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Capítulo 4. Un aroma imposible
Los jardines de la mansión Evermoon eran famosos en todo Astravia.
Senderos de piedra blanca serpenteaban entre rosales en flor, fuentes de mármol y enormes árboles cuyas hojas plateadas brillaban bajo la luz del sol.
Lyra caminaba sin un destino fijo.
Necesitaba despejar su mente.
En apenas un día había descubierto que había muerto, reencarnado en el cuerpo de otra joven y que el hombre más temido del continente había enloquecido tras encontrar su cadáver.
Era demasiado para asimilar.
Se detuvo frente a un estanque cubierto de lirios.
El agua reflejaba el rostro de Lyra, pero en el fondo de su corazón seguía sintiéndose Elria.
—¿Quién eres ahora...? —susurró para sí misma.
El viento respondió moviendo suavemente las flores.
A cientos de kilómetros de allí, en el Palacio Negro de la Corte Oscura, Conrad permanecía de pie frente a uno de los enormes ventanales.
Su mirada dorada estaba perdida en el horizonte.
Desde aquella noche no había vuelto a dormir.
No existía un solo instante en el que la imagen de aquella joven muriendo entre sus brazos abandonara su mente.
Había buscado hechizos prohibidos.
Consultado antiguos oráculos.
Interrogado a espíritus ancestrales.
Nada.
Todos le daban la misma respuesta.
Su vinculada estaba muerta.
Entonces...
Algo ocurrió.
Conrad levantó lentamente la cabeza.
El aire cambió.
Un aroma dulce y delicado atravesó el viento.
Era tan débil que cualquier otro habría pensado que era una simple ilusión.
Pero él no.
Sus pupilas se contrajeron.
Su corazón golpeó con fuerza contra su pecho.
—...No...
Inspiró una vez más.
Ese perfume.
Jamás podría olvidarlo.
Era la esencia de su vinculada.
Había desaparecido el día de su muerte...
...y ahora acababa de regresar.
Los sirvientes observaron con sorpresa cómo el temido Rey de la Corte Oscura sonreía por primera vez desde aquella tragedia.
Una sonrisa peligrosa.
Llena de esperanza.
Llena de obsesión.
—Estás viva...
Su voz apenas fue un susurro.
—No sé dónde estás...
Los ojos dorados brillaron con una intensidad aterradora.
—...pero voy a encontrarte.
Y nadie volverá a arrebatártela.
—Señorita Lyra.
La voz de una criada la sacó de sus pensamientos.
—Su padre la espera en el pabellón principal. Ha llegado un importante invitado.
Lyra acomodó su vestido y caminó hacia la elegante terraza donde el duque Evermoon conversaba con varios nobles.
Al verla llegar, el duque sonrió satisfecho.
—Justo a tiempo.
Frente a él se encontraba un joven de impecable uniforme blanco adornado con hilos dorados.
Su cabello rubio caía cuidadosamente sobre su frente y sus ojos azules desprendían una confianza casi arrogante.
En cuanto la vio, le dedicó una sonrisa ensayada.
—Lady Lyra.
El duque habló con orgullo.
—Permíteme presentarte oficialmente a Su Alteza, el príncipe heredero Cassian.
Lyra hizo una impecable reverencia.
—Es un honor conocer a Su Alteza.
El príncipe tomó una de sus manos y depositó un beso sobre sus dedos.
—El honor es mío. Había escuchado que la joya de Astravia era hermosa, pero los rumores se quedaron cortos.
Lyra sintió un escalofrío.
No por timidez.
Sino por desagrado.
Había algo en aquella sonrisa.
Algo falso.
Algo que le recordaba demasiado al hombre que, en su vida pasada, le había prometido amor antes de clavarle una espada en el pecho.
Con delicadeza retiró su mano.
—Su Alteza es muy amable.
Pero en su interior solo podía pensar una cosa.
«No confío en ti.»
Y, sin saberlo, el destino acababa de poner frente a ella a otro hombre dispuesto a cambiar el rumbo de su nueva vida... mientras, en algún lugar del continente, Conrad ya había comenzado la cacería de la única mujer que podía calmar la oscuridad de su alma.