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No Renací... Desperté.

No Renací... Desperté.

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.

Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.

Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.

Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

Nunca imaginé que abandonar el apartamento donde había vivido los últimos cinco años sería mucho más sencillo que detener el automóvil frente a la casa donde crecí. Siempre tuve mi propio auto, pero jamás lo usaba; prefería el que mi esposo me había regalado por nuestro primer aniversario, como si aquel detalle aún pudiera sostener algo de lo que fuimos. Durante todo el trayecto mantuve las manos aferradas al volante con tanta fuerza que, cuando finalmente estacioné, sentía los dedos entumecidos. No lloré. Creía haber agotado todas mis lágrimas antes incluso de salir de aquel edificio donde había dejado atrás mi matrimonio. Sin embargo, había un dolor distinto, mucho más silencioso, que se acomodaba lentamente en mi pecho como si quisiera recordarme que algunas despedidas no terminan cuando uno cruza una puerta, sino mucho tiempo después.

La casa de mi padre, Joaquín, seguía exactamente igual que la última vez que la había visitado. Las buganvilias continuaban cubriendo parte del portón de hierro negro, el gran jardín permanecía impecablemente cuidado y el viejo roble que mi madre había plantado cuando yo era una niña seguía proyectando su sombra sobre la entrada principal. Era extraño. El tiempo había sido capaz de destruir mi matrimonio, pero no había conseguido cambiar aquel lugar. Apagué el motor y permanecí inmóvil durante unos segundos, observando la fachada como si necesitara reunir el valor suficiente para bajar del automóvil. No estaba preparada, porque en cuanto cruzara aquella puerta tendría que aceptar una verdad que llevaba horas intentando evitar.

Mi matrimonio había terminado.

Tomé aire lentamente, bajé del automóvil y abrí el maletero. Solo llevaba una maleta. Todo lo demás se había quedado atrás. No porque no pudiera llevármelo, sino porque ya no quería cargar con nada que perteneciera a una vida que había dejado de existir.

Apenas alcancé a sujetar el equipaje cuando la puerta principal se abrió.

—Pense que ibas a tardar cinco minutos más.

Aquella voz consiguió romper algo dentro de mí.

Levanté la vista y allí estaba mi padre, Joaquín. El cabello comenzaba a cubrirse de canas, algunas arrugas marcaban su rostro con mucha más claridad que unos años atrás y, aun así, seguía teniendo exactamente la misma expresión serena que recordaba desde que era una niña. No preguntó qué había sucedido. No preguntó por Lucan. Ni siquiera miró la maleta. Simplemente caminó hasta donde yo estaba y abrió los brazos.

Eso fue suficiente.

Solté la maleta antes de darme cuenta y me lancé a abrazarlo. Durante unos segundos intenté contenerme. Intenté convencerme de que todavía podía seguir siendo fuerte. Pero en cuanto sentí sus brazos rodeándome y una de sus manos acariciar lentamente mi cabello, exactamente igual que cuando volvía llorando después de discutir con alguna compañera del colegio, toda la fortaleza que había construido durante las últimas horas terminó derrumbándose.

—Papá...—Mi voz se quebró por completo.

Él me abrazó con más fuerza.

—Ya pasó, pequeña.

Aquellas dos palabras bastaron para que las lágrimas comenzaran a caer sin control. No recordaba la última vez que había llorado de aquella manera. Mi padre no dijo nada más. Solo permaneció abrazándome, esperando con infinita paciencia. Siempre había sabido distinguir entre una persona que necesitaba respuestas y otra que únicamente necesitaba un lugar seguro donde romperse.

No sé cuánto tiempo permanecimos así. Quizá fueron varios minutos. Quizá más. Cuando finalmente conseguí tranquilizarme un poco, él tomó mi maleta con absoluta naturalidad, como si aquel gesto fuera la cosa más sencilla del mundo.

—Vamos adentro.

Asentí en silencio y lo seguí. La casa seguía oliendo igual que siempre: a café recién hecho, a madera antigua y a ese perfume floral que mi madre había utilizado durante años y que, de alguna manera, parecía haberse quedado impregnado entre aquellas paredes incluso después de tanto tiempo. Mi padre, dejó la maleta junto a las escaleras antes de volverse hacia mí.

—¿Has comido?

Negué con la cabeza.

—No tengo hambre.

Él dejó escapar un pequeño suspiro.

—Eso suele significar que necesitas comer más que nunca.

No pude evitar sonreír con tristeza.

—Sigues diciendo lo mismo.

—Porque sigue siendo verdad.

Me condujo hasta la sala. Todo permanecía prácticamente igual. Las fotografías familiares seguían ocupando el mismo lugar sobre la chimenea. En una aparecía mi madre sosteniéndome cuando apenas tenía cinco años; en otra, mi padre intentaba enseñarme a montar bicicleta mientras yo lloraba convencida de que iba a caer. Durante un instante tuve la absurda sensación de que, si cerraba los ojos, volvería a escuchar la risa de mamá recorriendo toda la casa. Un nuevo nudo se formó en mi garganta.

Mi padre, desapareció unos minutos en la cocina y regresó con dos tazas de té. Colocó una frente a mí antes de sentarse en el sofá. No habló enseguida. Esperó a que fuera yo quien decidiera romper el silencio. Siempre había sido así. Jamás obligaba a nadie a hablar antes de estar preparado.

Tomé la taza entre las manos. El calor me reconfortó un poco.

—Nos divorciamos.

Mi padre bajó la mirada durante unos segundos. No parecía sorprendido. Solo profundamente triste.

—Lo imaginé cuando vi la maleta.

Respiré despacio antes de reunir el valor suficiente para continuar.

—Me engañó. Volvió con su antigua novia.

Pronunciar aquellas palabras en voz alta las volvió mucho más reales de lo que habían sido mientras solo existían dentro de mi cabeza.

Mi padre, permaneció inmóvil. Después apoyó una mano sobre la mía.

—Lo siento mucho.

Negué lentamente.

—¿Sabes qué es lo peor?

Él levantó la vista para observarme con atención.

—No fue descubrir la infidelidad. Lo peor fue enterarme de que nunca dejó de amarla.—Mi voz volvió a quebrarse.—Me confesó que se casó conmigo porque creyó que podría olvidarla.

El silencio que siguió resultó doloroso. Mi padre, cerró los ojos durante un instante, como si estuviera haciendo un enorme esfuerzo por contener la rabia que aquellas palabras le provocaban.

—Entonces nunca te mereció.

Una lágrima volvió a deslizarse por mi mejilla.

—¿Qué hice mal? ¿En qué momento dejé de ser suficiente?

Él negó con firmeza.

—No vuelvas a decir eso.—Levanté lentamente la vista. —Escúchame bien, Naelia.

Su voz seguía siendo tranquila, pero estaba cargada de una firmeza que muy pocas veces le había escuchado.

—Las decisiones de ese hombre hablan de él, no de ti. Que haya sido incapaz de valorar a la mujer que tenía a su lado no significa que tú valieras menos. Hay personas que destruyen aquello que más los ama, no porque les falte algo, sino porque nunca aprendieron a cuidar lo que tenían.

Bajé la mirada, quería creerle, de verdad quería hacerlo, pero todavía dolía demasiado.

—No creo poder volver a enamorarme.—Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.—Ya no quiero hacerlo. No quiero volver a entregar mi confianza para que alguien la rompa otra vez. No quiero depender emocionalmente de nadie. No quiero volver a pasar noches esperando a un hombre que quizá nunca llegue ni volver a preguntarme si soy suficiente para alguien.

Hice una pausa antes de añadir en un susurro.

—Estoy cansada, papá.

Él apretó suavemente mi mano.

—Entonces no te enamores ahora.

Lo miré confundida y una sonrisa serena apareció en su rostro.

—Nadie está diciendo que debas hacerlo. Sana primero. Aprende otra vez a vivir para ti. Descubre quién eres cuando ya no eres la esposa de alguien. El amor, si algún día vuelve a aparecer, tendrá que encontrarte cuando ya no lo necesites para sentirte completa.

Sus palabras permanecieron dando vueltas en mi cabeza. Por primera vez desde que abandoné aquel apartamento sentí que podía respirar un poco mejor.

En ese momento, unos suaves golpes resonaron sobre la puerta del despacho que comunicaba con la sala, mi padre, levantó la vista.

—Adelante.

La puerta se abrió lentamente y un hombre entró sosteniendo una carpeta de cuero entre las manos. Vestía un traje oscuro impecablemente planchado y, en cuanto levantó la vista, nuestras miradas se encontraron.

Lo reconocí de inmediato, era Eiden Reyes. El empresario con el que había coincidido dos atrás durante aquella reunión. Él también pareció detenerse apenas un segundo al verme allí. Sin embargo, recuperó enseguida aquella serenidad casi imposible que parecía acompañarlo siempre.

—Lamento interrumpir.

Su voz sonaba tan calmada como la recordaba, mi padre, sonrió con naturalidad.

—No te preocupes.—Después se volvió hacia mí. —Nae, creo que ya conoces a Eiden.

Asentí despacio mientras me ponía de pie por simple cortesía.

—Nos vimos hace unos días en una reunión de trabajo.

Él hizo una ligera inclinación de cabeza.

—Así es. Me alegra verla nuevamente, señora Sanz.

Respondí con una sonrisa tenue.

—Igualmente, señor Reyes.

Por alguna razón me sentí incómoda. No por él, sino porque no me gustaba que alguien ajeno presenciara el estado en el que me encontraba. Debía tener los ojos hinchados y el maquillaje completamente arruinado. Mi padre, pareció comprenderlo.

—Eiden venía a revisar unos documentos relacionados con un proyecto de la fundación.

Él levantó ligeramente la carpeta.

—No esperaba encontrar visita.

—Mi hija acaba de llegar.

Vi cómo Eiden dirigía una breve mirada hacia la maleta que permanecía junto a las escaleras. Fue apenas un instante, tan breve que cualquier otra persona probablemente no lo habría notado. Después volvió a mirarme con la misma cortesía de siempre.

—Espero que todo esté bien.

Estuve a punto de responder que sí. Era la costumbre. La mentira automática que tantas veces había utilizado para evitar explicaciones. Pero, después de todo lo ocurrido, ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo. Sonreí con una tristeza que ni yo misma pude ocultar.

—Estoy intentando que lo esté.—Dijo mi padre.

Eiden sostuvo mi mirada durante un breve instante antes de asentir con calma.

—Entonces le deseo, sinceramente, que lo consiga.

No había compasión en su voz, tampoco curiosidad, solo una serenidad extraña y, por alguna razón, esa ausencia de lástima fue mucho más reconfortante que cualquier palabra de consuelo.

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Isidra Marta Sánchez Ortiz
Que cruel
Estrella Reyes Reyes
👏👏👏Gran capitulo,me facino la actitud de ella,firmesa,dignidad,orgullo,ellos tenian que sentir verguenza,y esa cucaracha,tan orgullosa y era la amante👏👏👏
Flickr Mary Soly
Más capítulos
Myriam Hernandez
Excelente
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Espero este sea nuestro próximo ser amado y protagonista, me está encantando para ella!! 😍
Flickr Mary Soly
👏Estoy esperando más cañ. Muy bonito esta para leer
🌺🌵 Monny 🌵🌺
No te creo!! Si lo sintieras no la habrías lastimado 🤬
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Ayyy la amoooo!!! Así deberían ser muchas mujeres, salir con muchísima dignidad, si duele muchísimo, pero ante todo mucho amor propio y dignidad 👏🏻👏🏻👏🏻
Flickr Mary Soly
Más capítulos por que escriben bonito y luego no lo terminan
Crystal Suárez: Apenas empecé a publicarla ayer 😅 por eso solo tiene 8 capitulos, no te preocupes, la voy a terminar
total 1 replies
💖 la niña de tus ojos💖
bastante cruda pero por desgracia asi es la realidad cuando la costumbre se aloja en tu hogar todo cambia así que hay que sacarla a escobazos
😅😅😅😅😅
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