Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤
Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.
Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.
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Capítulo 5: Nadie Me Detiene.
Dos días después, el panorama para Charlotte había cambiado drásticamente. El viaje desde el sur de Francia había sido un calvario de trenes económicos y horas de angustia, pero no había dado marcha atrás. Había dejado a sus padres al cuidado de su fiel amigo Leonard, teniendo que endeudarse hasta el cuello con prestamistas del pueblo para poder asegurarles la comida y las medicinas necesarias durante su ausencia. Cada centavo pesaba en su conciencia, pero la rabia y el deseo de justicia eran más fuertes.
Al bajar del tren, París la recibió con un golpe de realidad que casi la hace flaquear.
Charlotte nunca había estado en una gran metrópolis. Al mirar hacia arriba, rodeada de edificios imponentes, avenidas ruidosas y personas vestidas con ropas caras que caminaban de prisa sin mirarse a la cara, se sintió diminuta. Ella no tenía estudios superiores ni modales de la alta sociedad; era una mujer del campo, forjada en la dureza de la tierra y la mina. Todo ese lujo y modernidad la abrumaban, haciéndola sentir fuera de lugar con su ropa sencilla y gastada.
Sin embargo, el coraje de una hija desesperada no conoce de complejos. Con la dirección de la Corporación Collins anotada en un arrugado papel gracias a la ayuda de algunos obreros de la mina que la apoyaban en secreto, Charlotte cruzó la ciudad hasta plantarse frente al imponente rascacielos de cristal que llevaba el apellido del magnate.
Inhaló aire con fuerza, empujó las enormes puertas de vidrio y entró al vestíbulo.
El suelo de mármol pulido brillaba como un espejo. Charlotte caminó con paso firme hacia el gran mostrador de la recepción, llamando la atención de algunos ejecutivos que la miraban con desdén. Al llegar frente a la recepcionista, una mujer impecablemente peinada y vestida, Charlotte se aclaró la garganta.
—Buenos días —dijo, intentando que su voz no temblara—. Mi nombre es Charlotte Mousier. Vengo desde las minas del sur y necesito hablar urgentemente con el señor Dorian Collins.
La recepcionista, que estaba a punto de despacharla con una respuesta fría debido al aspecto humilde de la joven, levantó la mirada. Pero en cuanto sus ojos se posaron en el rostro de Charlotte, las palabras se le atoraron en la garganta.
La mujer se quedó completamente pálida, con la boca entreabierta y los ojos abiertos de par en par, congelada en su silla. Miraba a Charlotte como si estuviera viendo a un muerto regresar a la vida. El cabello rizado y rebelde que enmarcaba su rostro, las facciones decididas, y sobre todo, la intensidad de esos ojos verdes... El parecido con la difunta esposa de su jefe, la amada Anna Collins, era simplemente increíble. Era como ver un fantasma.
—¿Señorita? ¿Se encuentra bien? —preguntó Charlotte, confundida por la extraña y perturbadora reacción de la empleada.
La recepcionista parpadeó con fuerza, obligándose a salir del trance y a recuperar la postura. Pasó saliva, mirando con recelo a la joven que tenía enfrente; el parecido era aterrador, pero las ropas desgastadas y la actitud de Charlotte dejaban claro que no pertenecía al mundo de los Collins.
—Lo lamento mucho, señorita... Mousier —dijo la mujer, con la voz un tanto temblorosa mientras se acomodaba los papeles del escritorio—. El señor Collins es un hombre sumamente ocupado. No atiende a nadie sin una cita previa programada con meses de anticipación. No puedo ayudarla.
Charlotte apretó los dientes, sintiendo que la rabia que había contenido durante todo el viaje en tren comenzaba a desbordarse.
—Por favor, escúcheme —insistió Charlotte, inclinándose hacia el mostrador, con sus ojos verdes fijos en la empleada—. Vengo desde muy lejos. He dejado a mis padres enfermos y me he endeudado solo para llegar aquí. El encargado de su mina en el sur nos está robando y casi me... —se tragó las palabras del intento de abuso, sintiendo un nudo de indignación—. Solo necesito cinco minutos con el señor Collins. Es una cuestión de vida o muerte.
—Ya le dije que no es posible —respondió la recepcionista, recuperando su tono frío y condescendiente—. Tendrá que retirarse o me veré obligada a llamar al personal de seguridad.
Charlotte miró a la mujer, luego miró hacia el gran vestíbulo y las escaleras imponentes que conducían a los primeros niveles de oficinas. Pensó en Leonard cuidando a sus padres ancianos en el pueblo, pensó en el plato de comida que faltaba en su mesa y en el maldito rostro cínico de Bernard. Había llegado demasiado lejos como para regresar con las manos vacías por culpa de una secretaria estirada.
Sin decirle una sola palabra más, Charlotte dio media vuelta.
Antes de que la recepcionista pudiera reaccionar o pulsar el botón de alerta, Charlotte corrió hacia las escaleras, subiendo los escalones de mármol de dos en dos.
—¡Oiga! ¡Espere! ¡No puede subir ahí! ¡Seguridad! —comenzó a gritar la empleada desde abajo, desatando el pánico en el vestíbulo.
Charlotte ignoró los gritos y llegó al primer piso, un pasillo alfombrado y lujoso rodeado de oficinas con paredes de cristal donde decenas de ejecutivos en traje se detuvieron en seco para mirarla. La adrenalina le corría por las venas. Al ver que dos guardias uniformados aparecían al final del pasillo, Charlotte comenzó a avanzar a paso veloz, abriendo puertas al azar y alzando la voz con una fuerza que hizo eco en todo el lugar.
—¡Dorian Collins! —gritó, con la voz cargada de desesperación y valentía—. ¡Señor Collins! ¡Salga y escúcheme! ¡Dorian Collins!
Los empleados murmuraban escandalizados, mientras los guardias aceleraban el paso para atraparla. Charlotte esquivó a uno de ellos y corrió hacia el siguiente nivel, decidida a no detenerse hasta encontrar al hombre que sostenía el destino de su familia en la palma de su mano, sin imaginar el impacto que causaría su rostro cuando él finalmente saliera a enfrentarla.
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲