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Mi CEO Secreto: Cariño, No Me Hagas Llorar

Mi CEO Secreto: Cariño, No Me Hagas Llorar

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor prohibido / Completas
Popularitas:11.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MarOculto

Yael Yúnez tiene veinte años, cabello plateado, y un secreto que lo mantiene caminando en la cuerda floja: a los dieciocho se casó con su "hermano mayor", León Luján — el heredero que abandonó una fortuna familiar para estar con él.

Ahora León es el CEO de LX Capital, la firma de inversiones más temida de Ciudad del Valle. También es el nuevo patrono de UniValle, la universidad donde Yael estudia artes. Nadie sabe que el empresario de mirada glacial llega cada noche a casa a cocinarle pasta a un chico de pelo plateado que le pone apodos ridículos en WhatsApp.

Pero los secretos no duran para siempre.

Cuando una foto se viraliza, cuando los empleados de LX empiezan a murmurar sobre "la pareja del jefe", y cuando un hombre del pasado de León aparece con una obsesión peligrosa por Yael... el matrimonio oculto empieza a resquebrajarse.

Gonzalo Luján — hermanastro de León, vicepresidente del imperio que León rechazó — lleva años observando a Yael en silencio. Y ahora está decidido a tomar todo lo que León tiene: su empresa, su posición... y su esposo.

"Quiero que te divorcies de él."

"Señor Luján, la clínica psiquiátrica queda a dos cuadras. Todavía hay camas disponibles."

En medio del caos, Yael descubrirá la verdad que León siempre le ocultó: por qué se fue dos años, por qué nunca volvió a su familia, y qué fue exactamente lo que sacrificó — todo por un chico que ni siquiera sabía lo amado que era.

Contenido:
🔥 CEO posesivo que se derrite solo por su esposo
💍 Matrimonio secreto (¡ya están casados desde el capítulo 1!)
😭 "Te hago llorar pero después te consiento"
⚡ Villano obsesivo + drama familiar + plot twists
💕 Tres parejas, todas adorables
🌶️ Escenas subidas de tono (con mucho amor)

NovelToon tiene autorización de MarOculto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21

La alarma de León

—Pero si alguna vez te lastima, lo mato. Patrono o no.

Yael no debía sentirse conmovido por una amenaza de homicidio.

Se sintió.

—Lo anotaré en el contrato de amistad —dijo, con la voz más débil de lo que quería.

Quique chasqueó la lengua.

—No te pongas tierno. Sigo enojado.

—Sí.

—Mucho.

—Sí.

—Y quiero café después. Tú invitas.

—Eso ya es abuso.

—Dos años de intereses.

Luca levantó una mano.

—Yo pago mi parte de culpa.

—Tú pagas pan dulce —dijo Quique.

Félix abrió la libreta por fin.

—Voy a registrar este acuerdo.

—Si dibujas un contrato de amistad, te bloqueo —advirtió Yael.

—Sería un contrato visualmente fuerte.

La profesora volvió a entrar cuando el aire ya no parecía a punto de romperse. Miró las caras, hizo una evaluación rápida y decidió que nadie estaba sangrando ni rompiendo mobiliario.

—¿Podemos continuar?

—Sí, profe —respondió Yael.

Quique se sentó a dos lugares de él. No junto a él. No todavía. Pero tampoco salió del taller.

Eso bastó.

Cuando terminó la clase, Yael bajó al estacionamiento lateral con Luca caminando detrás como guardaespaldas arrepentido. Quique no lo acompañó. Solo le dijo:

—Me avisas qué van a hacer con la foto.

Yael asintió.

—Te aviso.

León estaba junto al carro negro, sin saco, camisa arremangada, el rostro serio de quien llevaba demasiado tiempo obedeciendo una orden que no le gustaba.

En cuanto vio a Yael, dio un paso.

Luego se detuvo.

Esperó.

Ese gesto, simple, le apretó algo a Yael en el pecho. León pudo cruzar el estacionamiento, abrazarlo, revisarlo frente a Luca y Simón y cualquier estudiante que pasara. No lo hizo.

Yael fue hacia él.

—Estoy bien.

León lo miró de arriba abajo.

—No.

—Estoy funcional.

—Eso es peor.

Yael soltó una risa cansada y se dejó rodear por sus brazos. Solo un segundo. El estacionamiento no estaba vacío, pero tampoco era el auditorio. Luca se dio la vuelta con exageración.

—Yo miro un árbol imaginario.

León apoyó una mano en la nuca de Yael.

—¿Quique?

—Sabe.

La mano de León se quedó quieta.

—¿Todo?

—Lo necesario. Que estamos casados. Que fue legal. Que no me obligaste. Que llevamos dos años.

León cerró los ojos un instante.

—¿Te lastimó?

—No. Le dolió.

León abrió los ojos.

Esa diferencia le llegó.

—Quiere saber qué haremos con la foto —dijo Yael—. Y pidió que no la hagas desaparecer de golpe.

Simón, que estaba a unos pasos, levantó apenas la mirada.

León soltó a Yael lo suficiente para verlo.

—Tiene razón.

Yael parpadeó.

—¿Acabas de decir que Quique tiene razón?

—No te acostumbres.

—Voy a imprimirlo.

—La cuenta no se toca por ahora —dijo León, volviendo al tema—. Rectoría publicará el resumen del fondo de artes, con fotos oficiales de varios estudiantes y profesores. Simón ya pidió que incluyan tu comentario sobre murales junto con otros cinco. La conversación cambia de "foto rara" a "beneficios del patronato".

Yael lo miró.

—¿Eso ya estaba listo?

—Desde antes de que salieras del taller.

Luca silbó.

—Mi hermano sí maneja el internet.

—No manejo internet. Manejo tiempos.

—Eso sonó más peligroso.

Yael sacó el celular y escribió a Quique:

Yael: "No van a borrar la foto. Rectoría subirá post oficial de artes para bajar el chisme sin hacerlo sospechoso."

Quique respondió después de un minuto.

Quique: "Bien. Sigo enojado."

Yael sonrió apenas.

Yael: "Ya sé."

Quique: "Pan dulce."

Yael: "Ya sé también."

Esa noche, en la residencia, el cansancio le cayó encima como cobija mojada. Doña Lidia preparó caldo, Tonto se hizo el muerto al ver que nadie le daba pollo, y León no dejó que Yael tocara su tarea hasta después de cenar.

—Tengo entregas —protestó Yael.

—Tienes ojeras.

—Son artísticas.

—Son mías para preocuparme.

Después de bañarse, Yael encontró a León sentado en la cama con su celular en la mano.

—¿Qué haces?

—Grabando.

—¿Grabando qué?

León le mostró la pantalla. La aplicación de alarmas estaba abierta.

Yael se acercó con sospecha.

—No.

—Sí.

—No voy a despertar con tu voz dándome órdenes.

—Ya despiertas con mi voz dándote órdenes.

—Pero en vivo. Es diferente.

León pulsó grabar y acercó el celular a su boca.

—Yael Yúnez, si no te levantas en cinco minutos, voy a subir por ti y no te va a gustar el castigo.

Yael se quedó helado.

—¡León!

León guardó la grabación con absoluta tranquilidad.

—Primera alarma.

—Bórrala.

—No.

—¡Eso no puede sonar en mi residencia!

—Entonces levántate antes de que suene.

Yael intentó quitarle el celular. León levantó el brazo, inalcanzable, y lo atrapó por la cintura con la otra mano.

—La segunda será más amable.

—No quiero segunda.

León volvió a grabar, esta vez con la voz más baja.

—Mi cielo, despierta. Si llegas tarde, vas a extrañarme todo el día.

Yael dejó de pelear por un segundo.

Error.

León lo notó.

—Esa se queda.

—Manipulador emocional.

—Efectivo.

Yael le arrebató por fin el celular cuando León bajó la guardia para cambiar el nombre de la alarma. Vio la lista y se quedó mudo.

"Amenaza suave."

"Amenaza seria."

"Mi cielo, despierta."

"Si no te levantas, castigo."

—¿Cuántas grabaste?

—Cuatro.

—¿En qué momento?

—Mientras te lavabas los dientes.

—Eso es vigilancia doméstica.

—Es prevención académica.

Yael abrió la grabadora con una dignidad ofendida.

—Ahora yo haré una.

León alzó una ceja.

—Adelante.

Yael pulsó grabar y acercó el celular a su boca.

—León Luján, si no dejas dormir a tu esposo, tu esposo va a cambiar tu contacto por algo humillante.

León lo miró.

—¿Tu esposo?

Yael se dio cuenta tarde de lo que había dicho. El rubor le subió al cuello.

—Es para fines técnicos.

—Repite.

—No.

León recuperó el celular y guardó la grabación.

—Esa también se queda.

—¡Era una amenaza!

—Me gustó la parte de esposo.

Yael se tapó la cara.

—Tierra, trágame, versión matrimonial.

León dejó el celular a un lado y lo atrajo sobre sus piernas. No había prisa en el gesto. Solo cansancio compartido, cama tibia, el mundo afuera intentando hacer ruido y ellos, por unos segundos, encerrados en algo que todavía era suyo.

—Mañana será más tranquilo —dijo León.

Yael levantó la cara.

—No prometas cosas que internet puede arruinar.

—Entonces prometo estar contigo.

Eso sí pudo creerlo.

—Y prometes no comprar la cuenta de confesiones.

León guardó silencio.

Yael levantó la cabeza de golpe.

—¡León!

—No dije que lo haría.

—Pensarlo también cuenta.

—Pensar no es delito.

—En ti debería serlo.

León le acarició la espalda.

—No la compraré.

—Ni mandarás abogados.

—Si no cruzan límites.

—León.

—No mandaré abogados por una foto y comentarios tontos.

Yael lo miró con sospecha.

—¿Qué harás si alguien cruza límites?

—Te lo diré antes.

Yael se relajó apenas.

Esa era la diferencia de esa noche. No era que León hubiera dejado de ser León. Era que, por primera vez desde que el secreto empezó a abrirse, Yael no estaba sosteniendo solo la explicación.

Yael escondió la cara contra su hombro.

—Te odio.

—No.

—Un poco.

—Tampoco.

El celular vibró en la mano de León con una notificación nueva.

La cuenta oficial de UniValle acababa de etiquetar a Yael en la nueva publicación oficial del fondo universitario de artes.

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