Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Doctor 2
El doctor terminó de guardar cuidadosamente sus cosas dentro de su maletín.
Jean permanecía de pie junto a la cama.
Su expresión era tan seria que el médico comprendió que cada una de sus siguientes palabras sería tomada al pie de la letra.
—Doctor.
El anciano levantó la vista.
—Sí, su excelencia.
—¿Qué recomienda hacer primero?
No había duda.
No era una pregunta por cortesía.
Era una orden implícita para elaborar un plan.
El médico comenzó a enumerar las prioridades.
—Lo primero será asegurar una alimentación adecuada. Cinco comidas pequeñas al día serán mejores que dos muy abundantes. Necesitará descansar lo suficiente. Evitar las preocupaciones innecesarias. No realizar esfuerzos físicos importantes. Y me gustaría revisarla cada semana, durante este primer mes.
Jean asintió una por una.
Memorizando cada indicación.
—También sería conveniente controlar regularmente el desarrollo del pulso mágico del bebé.
El duque volvió a asentir.
Solo entonces Davina habló.
—Doctor...
El anciano la miró con amabilidad.
—¿Sí, lady Davina?
Ella dudó unos segundos.
—¿Podría viajar?
Jean giró inmediatamente la cabeza hacia ella.
El médico permaneció pensativo.
—¿Qué tipo de viaje?
—Solo hasta la mansión Evans. No está excesivamente lejos. Quiero hablar con mi padre.
Davina bajó la mirada.
—No porque no quiera cuidarme. Al contrario. Pero...
Respiró profundamente.
—Siento que le debo una explicación.
Su voz comenzó a suavizarse.
—En los recuerdos que vi... La antigua Davina simplemente desapareció. Se marchó sin decir nada. Su padre nunca supo lo que ocurría. Solo... Recibió la noticia de su muerte.
El silencio volvió a instalarse en la habitación.
—No quiero repetir eso. Quiero mirarlo a los ojos. Explicarle que voy a casarme. Que tendrá un nieto. Que estoy bien.
El doctor no entendio mucho de lo que ella hablaba, pero con los nobles importantes era mejor eso. Aun asi, antes de que el médico pudiera responder...
Jean habló.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Davina ya esperaba aquella reacción.
Suspiró.
—Duque...
—No saldrá de esta mansión.
Ella abrió la boca para discutir.
Pero se detuvo.
Miró al duque.
Luego recordó todo lo que acababan de decirle sobre el bebé.
Y lentamente bajó la guardia.
Asintió despacio.
—Está bien.
Jean pareció relajarse apenas un poco.
Entonces Davina volvió a hablar.
—En ese caso...
Le pido otra cosa.
El duque la observó.
—Traiga a mi padre.
Silencio.
—Si yo no puedo ir... Entonces tráigalo aquí.
Solo quiero explicarle personalmente lo que está ocurriendo.
Jean permaneció unos segundos pensativo.
Finalmente respondió.
—Eso sí puede hacerse.
Davina sonrió por primera vez desde que había comenzado aquella larga conversación.
—Gracias.
El doctor observó aquella escena con satisfacción.
Después volvió a intervenir.
—Su excelencia. Todavía hay dos cosas más que recomendaría.
Jean volvió a centrar toda su atención en él.
—Lo escucho.
—Sería conveniente enviar un mensaje al Gran Templo.
Davina levantó la vista.
El médico continuó.
—Necesitan un mago que haya tratado embarazos con niveles extraordinarios de maná. Son casos muy poco frecuentes. Pero existen registros. Quizás puedan orientarnos mejor.
Jean asintió inmediatamente.
—Enviaré un mensajero esta misma noche.
El doctor sonrió.
—Y además... Me gustaría que consiguiera unos brazaletes de protección fabricados en el reino de Bernicia.
Jean frunció ligeramente el ceño.
—¿Los que utilizan piedras de estabilización mágica?
—Exactamente. Son muy costosos. Pero sus piedras ayudan a disminuir el desgaste que sufre el cuerpo de la madre cuando el bebé posee una gran cantidad de maná.
Jean ni siquiera dudó.
—Los conseguiré. Aunque tenga que comprarlos todos.
El doctor dejó escapar una pequeña sonrisa.
Aquella respuesta era exactamente la que esperaba.
Conocía a Jean Krugher desde que era un muchacho.
Lo había visto crecer.
Entrenar.
Convertirse en duque.
Y sabía perfectamente cómo era.
Cuando tomaba la responsabilidad de algo...
Lo hacía por completo.
Guardó silencio unos segundos antes de añadir, con un tono casi casual:
—Hay una última recomendación.
Jean levantó la vista.
—¿Cuál?
El médico fingió revisar nuevamente algunos documentos.
—Sería conveniente que su excelencia compartiera tiempo con la madre del bebé.
Davina y Jean lo miraron al mismo tiempo.
El anciano continuó con absoluta tranquilidad.
—La magia de oscuridad sigue siendo una de las menos estudiadas. Pero algunos registros antiguos indican que la cercanía del progenitor con la misma afinidad mágica ayuda al bebé a estabilizar su propio maná.
Davina parpadeó.
[¿Eh?]
El doctor prosiguió.
—No hace falta nada extraordinario. Conversar. Compartir las comidas. Pasear por los jardines. Leer juntos. Mientras exista cercanía constante... El bebé podría beneficiarse.
En realidad... Ni siquiera el doctor estaba completamente seguro de aquella teoría.
Había leído un par de investigaciones antiguas.
Y algunos casos aislados.
Era una posibilidad.
No una certeza.
Pero consideraba que, si podía ayudar aunque fuera un poco...
Valía la pena intentarlo.
Jean, sin embargo...
No interpretó aquellas palabras como una simple sugerencia.
Las recibió exactamente igual que las demás indicaciones médicas.
Como una obligación.
Como algo que debía cumplirse.
Porque si aquello podía aumentar, aunque fuera mínimamente, las posibilidades de que su hijo naciera sano...
Lo haría.
Sin excepción.
El doctor terminó de guardar sus cosas.
—Por ahora eso sería todo. En tres dias volveré para otra revisión.
Realizó una reverencia y abandonó la habitación.
La puerta se cerró.
El silencio duró apenas unos segundos.
Jean rompió el silencio con total naturalidad.
—Entonces comeremos juntos desde mañana.
Davina levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué?
—También pasearemos por los jardines.
Ella abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Y probablemente le leeré algunos documentos mientras trabajo.
Davina seguía completamente confundida.
—¿Qué?
Jean continuó haciendo una lista mental.
—Habrá que reorganizar mi agenda. Reduciré algunas reuniones. Y trasladaré el despacho al jardín cuando el clima sea favorable.
Davina levantó ambas manos.
—¡Espere!
El duque la miró.
—¿Sí?
—El doctor dijo que podría ayudar. No que fuera obligatorio.
Jean respondió sin la menor duda.
—Mientras exista la posibilidad de beneficiar a nuestro hijo... Lo consideraré obligatorio.
Davina se quedó sin palabras.
[¿En serio?]
Lo observó unos segundos.
Después soltó un largo suspiro.
[Pensé que yo era terca.]
[Pero este hombre...]
[Creo que podría discutir con una pared hasta convencerla.]
Y mientras Jean seguía reorganizando mentalmente toda su agenda para incluir cada recomendación del médico, Davina comprendió algo que la hizo sonreír sin darse cuenta.
Aquel hombre podía ser increíblemente obstinado.
Exasperantemente autoritario.
Y desesperadamente malo para negociar.
Pero también era un padre que, incluso antes de conocer el rostro de su hijo, ya estaba dispuesto a cambiar por completo su vida... si con eso lograba darle una sola oportunidad más de nacer sano.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer