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¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

¡Auxilio! Mi profesor vive conmigo

Status: Terminada
Genre:Romance / Maestro-estudiante / Amor platónico / Completas
Popularitas:15k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina Torres acaba de graduarse, tiene veintidós años y necesita encontrar dónde vivir antes de que termine el día. La última persona de quien espera recibir ayuda es Martín Herrera, su antiguo profesor de literatura… y el hombre del que lleva enamorada en secreto desde que entró a la universidad.
La solución parece sencilla: compartir temporalmente el departamento 302 y respetar cinco reglas pegadas en el refrigerador.
Nada de invadir el espacio del otro.
Nada de confundir la convivencia con algo más.
Y, sobre todo, nada de enamorarse.
El problema es que Martín recuerda cada uno de sus gustos, cocina para ella cuando está cansada y guarda silencios que dicen mucho más que sus palabras. Mientras Valentina intenta ocultar lo que siente, una caja de madera cerrada con llave demuestra que quizá ella no sea la única que lleva años esperando.
Entre rumores universitarios, cenas improvisadas, secretos familiares y sentimientos imposibles de contener, ambos descubrirán que compartir un hogar es fácil. Lo difícil será fingir que sus corazones no llegaron allí mucho antes que ellos.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

...Valentina...

El auditorio estaba lleno.

Ochenta sillas, todas ocupadas. Gente de pie contra las paredes. La luz del proyector cortaba la penumbra y el aire olía a café recién hecho y a expectativa.

Yo estaba detrás de la mesa del staff, con mi portapapeles, mi blusa blanca planchada y una sonrisa profesional que me costaba un esfuerzo sobrehumano mantener. Porque en el escenario, bajo la luz focal, Martín Herrera Solís hablaba de poesía como si las palabras fueran objetos que podía tocar con las manos.

—La poesía no es un lujo —decía, con esa voz grave y pausada que llenaba cada rincón del auditorio—. Es una necesidad. Es lo que decimos cuando el lenguaje cotidiano se nos queda corto. Cuando queremos decir «te extraño» pero esas dos palabras no alcanzan. Cuando queremos decir «te quiero» pero el verbo «querer» es demasiado pequeño para lo que sentimos.

Ochenta personas contenían la respiración.

Yo también.

No porque el contenido fuera nuevo para mí —había asistido a sus clases durante cuatro años—, sino porque esta vez era diferente. Esta vez, cada palabra que salía de su boca me parecía dirigida a un público de una sola persona.

A mí.

«Cuando queremos decir 'te quiero' pero el verbo 'querer' es demasiado pequeño.»

Apreté el portapapeles contra el pecho.

La conferencia continuó. Él habló de Bécquer, de Neruda, de Sor Juana. Proyectó imágenes de manuscritos antiguos y leyó fragmentos con una cadencia que hacía que las sílabas sonaran como música. El público estaba hipnotizado.

Llegó el turno de preguntas. Varias manos se alzaron.

Una mujer de la tercera fila, cabello corto, sonrisa coqueta:

—Profesor Herrera, usted habla del amor en la poesía con mucha pasión. ¿Ya encontró a la persona que lo hace feliz?

Un murmullo recorrió la sala. Lorena, a mi lado, me dio un codazo juguetón.

Martín no se inmutó. Se ajustó los lentes. Y entonces su mirada cruzó el auditorio, pasó por encima de las filas de sillas, atravesó las cabezas del público y se posó exactamente en mí.

Dos segundos.

Dos segundos en los que el mundo entero desapareció y solo quedamos él y yo, separados por ochenta personas y cuatro años de silencio.

—Llevo esperando —dijo, sin apartar los ojos de donde yo estaba—. A alguien que me haga querer abrir la puerta de casa cada día.

El auditorio aplaudió. Alguien silbó. La mujer de la tercera fila suspiró audiblemente.

Yo me aferré al portapapeles como si fuera lo único que me mantenía de pie.

«Abrir la puerta de casa cada día.» La Opción C. Nuestra Opción C.

¿Acababa de decir eso mirándome a mí? ¿Frente a ochenta personas?

Lorena me susurró:

—Dios mío, ese hombre es una novela de Neruda con patas.

No pude responder. Estaba demasiado ocupada tratando de recordar cómo se respiraba.

La conferencia terminó con una ovación. Mientras el público se dispersaba, yo recogía los materiales con las manos temblorosas cuando una voz familiar me gritó desde la puerta.

—¡¿Vale?!

Me giré.

Mariana Ríos, mi mejor amiga desde la universidad, estaba en la entrada del auditorio con los ojos como platos.

—¡¿VALE?! ¿¡QUÉ HACES AQUÍ?! —Se abrió paso entre la gente como un huracán con tacones—. ¡No sabía que trabajabas en esta agencia! ¿Desde cuándo? ¿Y el Profesor Herrera? ¿Estás en su proyecto?

—Mari, baja la voz…

—¡No puedo bajar la voz! —Bajó la voz a un susurro que seguía siendo demasiado fuerte—. Vale, ¿viste cómo te miró cuando respondió esa pregunta? Toda la sala lo vio. Yo lo vi. Mi vecina de asiento lo vio. Probablemente Dios lo vio.

Se me congeló la sangre.

—No me miró a mí —mentí—. Miraba hacia el área del staff en general.

—Valentina Torres Medina, llevo cuatro años viéndote babear por ese hombre. Conozco tu cara de «el profesor me miró». Y esa fue tu cara de «el profesor me miró ANTE OCHENTA TESTIGOS».

No tenía argumentos. Mariana me conocía demasiado bien.

—¿Podemos hablar de esto después? —supliqué.

—Hoy, en mi casa, con helado. No acepto excusas.

Se fue como llegó: como un huracán. Yo me quedé entre las sillas vacías del auditorio, con el corazón desbocado y la certeza de que mi vida se estaba complicando a una velocidad alarmante.

Afuera, en la calle, lo vi antes de que él me viera.

Martín estaba hablando con dos asistentes que le pedían autógrafo. Cuando terminó, caminó hacia la salida. Hacia mí.

Y en ese instante, Mariana apareció por la esquina, riendo con otra persona.

El instinto me golpeó antes que la razón. Retrocedí medio paso. Un movimiento involuntario, casi imperceptible, para poner distancia entre él y yo. Para que nadie nos viera juntos.

Medio paso.

Eso fue todo.

Pero él lo captó.

Sus ojos registraron mi movimiento. La sonrisa mínima que llevaba en los labios se desvaneció, reemplazada por esa expresión impenetrable que usaba como armadura.

No dijo nada. Caminamos hasta el auto en silencio. El trayecto a casa fue callado, con la radio llenando el vacío.

En el 302, él dejó las llaves en la mesa y fue directamente a la cocina. Yo me senté en el sofá, tratando de fingir normalidad.

—Profesor, la conferencia fue increíble. De verdad, todos…

—Valentina.

Me callé. Su voz tenía un tono que no le conocía. No era frío. Era algo peor: era herido.

Se giró desde la cocina y me miró.

—¿Te resulta incómodo que tus conocidos nos vean juntos?

La pregunta me golpeó como un balde de agua fría.

—No, yo no…

—Retrocediste. Cuando viste a tu amiga, retrocediste medio paso. —Su voz era calmada. Perfectamente medida. Como si estuviera analizando un verso difícil—. No te estoy reprochando nada. Solo quiero entender.

No pude responder. Porque tenía razón. Retrocedí. Por miedo, por vergüenza, por esa vocecita cobarde en mi cabeza que decía «¿qué van a pensar?»

El silencio se extendió entre nosotros como una grieta en el hielo.

—Entiendo —dijo, finalmente. Y esa palabra, dicha con esa calma terrible, me dolió más que cualquier grito.

Se giró y caminó hacia su estudio. La puerta se cerró con un clic suave.

Me quedé sola en la sala.

El departamento estaba en silencio. Un silencio distinto al de las noches tranquilas. Un silencio con peso. Con filo.

Medio paso. Un movimiento de medio segundo que lo cambió todo.

Me tapé la cara con las manos y sentí las lágrimas calientes correr entre mis dedos.

¿Qué hice?

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1
Cristina Gomez
Gracias porque muy pocas veces me sorprende darme cuenta que sonrío mientras leo y está vez me pasó.
Vanessa Soto Garcia
que hermosa novela ☺️
Cristina Gomez
que hermosa novela,este el tipo de amor que todas buscamos y muy pocas logramos encontrar.
Vanessa Soto Garcia
😂😂😂😂😂😂
Helizahira Cohen
Es bonita, diferente pero se me hizo muy larga, la voy a terminar porque esta muy bien narrada
Helizahira Cohen
Es bonita pero muy lenta y veo que es larga
Helizahira Cohen
pero ya que avance
Helizahira Cohen
ya pueden hablar, no son profesor y alumna, ambos lo quieren
Alesi Mendiola
Que tierno un hombre que recuerde asta el mas mínimo detalle
Flor Perez: en donde encuentro un profesor así 🤭🤭🤭
total 1 replies
Sofy Solis
🥰🥰🥰 Qué lindo que es él!!!
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela hermosa un poquito larga pero muy hermosa espero sigas escribiendo tan hermoso muchas bendiciones y muchos éxitos más
Tere Jimenez
hermoso final felicidades
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