Es una historia sobre el poder más supremo del universo: la capacidad de ELEGIR tu propio destino, incluso cuando te enfrentas a ciclos kármicos milenarios.
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CAPÍTULO 21: EL SECRETO DE ETHAN
Aria sabía que había algo más.
Llevaba tres semanas en paz genuina, pero había comenzado a notar pequeños detalles que no encajaban. Ethan se despertaba algunas noches gritando. No gritos de pesadillas comunes. Eran gritos de alguien quien estaba re-experimentando algo verdaderamente traumático.
Una noche, después de despertar a Aria con uno de sus gritos, ella simplemente preguntó: "Cuéntame."
Ethan estaba sentado en el borde de la cama, su cuerpo temblando. Aria se sentó detrás de él y lo abrazó desde atrás, esperando.
"En una de las vidas," comenzó Ethan, su voz apenas un susurro, "estaba esperándote. Pero Marcus te encontró primero. Y te llevó lejos. A un lugar donde no podía seguirte. Estuve buscándote durante treinta años. Treinta años. Y cuando finalmente te encontré... estabas diferente. No reconociste quién eras. No me reconociste a mí. Habías sido roto tan completamente que ni siquiera la parte de ti que recordaba vidas pasadas pudo sobrevivir."
Aria sintió su corazón romerse por él.
"¿Entonces qué pasó?" preguntó suavemente.
"Entonces," continuó Ethan, "tuve que dejar ir. Tuve que verme a mí mismo como la razón de tu sufrimiento, incluso aunque no era mi culpa. Porque en tu mente, yo representaba todas esas vidas anteriores. Representaba la maldición de la reencarnación. Representaba el ciclo que no podías romper."
"¿Cómo pudiste permitir que me fuera?" preguntó Aria.
"Porque," respondió Ethan, girándose para mirarla, "te amo lo suficiente para entender que a veces el amor significa soltar. Significaba que te dejara en paz. Que esperara otra vida. Que tuviera fe de que eventualmente volveríamos a encontrarnos cuando ambos estuviéramos más fuertes."
Aria lo sostuvo durante horas. No había palabras. Solo el peso de haber vivido miles de años de ciclos rotos.
Cuando finalmente se levantaron a la mañana siguiente, Aria hizo algo que Ethan no esperaba. Preparó desayuno. Huevos, tostadas, café. Y luego lo miró y dijo: "Quiero saber todo."
"¿Qué quieres decir con 'todo'?" preguntó Ethan.
"Quiero que me cuentes cada vida que recuerdas. No los fragmentos. Las historias completas. Porque si vamos a hacer esto—si vamos a estar juntos, sabiendo lo que sabemos—entonces necesito entender completamente quién eres. Y la única forma de hacer eso es si me permitieras adentrarme en tu pasado."
Ethan se quedó mirándola durante un largo momento.
"¿Incluso si es doloroso?" preguntó.
"Especialmente si es doloroso," respondió Aria. "Porque tu dolor es importante. Y si vamos a ser socios—no solo amantes, sino socios—entonces necesito ser alguien en quien puedas descargar eso. Totalmente."
Así comenzó una nueva fase de su relación.
Cada noche, después del trabajo, Ethan se sentaría y comenzaría a contar. No una vida por noche—algunas vidas tomaban semanas, reconstruidas pieza por pieza. Pero gradualmente, Aria obtuvo el cuadro completo.
Ethan había nacido en lo que ahora era Turquía, en algún momento alrededor del 1700s. Recordaba vagamente el comienzo, pero lo que recordaba claramente era el momento en que se dio cuenta de que estaba recordando. Una noche, mientras caminaba por una ciudad, vio a una mujer. Aria. Y supo, sin sombra de duda, que la conocía. Que la conocía de una forma que iba más allá de esta vida.
Ella no lo reconoció. Estaba con Marcus, quien en esa vida era un comerciante rico. Ethan observó desde la distancia mientras ellos pasaban. Y en ese instante, comprendió la verdad cósmica de su existencia: estaba atrapado en un ciclo de observar a la mujer que amaba ser devastada por el hombre que la controlaba, sin la capacidad de intervenir.
"¿Por qué no interveniste?" preguntó Aria cuando Ethan llegó a esa parte.
"Porque," respondió Ethan, "aprendí rápidamente que intervenir hacía que todo fuera peor. Si intentaba competir con él, él la alejaba más. Si intentaba ser un amigo, ella sospechaba que tenía motivos ocultos. Si intentaba ser un extraño que simplemente aparecía en su vida... bueno, eso era aún más confuso."
"Así que simplemente observaste," dijo Aria, y no fue una pregunta.
"Simplemente observé," confirmó Ethan. "Durante cientos de años, simplemente observé. Esperé el momento correcto. Esperé a que ella estuviera lo suficientemente fuerte. Esperé a que Marcus la liberara de alguna forma. Esperé."
Lo que Aria no esperaba fue cómo esto la haría sentir. No se sentía como invasión. Se sentía como... cuidado. Se sentía como si alguien la hubiera visto, completamente, a través de toda su oscuridad, y hubiera elegido estar presente de todas formas.
"¿Cómo sabes que esta vez es diferente?" preguntó Aria después de que Ethan terminó de contar sobre las vidas más recientes.
"Porque," respondió Ethan, "en esta vida, me permitiste elegir. No me presionaste. No demandaste que fuera lo que querías. Simplemente... permitiste que existiera. Y eso cambió todo. Porque por primera vez, pude verte no como alguien a quien salvar, sino como alguien que me salvó a mí, simplemente al permitir que amara en una forma que no fuera posesiva."
Aria lloró esa noche. Lloró porque finalmente comprendió la magnitud de lo que Ethan había sacrificado. Lloró porque entendió que el amor verdadero no es sobre tener. Es sobre estar presente. Es sobre ver a alguien completamente y elegir amarlos de todas formas.
Esa noche, Aria hizo una promesa.
"Vamos a romper este ciclo," dijo. "Completamente. De una forma que ninguna reencarnación futura pueda volver a dañar. Vamos a estar tan presentes, tan auténticamente juntos, que cuando llegue el final de esta vida, no necesitaremos otra."
Ethan la miró con algo que parecía casi... esperanza.
"¿Realmente lo crees?" preguntó.
"Absolutamente," respondió Aria. "Porque esta vez, ambos estamos eligiendo. Ambos estamos conscientes. Ambos estamos comprometidos. Y eso lo cambia todo.