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SERAS MIA

SERAS MIA

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO / Mafia
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: El laboratorio Helios

La puerta de acero terminó de abrirse.

Un aire frío salió desde el interior del laboratorio.

Nadie se movió.

La voz que acababan de escuchar todavía resonaba por el túnel.

—Bienvenidos a casa... Volkov.

Emma se aferró a la mano de Victoria.

—Mamá...

¿Quién está ahí?

Victoria no respondió.

Su rostro había perdido todo el color.

Adrián la miró.

—¿Conocés esa voz?

Victoria tardó unos segundos.

—Sí.

La conozco.

Y pensé que jamás volvería a escucharla.

Petrov levantó su arma.

—¿Quién es?

Victoria respiró profundamente.

—El doctor Samuel Armand.

Adrián frunció el ceño.

—¿Un científico?

—Era el director de Helios.

Y el hombre que trabajaba directamente con mi padre.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Qué hacía?

Victoria la miró.

—Investigaba el Proyecto Legado.

Antes de que pudiera explicar más, una figura apareció en la entrada.

Era un hombre de unos sesenta años, cabello completamente blanco y gafas oscuras.

Vestía una bata gris.

No llevaba armas.

Solo una carpeta bajo el brazo.

—Victoria...

—Samuel.

El hombre sonrió.

—Después de tantos años.

Creí que nunca volverías.

Victoria dio un paso adelante.

—¿Dónde está Alexander?

Samuel no respondió inmediatamente.

Miró a Emma.

Su expresión cambió.

—Entonces ella es Emilia.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Cómo sabe quién soy?

—Porque te conocí cuando eras una niña.

Ella quedó paralizada.

—¿Usted...?

Samuel asintió.

—Yo estaba allí la noche en que todo comenzó.

Adrián se colocó delante de Emma.

—Aléjate de ella.

Samuel levantó las manos.

—No quiero hacerle daño.

Si hubiera querido hacerlo, no habría abierto la puerta.

Adrián no bajó el arma.

—Entonces empezá a hablar.

Samuel miró a Victoria.

—¿Nunca le contaste?

Ella negó lentamente.

—Nunca tuve oportunidad.

—Han pasado veinte años.

—Intentaba protegerla.

Samuel suspiró.

—Y mientras tanto, otros utilizaron su silencio para continuar el proyecto.

Emma dio un paso adelante.

—¿Qué proyecto?

Samuel la observó durante unos segundos.

—El Proyecto Legado no fue creado para convertirte en heredera de una fortuna.

Fue creado para asegurarse de que el poder de la familia Volkov pudiera sobrevivir a cualquier generación.

Emma frunció el ceño.

—No entiendo.

Samuel abrió la carpeta.

Dentro había fotografías antiguas, documentos médicos y árboles genealógicos.

—Tu familia descubrió hace décadas que ciertas decisiones económicas, propiedades y acciones podían quedar protegidas mediante un sistema de sucesión secreto.

Adrián miró los documentos.

—¿Un sistema de sucesión?

—Mucho más complejo.

El verdadero patrimonio Volkov no está registrado completamente a nombre de la empresa.

Una parte se encuentra bajo una estructura privada que solo puede activarse mediante un heredero específico.

Emma miró a su madre.

—Yo.

Victoria asintió.

—Vos.

Samuel continuó.

—Cuando naciste, todo cambió.

Tu padre decidió que algún día serías la responsable de ese legado.

Pero Alekséi quería controlarlo.

Y ahí comenzó la guerra.

Emma se acercó lentamente a una de las fotografías.

Era ella cuando tenía apenas cinco años.

Estaba sentada en una mesa rodeada de adultos.

Entre ellos reconoció a Samuel.

—¿Por qué me fotografiaron?

Samuel bajó la mirada.

—Porque tu padre quería dejar constancia de todo.

—¿Y por qué me separaron de ellos?

El hombre guardó silencio.

Victoria tomó la mano de su hija.

—Porque descubrimos que alguien dentro de la familia estaba planeando tu desaparición.

—¿Alekséi?

—Pensamos que era él.

Samuel negó.

—Alekséi participó.

Pero no fue quien comenzó todo.

Adrián sintió que aquella frase confirmaba lo que habían leído.

—Entonces, ¿quién?

Samuel cerró la carpeta.

—Todavía no puedo decirlo.

—¿Por qué?

—Porque esa persona está más cerca de ustedes de lo que imaginan.

Viktor levantó el arma.

—¿Está dentro de la mansión?

Samuel negó.

—No.

Está dentro de su círculo de confianza.

Emma sintió un escalofrío.

Miró a Adrián.

Después a Viktor.

Y finalmente a Petrov.

De repente todos parecían sospechosos.

Un ruido metálico interrumpió la conversación.

Samuel levantó la cabeza.

—Llegaron.

—¿Quiénes? —preguntó Adrián.

Samuel miró hacia el túnel.

—Los hombres de Alekséi.

Petrov reaccionó de inmediato.

—¿Cómo encontraron la entrada?

Samuel sonrió con tristeza.

—Porque alguien les indicó el camino.

Las luces del laboratorio comenzaron a apagarse una por una.

Viktor gritó:

—¡Todos atrás!

Los primeros disparos atravesaron el túnel.

Los escoltas respondieron.

Victoria tomó a Emma y la llevó hacia una habitación lateral.

Adrián las siguió.

—¡Por acá!

Samuel corrió hasta una consola y activó varias puertas automáticas.

—¡Tenemos que llegar al nivel inferior!

—¿Qué hay abajo? —preguntó Adrián.

Samuel respondió sin detenerse:

—La única cosa que Alekséi lleva veinte años buscando.

Bajaron por una escalera metálica.

Cada paso resonaba en el enorme laboratorio.

Emma miraba las paredes.

Había fotografías antiguas, diagramas y nombres escritos en placas.

Entonces se detuvo.

En una de las paredes había una fotografía que reconoció inmediatamente.

Ella.

Adrián.

Y una tercera persona.

Un niño.

Emma se acercó.

—¿Quién es él?

Samuel se quedó inmóvil.

Victoria también.

Adrián observó la imagen.

—¿Por qué estamos nosotros tres?

Samuel cerró los ojos.

—Porque él fue parte del Proyecto Legado desde el principio.

Emma señaló al niño.

—¿Quién es?

Samuel tardó varios segundos en responder.

Finalmente dijo:

—Su nombre era Daniel.

Y desapareció la misma noche que vos.

Adrián quedó paralizado.

—¿Qué acabás de decir?

Samuel miró directamente a Emma.

—La noche del secuestro...

No intentaron llevarse a una sola persona.

Intentaron llevarse a tres.

Emma sintió que el corazón se le detenía.

—¿Quién era el tercero?

Samuel no respondió.

Porque, detrás de ellos, una voz conocida habló desde la oscuridad.

—Yo puedo responder esa pregunta.

Todos se dieron vuelta.

Damián estaba de pie al final de la escalera.

Pero esta vez no estaba herido.

Y tampoco estaba solo.

A su lado había un hombre joven.

Emma lo miró fijamente.

No sabía quién era.

Pero Adrián sí.

Su rostro perdió el color.

—No...

No puede ser.

El joven sonrió.

—Hola, primo.

Emma miró al joven sin comprender.

Adrián, en cambio, parecía haber visto un fantasma.

—¿Daniel...? —murmuró.

El muchacho sonrió.

—Pensé que nunca me reconocerías.

Adrián dio un paso hacia él.

—Te vi desaparecer.

Tenías ocho años.

—Y vos tenías diez.

—Te buscamos durante semanas.

—Lo sé.

La respuesta dejó a Adrián sin palabras.

Emma miró a Victoria.

—Mamá...

¿Quién es él?

Victoria estaba completamente pálida.

—Daniel era hijo de mi hermano mayor.

Tu primo.

Emma volvió a mirar al joven.

—Entonces...

¿También sos un Volkov?

—Sí.

Y durante veinte años todos creyeron que estaba muerto.

Damián permanecía detrás de Daniel.

Emma lo miró con desconfianza.

—¿Vos sabías que estaba vivo?

Damián asintió.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace varios años.

Emma sintió que la rabia comenzaba a crecer.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—No podía.

Daniel intervino.

—No fue decisión suya.

Yo necesitaba permanecer oculto.

Si Alekséi descubría que seguía vivo, me habría utilizado para llegar hasta vos.

Adrián frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué aparecés ahora?

Daniel miró a Samuel.

—Porque el Proyecto Legado está a punto de activarse.

El doctor bajó la mirada.

—Eso es exactamente lo que intentaba evitar.

Emma se acercó.

—Dejen de hablar como si yo fuera un objeto.

Quiero saber qué está pasando.

Daniel la observó durante unos segundos.

—Tenés razón.

Y merecés conocer toda la verdad.

Daniel caminó hasta una antigua consola.

Presionó un botón.

Las paredes del laboratorio comenzaron a iluminarse.

Una enorme pantalla apareció frente a ellos.

En ella se mostró un árbol genealógico de la familia Volkov.

Varias ramas estaban marcadas en rojo.

—Durante generaciones —explicó Daniel—, nuestra familia protegió un patrimonio que no aparece en los registros públicos.

No era solamente dinero.

Eran propiedades, acciones, documentos y secretos empresariales que podían cambiar completamente el equilibrio de poder dentro del grupo.

Adrián cruzó los brazos.

—¿Y el Proyecto Legado?

Daniel señaló la pantalla.

—Fue creado para decidir quién tendría acceso a todo eso.

Emma frunció el ceño.

—¿Y por qué yo?

—Porque tu padre te eligió como heredera.

Victoria intervino.

—Pero no quería que heredases solo la riqueza.

Quería que pudieras reconstruir la familia.

Emma negó con la cabeza.

—No entiendo.

Daniel la miró directamente.

—Porque el verdadero legado no es el dinero.

Es una prueba.

Una prueba capaz de demostrar quién traicionó a la familia hace veinte años.

El silencio cayó sobre todos.

De repente, un estruendo sacudió el laboratorio.

¡BOOM!

Las paredes temblaron.

Samuel corrió hacia la consola.

—¡Entraron!

Viktor desenfundó su arma.

—¿Cuántos?

—Demasiados.

Las puertas del laboratorio comenzaron a cerrarse.

Daniel miró a Damián.

—Tenemos que irnos.

—Todavía no.

Damián señaló a Emma.

—Ella viene conmigo.

Adrián dio un paso al frente.

—No.

Damián lo enfrentó.

—Si querés mantenerla viva, vas a tener que confiar en mí.

—Después de todas tus mentiras...

—No te estoy pidiendo que me perdones.

Solo que confíes en mí durante cinco minutos.

Adrián dudó.

Emma intervino.

—Voy con ustedes.

Adrián la miró.

—Emma...

—Toda mi vida otros decidieron por mí.

Esta vez quiero elegir yo.

Adrián terminó asintiendo.

—Entonces no te separás de mí.

El grupo comenzó a avanzar por un corredor subterráneo.

Los disparos se escuchaban cada vez más cerca.

Samuel iba adelante.

Daniel detrás.

Damián y Adrián protegían a Emma.

Victoria y Petrov cerraban el grupo.

De repente, Samuel se detuvo.

—Llegamos.

Frente a ellos había una enorme puerta circular.

En el centro aparecía el símbolo del lobo y la estrella.

Emma sintió un fuerte dolor de cabeza.

—La conozco...

Ya estuve aquí.

Victoria se acercó.

—No.

Nunca estuviste en esta habitación.

Emma cerró los ojos.

—Sí.

Lo recuerdo.

Era una niña.

Había una mesa.

Tres niños.

Yo...

Adrián...

Y Daniel.

Daniel bajó la mirada.

—Entonces finalmente está regresando todo.

La puerta se abrió.

Dentro había una habitación completamente blanca.

En el centro había tres pequeños compartimentos.

Cada uno tenía un nombre.

EMILIA.

ADRIÁN.

DANIEL.

Emma se quedó sin palabras.

—¿Qué significa esto?

Samuel respondió:

—El Proyecto Legado comenzó cuando ustedes eran niños.

Sus padres querían asegurarse de que los tres pudieran recuperar la verdad algún día.

Adrián observó su nombre.

—¿Y qué hay dentro?

Samuel señaló los compartimentos.

—Lo que cada uno de ustedes necesita para recordar.

Emma se acercó al suyo.

Colocó la mano sobre la superficie.

La puerta se abrió automáticamente.

Dentro había una pequeña caja de música.

Emma la reconoció.

Era la misma que tenía durante su infancia.

La tomó.

La melodía comenzó a sonar.

Y entonces recordó.

No una imagen.

No una voz.

Sino una conversación completa.

Ella tenía cinco años.

Su padre hablaba con alguien.

"Si algo nos ocurre, solo ellos tres podrán descubrir la verdad."

Una segunda voz respondió:

"¿Y quién va a protegerlos?"

La voz de su padre respondió:

"La persona que menos sospechen."

Emma abrió los ojos.

Miró lentamente a todos los presentes.

—Ya sé quién es.

Adrián se acercó.

—¿Quién?

Emma levantó la mirada.

Pero antes de responder, las puertas del laboratorio se cerraron de golpe.

Las luces se apagaron.

Una pantalla se encendió frente a ellos.

Apareció el rostro de Alekséi.

—Felicitaciones, Emilia.

Finalmente recordaste la primera parte.

Pero hay algo que todavía no sabés.

Daniel no desapareció por culpa mía.

Adrián dio un paso hacia la pantalla.

—¿Entonces quién lo hizo?

Alekséi sonrió.

—La misma persona que ha estado protegiéndolos durante veinte años.

La transmisión se cortó.

Emma miró lentamente a Petrov.

El viejo guardia permanecía inmóvil.

Y por primera vez...

Parecía tener miedo.

Continuará...

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Laura Castañon
como que clase de regalo
Laura Castañon
continuenla👏 porfis esta bien bonita
Laura Castañon: muchísimo
total 1 replies
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