a poco el cielo comenzó a teñirse de azul.
Después aparecieron suaves tonos rosados.
Finalmente...
El sol emergió lentamente desde el océano de nubes.
La luz dorada iluminó toda la montaña.
Las nubes parecían incendiarse con reflejos anaranjados.
Era exactamente como aquel hombre había dicho.
Daba la impresión de que el sol nacía directamente desde el cielo.
Melody permaneció completamente inmóvil.
Con una mano sobre el cristal.
Los ojos brillándole de emoción.
—Valió la pena madrugar...
Sonrió para sí misma.
Aquel recuerdo quedaría grabado para siempre.
Aquella tarde regresó nuevamente al jardín.
Y, casi como si hubiera sido una cita silenciosa, encontró al mismo hombre observando el paisaje.
Él giró apenas la cabeza.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Cuenteme ¿logró ver el amanecer?
Melody sonrió inmediatamente.
—¡Sí!
Su entusiasmo hizo que incluso olvidara los modales durante un instante.
—Era muchísimo más hermoso de lo que imaginaba.
Él observó el horizonte.
—Se lo dije.
Ambos rieron suavemente.
La conversación volvió a surgir con la misma naturalidad del día anterior.
Hablaron sobre el clima.
Sobre las montañas.
Sobre los libros que Melody había llevado.
Hasta que él sacó un volumen cuidadosamente envuelto en una tela protectora.
—Creo que esto podría interesarle.
Melody lo recibió con cuidado.
Leyó el título.
"Atlas Histórico del Continente Occidental y los Mares Conocidos."
Sus ojos comenzaron a brillar.
—¿Es... para mí?
Él asintió.
—Aunque no es un libro proveniente de Forest.
Melody abrió inmediatamente las primeras páginas.
Había mapas antiguos.
Ilustraciones.
Anotaciones hechas a mano.
Incluso dibujos de islas desconocidas.
—Es maravilloso...
Pasó varias páginas completamente fascinada.
El hombre sonrió con discreción.
—Ese libro explica bastante bien la división de los océanos. También habla de las islas descubiertas durante los últimos cincuenta años.
Melody levantó nuevamente la vista.
—Muchísimas gracias. Lo leeré completo.
Él no parecía sorprenderse por aquella respuesta.
Más bien daba la impresión de haberla esperado.
Después de unos segundos de silencio, Melody cerró cuidadosamente el libro.
Y recordó algo.
—Por cierto...
Lo miró con cierta timidez.
—Nunca le pregunté su nombre.
El hombre respondió con total tranquilidad.
—Francis.
Melody sonrió.
—Gracias, Francis.
Él inclinó apenas la cabeza.
—De nada...
La observó unos instantes.
—Melody.
Ella abrió ligeramente los ojos.
—¿Cómo...?
Él sonrió apenas.
—Conozco el nombre de todos los invitados importantes.
Melody rio por lo bajo.
—Supongo que tiene sentido.
La conversación continuó.
Compararon algunos mapas del libro con el paisaje que tenían delante.
Hablaron de las rutas marítimas.
De los reinos lejanos.
Y de cómo los nuevos descubrimientos estaban cambiando el comercio.
Melody disfrutaba enormemente aquellas conversaciones.
Era extraño.
Apenas se conocían.
Pero hablar con Francis resultaba sorprendentemente sencillo.
No pasó mucho tiempo antes de que unos pasos interrumpieran nuevamente la tranquilidad.
La doncella de Melody apareció caminando por el sendero.
Hizo una respetuosa reverencia.
—Señorita. Lady Cartier solicita que vuelva a la mansión. El almuerzo está por comenzar.
Melody bajó ligeramente los hombros.
—Ya voy.
La doncella hizo otra reverencia y se retiró.
Francis observó la expresión de Melody.
Había inflado ligeramente las mejillas.
Como una niña a la que acababan de interrumpir un juego.
Él no pudo evitar sonreír.
—¿No quiere ir?
Melody suspiró.
Miró nuevamente el paisaje.
—Es que...
Señaló el océano de nubes.
—Con una vista así... Deberíamos almorzar aquí afuera.
Francis soltó una pequeña risa.
—Es un argumento bastante convincente.
Melody asintió muy seria.
—¿Verdad? Sería un desperdicio comer mirando una pared.
Él negó suavemente con la cabeza, todavía divertido.
Aquella sinceridad espontánea le resultaba... encantadora.
Muy distinta de la actitud cuidadosamente calculada que solían mostrar la mayoría de los nobles.
Melody cerró el libro.
—Será mejor que vaya. Nos veremos después. Hasta luego.
Él hizo una ligera inclinación de cabeza.
—Hasta luego.
Cuando Melody llegó al comedor principal, descubrió que el almuerzo sería mucho más formal de lo habitual.
Había varios invitados nuevos.
Su madre la recibió con una sonrisa.
—Ven. Quiero presentarte a algunas personas.
Melody saludó educadamente a comerciantes y caballeros cuyos nombres apenas logró retener.
Hasta que Lady Cartier se detuvo frente a un hombre muy conocido.
—Y él es...
Su madre sonrió.
—El conde Fletcher.
Melody giró lentamente la cabeza.
Sus ojos se encontraron con los de Francis.
Él conservaba exactamente la misma expresión tranquila de siempre.
Ella, en cambio...
Se quedó completamente inmóvil.
[¿Conde?]
Miró a su madre.
—¿Conde...?
Lady Cartier asintió con naturalidad.
—Sí. Es el actual conde Fletcher.
Melody sintió que toda la sangre abandonaba su rostro.
[¡No puede ser!]
[¡Llevo dos días hablándole como si fuera un vecino de la biblioteca!]
Recordó inmediatamente todas sus conversaciones.
Las bromas.
Las respuestas espontáneas.
El "Gracias, Francis."
Incluso el puchero que acababa de hacer unos minutos antes.
[¡Voy a morir de vergüenza!]
El conde entendió su mirada y espero a su lado.
Melody hizo una reverencia mucho más profunda de la necesaria y susurró..
—Lamento muchísimo si fui irrespetuosa.
Francis respondió con absoluta serenidad.
—No tiene nada que lamentar, señorita Cartier.
Pero Melody apenas podía mirarlo.
[Siempre tuve cuidado de no hablar de mas en reuniones sociales, olvide agregar el jardin]
Durante todo el almuerzo permaneció convencida de que había cometido una falta gravísima al ignorar el protocolo correspondiente.
Al terminar la comida, salió discretamente a una de las terrazas para intentar recuperar la calma.
[Ahora sí...]
[Hice el ridículo.]
[¿Cómo pude no darme cuenta?]
Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no escuchó los pasos acercándose.
—Melody.
Ella se volvió inmediatamente.
Era Francis.
Se incorporó con rapidez.
—Mi lord...
Él soltó un pequeño suspiro.
—Por favor...
Dio un paso más cerca.
—No cambie conmigo.
Melody lo miró confundida.
—¿Perdón?
—Puede seguir llamándome Francis.
Ella abrió mucho los ojos.
—¡No puedo hacer eso! Usted es un conde. Eso sería una falta de respeto.
Él sonrió con una expresión que mezclaba diversión y paciencia.
—Entonces...
Bajó un poco la voz.
—Será nuestro secreto.
Melody sintió cómo el calor subía inmediatamente hasta sus mejillas.
—Eso tampoco parece correcto...
Francis dejó escapar una risa muy baja.
Aquella reacción le pareció inesperadamente adorable.
La joven que era capaz de hablar durante media hora sobre mapas antiguos sin el menor nerviosismo...
Ahora estaba completamente avergonzada por una simple diferencia de títulos.
Él sonrió con suavidad.
—No se preocupe tanto. Prefiero conversar con la Melody que habla de libros y paisajes...
Hizo una breve pausa.
—Que con alguien que mide cada palabra por obligación.
Melody permaneció unos segundos en silencio.
Después, muy despacio, sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Sincera.
—Lo intentaré...
Francis asintió satisfecho.
Y, por primera vez desde que se habían conocido, ambos sintieron que aquella conversación marcaba el verdadero comienzo de una amistad.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???