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Renacer Contigo

Renacer Contigo

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Autosuperación / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Un matrimonio nacido de un acuerdo silencioso parecía destinado a la distancia, hasta que una decisión amenazó con arrebatarles todo. Entre ruinas, lágrimas y un campo de tulipanes, David y Elena descubrirán que el amor verdadero no nace perfecto, sino que se construye cuando el mundo se desmorona. A veces, el invierno más frío de la vida es solo la antesala de un nuevo florecer. Esta es la historia de una promesa rota por el miedo, un diagnóstico que cambió sus destinos y un amor inquebrantable que, treinta años después, sigue respirando en el corazón de quienes más los aman.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7

 David

El vacío que se ha instalado en mi pecho es tan inmenso que me siento paralizado, incapaz de decidir mi próximo movimiento. La gente que se había mantenido a una distancia prudente durante los días anteriores, ahora comenzaba a acercarse para ofrecer sus condolencias.

Mi padre reunió el valor necesario para responder a cada palabra, mientras yo permanecía sumido en un silencio gélido, observando el entorno como si buscara desesperadamente algo en qué distraerme. Mis ojos se posaron en la mujer que estaba de pie junto a la puerta, observándome en silencio; podía notar el rastro del cansancio en sus facciones.

Ella estaba allí, cumpliendo su rol como esposa. Una promesa que, por mi bien, no podía romperse; estaba allí, honrando la última voluntad de mi madre. El dolor se expandió nuevamente en mi corazón, golpeándome con una verdad aterradora: ya nada es igual, y nada volverá a serlo. No pude evitar que las lágrimas fluyeran en silencio, sin apartar mis ojos de los suyos.

La vi acercarse lentamente. Su mano tomó la mía y se inclinó hasta quedar a mi altura.

—Déjalo salir —susurró, conteniendo sus propias lágrimas. Sus manos recorrieron mis mejillas, limpiando el rastro de mi pena—. Estoy aquí, puedes dejarlo salir. Mientras esté contigo, yo te sostendré. No tienes por qué aguantar esto solo.

La abracé con fuerza y me derrumbé. Ella no sabe el peso que carga, pero de verdad siento que es mi único refugio; ahora solo me queda ella.

Durante los dos días del velorio, el tiempo perdió su significado. Sentí que sufría más de lo soportable hasta que vi cómo su cuerpo desaparecía de mi vista bajo esa lápida que ahora llevaría su nombre. Caí de rodillas frente a la tumba; papá tuvo que sostenerse de Elena para no desplomarse conmigo. No podía, simplemente no podía dejar ir su recuerdo.

Permanecí allí durante horas, dejando que los recuerdos que ella me regaló pasaran frente a mis ojos como una película: una madre increíble, una mujer tan buena. *¿Por qué me la arrebataron así?*

No sé cuánto tiempo pasó. Solo recuerdo que Elena estaba a mi lado, sosteniendo una sombrilla para cubrirme de la lluvia incesante. No había nadie más que nosotros dos. Notaba que ella se estaba empapando, pero seguía allí, firme, a mi lado.

—Vamos a casa —dije, tratando de ponerme en pie con las piernas entumecidas.

Mamá no querría ver a mi esposa sufrir de esta manera por mi culpa. Esa idea me dio fuerzas para levantarme. Recordé sus palabras en el hospital: *«Debes ser un buen esposo, cuida de ella siempre. No dejes ir a una buena mujer por tu egoísmo; ella no te dejará solo, así que trata de que ella tampoco se sienta sola»*.

Elena me abrazó y me guio hasta el coche. Al entrar, el ambiente cálido me envolvió; ella sacó un abrigo del asiento trasero y lo puso sobre mis hombros. Encendió el motor y nos alejamos, dejando atrás el cuerpo de mi madre, pero llevándola perpetuamente en mi mente y mi corazón.

El ruido en la cocina me despertó. No sabía cuánto tiempo había dormido; hacía semanas que no conciliaba el sueño de esa manera. Miré el reloj: las ocho de la mañana. Me puse en pie con esfuerzo y me dirigí al baño, buscando ducharme.

Me quedé frente al espejo por un largo rato. Hacía meses que no me miraba realmente; ya no quedaba rastro del hombre atractivo que solía ser. Solo veía a un extraño con una barba de varios meses, ojeras profundas y el cabello largo y descuidado.

Habían pasado seis meses desde la muerte de mi madre. No había querido salir de mi habitación; mi padre, al menos, encontró refugio en su trabajo, pero yo solo podía encontrar consuelo en mi cama, sintiendo aún los ecos de la calidez que ella solía brindarme.

Después de ducharme y cambiarme, salí un momento hacia la cocina. Allí encontré a mi esposa: el cabello desordenado, la cara llena de harina y una expresión de frustración pura. La vi dejar en el lavadero una masa quemada.

—¡Renuncio! —dijo, dejando el delantal sobre la encimera.

—Tenga paciencia, pronto le saldrá bien —dijo la ama de llaves, contratada por mi madre antes de partir.

El recuerdo de mi madre volvió como una navaja en mi pecho. Me di la vuelta, dispuesto a regresar a mi habitación.

—Despertaste —dijo Elena, acercándose a mí—. Buenos días.

Me dedicó una sonrisa radiante, aunque sentí una punzada de tristeza al notar que el brillo no llegaba a sus ojos. Sabía perfectamente que ella seguía aquí solo por la promesa hecha a mi madre, y era tan egoísta que, aun así, no quería que se alejara de mí.

—Buenos días —respondí; mi voz sonó ronca y desafinada por la falta de uso.

—Vas a desayunar; te he preparado unos deliciosos panqueques —dijo, llevándome suavemente hacia la cocina. Su mano se sentía tan cálida, tan viva.

Me senté en silencio, observándola mientras terminaba de servir el desayuno.

—Están ricos. Doña Ana me ayudó a prepararlos. Tenía pensado hacerte un postre, pero, como ves, la cocina no es lo mío —dijo, limpiando los restos de harina de su ropa con una sonrisa forzada.

—Pruébalos —insistió, extendiendo un trozo frente a mi boca.

Me miraba como si fuera alguien que no sabe valerse por sí mismo; quizás esa era la impresión que yo daba. Acepté el bocado, aunque me costó tragarlo; por más que masticaba, el nudo en mi garganta no cedía. Ella me ofreció un vaso con jugo de naranja y lo bebí.

—¿Están ricos, verdad? —preguntó, mirándome con una ternura tan genuina que me dio tristeza tener que arruinarla.

—Sí —asentí, intentando comer otro bocado, esta vez un poco más fácil de pasar.

Con ella aquí, la casa se sentía menos sola, pero el vacío en mi interior persistía. El problema no era la soledad; el problema era que yo me negaba a llenar ese espacio. No quería continuar como si nada hubiera pasado; no quería dejar ir nunca el recuerdo de mi madre, ni siquiera para volver a vivir.

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Betty Saavedra Alvarado
Kiary mi sobrina Aitana tiene las paredes con sus rayones de colores son sus princesas no se los borramos llora ahora le pegamos papel sábana Cortita muy emotiva y familiar un final bello David y Elena juntos con sus traviesos retoños un abrazo desde mi Piura Perú
Kiary Valverde: 🤭🤭 mi hijo me rayo toda la pared 😭 me tocó volver a pintar 🤣😃🤣
total 1 replies
Lectora con visión 🥰
me ha encantado, es una historia muy buena, demasiado sentimental 💗😭
Lectora con visión 🥰
quiero más 👏👏👏👏
Lectora con visión 🥰
por qué yo no consigo hombres como este 😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo muy familiar Elena y David van a se padres
Betty Saavedra Alvarado
Ahora a luchar juntos saldrán adelante porque se aman
Betty Saavedra Alvarado
Elena David tiene que estar contigo luchar juntos el es tu esposo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo muy bello y amoroso
Betty Saavedra Alvarado
Elena y David desean estar juntos se extrañan
Betty Saavedra Alvarado
David tienes que asumir tus responsabilidades
Betty Saavedra Alvarado
David Elena después del regreso del viaje a conversar para volver a casarse y vivir juntos
Betty Saavedra Alvarado
Una boda un comienzo de una nueva vida
Betty Saavedra Alvarado
Elena dijiste no ahora sí te gusta David
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
David tienes que ser fuerte mamá pronto partirá
Betty Saavedra Alvarado
Mi madre partió un Lunes 18 de Mayo fue de repente que cerró sus ojos ella se llevó un pedacito de mi corazón la extraño mucho
Kiary Valverde: un abrazo desde la distancia🫂
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
David la vida sigue Elena es más fuerte que tú
Betty Saavedra Alvarado
David eres un cobarde todos perdemos a nuestras madres y seguimos adelante
Betty Saavedra Alvarado
Elena tu lo amas David nada de nada
Betty Saavedra Alvarado
David Elena te ama y tú le pides el divorcio
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