NovelToon NovelToon
Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:99.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3: La heredera que todos enterraron

El destino que Max no quiso nombrar resultó ser un edificio viejo en el centro, de esos con el zaguán despintado y el elevador descompuesto, donde me dejó en un departamento de una recámara que olía a humedad.

—Es mío —dijo el guardaespaldas al entregarme la llave, como si eso lo explicara todo. Y lo explicaba: hasta el techo bajo el que dormía era de Maximiliano Bracamonte. Una correa. Larga, pero correa.

No me quejé. Un techo es un techo, y yo venía de dormir en una litera con cuarenta mujeres. Lo que necesitaba no era comodidad. Era información. Y un teléfono.

El teléfono me lo consiguió al segundo día la señora de la tienda de la esquina, un aparato de segunda mano que le compré con lo poco que me devolvieron en la cárcel. Lo encendí, entré a internet por primera vez en tres años, y el mundo me recibió como recibe a los suyos: escupiéndome en la cara.

"La asesina de bebés vuelve a las calles."

Era yo. Una foto mía de hace años, en un evento de la empresa, vestida de edecán para una campaña —un trabajo digno, un favor que le hice a un conocido cuando estudiaba—, con una charola y una sonrisa de catálogo. Alguien la había desenterrado, le había puesto ese titular, y la había soltado en las redes como quien suelta a un perro. Ya tenía miles de compartidos. Abajo, los comentarios.

"Qué descaro salir a la calle."

"Ojalá se pudra."

"Con esa carita, seguro se lo buscó."

Leí hasta que se me revolvió el estómago, y después seguí leyendo, porque una tiene que saber contra qué está. Cerré el teléfono. Me sostuve la mano mala, que en esos días de frío se ponía torpe, y respiré.

Apunta, me dije. La que llora, pierde.

Y decidí ir a mi casa.

—————

La mansión de los Linares está en Lomas de Chapultepec, detrás de una barda alta y una reja negra que mi abuelo mandó poner el año que nací. Crecí ahí. Aprendí a andar en bici en esa cochera. Enterré a mi abuelo desde esa puerta.

Llegué a pie, porque no me alcanzaba para taxi, y lo primero que vi fue el letrero nuevo junto al timbre. Antes decía Familia Linares. Ahora decía Grupo Constructor R. Linares con un logo que yo no reconocía. Mi tío no solo se había quedado con la casa. Le había cambiado el nombre a la empresa de mi abuelo y le había puesto la inicial de él.

Toqué el timbre. Una, dos, tres veces.

Salió mi tía Marisol, con una bata de seda y una cara de sorpresa tan mal actuada que casi le aplaudo.

—¡Renata! —Se llevó la mano al pecho—. Ay, mija, pero mírate. Pobrecita. Qué… qué delgada. —Me miró la ropa, el pelo, y en los ojos se le prendió el asco por debajo de la lástima—. No sabíamos que ya… que ya te habían soltado.

—Es mi casa, tía —dije—. Vengo a entrar.

—Ay, no, no, no. —Movió las manos como espantando una mosca—. Tu casa. Renata, por Dios. Aquí ahorita vivimos nosotros. Y tú… tú tienes tus asuntos legales, tu situación, no queremos problemas. Entiéndeme.

Detrás de ella apareció Daniela, mi prima, con el teléfono en la mano, grabándome.

—Miren nada más —dijo, muerta de risa—. La exconvicta vino a pedir limosna. ¿Traes hambre, prima? ¿Te aviento un taco por la reja? —Levantó el teléfono—. Digan hola, esto va a explotar en las redes.

Podía habérselo arrancado. Tres años atrás me habría puesto a llorar, o a gritar, o a suplicar que me dejaran pasar. Pero la Renata que hacía esas cosas se murió en Guadalajara. Miré a Daniela a la cámara, sin una lágrima, y le sonreí apenas.

—Grábalo bien —dije—. Que se te va a hacer viral. Pero no como tú crees.

Se le borró la risa un segundo. No entendió. Mejor.

Fue entonces cuando la vi.

En una ventana del segundo piso, medio escondida detrás de la cortina, estaba doña Meche. El ama de llaves de toda mi vida, la que me daba de comer cuando mi mamá se olvidaba de que existía, la que me hizo el pastel de cada cumpleaños. Tenía los ojos llenos de lágrimas y una mano apretada contra la boca. No bajó. No dijo nada. En esa casa, ahora, una sirvienta que me abriera la puerta se quedaba sin trabajo esa misma noche, y las dos lo sabíamos. Le sostuve la mirada un segundo, para que supiera que yo entendía, y ella asintió apenas, como pidiendo perdón.

—Ya, Renata, vete —dijo mi tía, y empezó a cerrar el portón—. No nos hagas llamar a alguien.

Me hice a un lado. Y en eso, un señor mayor que salía de la casa de junto —un viejo socio de mi abuelo, el señor Pineda, lo reconocí de los almuerzos de domingo de cuando yo era niña— se detuvo al verme. Me miró largo, con una tristeza rara, y antes de subirse a su coche, se acercó lo suficiente para decírmelo en voz baja, casi sin mover los labios:

—El viejo dejó algo escrito, mija. Antes de morirse. Búscalo. —Miró hacia la casa, nervioso—. No dejes que se salgan con la suya.

Y se subió a su coche y se fue, antes de que yo alcanzara a preguntar nada.

¿Algo escrito? ¿Qué algo? Mi abuelo había muerto mientras yo estaba presa. No me dejaron ir al entierro. No supe de testamentos, de papeles, de nada. Me habían dicho —mi tío me lo había dicho, por carta, con una letra que goteaba falsedad— que el viejo se había ido sin dejar nada en orden, y que él, como hermano de mi padre, se hacía cargo de todo "por el bien de la familia".

Me quedé parada afuera de la reja hasta que se hizo de noche.

Adentro, las luces se fueron encendiendo una por una. Mi cuarto, el de la esquina, se prendió: ahora era de Daniela. Se oía música, risas, el ruido de una casa que sigue viviendo sin ti.

Yo, del otro lado de la reja de mi propia casa, empapada por segunda vez en tres días, no sentí ganas de llorar.

Sentí ganas de averiguar qué había escrito mi abuelo.

1
Nelly Gilon Banderas
esa si es una estupida como va ir a ver a una inversionista por unas bodegas abandonadas por la noche está si es una estupida Meda rabia ya leer esta no vela de verdad
Daniela Campos
está demasiado larga y no avanza nada lo dejo hasta acá
Nelly Gilon Banderas
bueno yo me preguntó dónde vive Renata en apartamento o en la mansión
Didi
¡¡ay no que horror como es posible que la protagonista perdone y se quedé con su verdugo!!
Mabel Quintana
yo también pido que no queden juntos 🙏 🙏 🙏 tiene que sufrir como ella a sufrido y sigue sufriendo
estela jimenez tabares
una historia que inicio bien, y mientras se desarrolla no me gustó que la protagonista olvidará todo el dolor que vivió y sobre todo con el hombre que la lastimo. respeto la escritora .
pero mi punto de vista es que las mujeres somos fuertes por naturaleza y que cuando nos dañan perdonamos pero no regresamos con quién nos daño.
Paloma
Gracias por tu tiempo e imaginación pero esta hija de la chingada se llevó el premio a la mas burra.
Paloma
Esta hija de su gran put... madre quedó con él vaya rastrera le gusta que le den buen duro faltó que la torturara 😠
Paloma
es una boluda de aquí a Pekín 😠
Paloma
por favor que no queden juntos 😭
Paloma
Mujer no trates a ese tarado déjalo que siga en su ignorancia😠
Becky Navarro
de verdad no entiendo la pendejez de max y renata a que chingados ba tanto que an echo y ahí sige le falta sustento a las tonterías de estos dos
Becky Navarro
de verdad no entiendo la pendejez de max y renata a que chingados ba tanto que an echo y ahí sige le falta sustento a las tonterías de estos dos
Cliente anónimo
Me quedé en el capítulo 70 para ver si cambiaba la trama pero no ma fui al final y ternurita terminaron juntos que asco de novela la novela se debió de llamar premio al masoquista
Cliente anónimo
Fue una novela que no tiene nada que ver con el título la protagonista hasta el final una estúpida sin dignidad ni valor propio y que podemos decir de Max no encuentro palabras de lo más ofensivas para calificarlo escritora estuvo del asco esta novela 🤮🤮🤮🤮🤮🤮 es tu espejo tanta estupidez?
Graciela Mauchiere
con tantos accidentes va terminar siendo un moustruo 🤣🤣🤣🤣
Cliente anónimo
No le cree pero lo escucha que, no le bastó todo lo que hizo la fractura de su mano los tres años de cárcel lo que le hicieron en la cárcel los tres accidentes que la mandaron al hospital aún quiere encontrarle el lado amable? Te pasas escritora tienes tache ❌ si al final quedan juntos es mejor vaque cada quien por su lado porque ella es estúpida y el un sicópata 🤢🤢🤢🤢🤢
Graciela Mauchiere
112 capitulis va x el 47 seguira asi?🙄🙄🙄🙄🙄
Graciela Mauchiere
digo el le masacro lamano y ahora?😶😶😶😶
Graciela Mauchiere
concuerdo con fristina alvarado..mas idiota nonouede ser
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play