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Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey Alfa

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey Alfa

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Hombre lobo / Amor a primera vista / Ascenso de clase social / Amante arrepentido
Popularitas:33.8k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solís entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Ríos, el Alfa que la Diosa Luna había marcado como su compañero predestinado. Pero la noche en que él volvió sano y victorioso, la humilló frente a toda la manada: rompió su vínculo y eligió a Catalina como su nueva Luna.
Todos esperaban verla caer. Valentina, en cambio, se mantuvo de pie.
Con el corazón destrozado y la marca rota ardiendo en su piel, Val decide recuperar todo lo que le quitaron: su dignidad, su poder y su nombre. Mientras desenmascara traiciones dentro de la manada Ríos, una presencia imposible comienza a seguirla desde las sombras: Damián Montero, el Rey Alfa.
Él no solo parece conocerla. Su lobo la reconoce como destino.
Y cuando Valentina descubra el sacrificio que Damián hizo en silencio por ella, entenderá que la Luna no la estaba castigando. La estaba guiando hacia el hombre que siempre la esperó.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Cap 8: Las Cuentas Que No Cuadran

—Tres carretas —dijo Sofía, en voz tan baja que apenas era un hilo de aire—. Salieron del almacén hace dos noches. Y antes de esa, otras tres, hace un mes exacto.

Val no levantó la vista del libro de cuero que tenía abierto sobre las rodillas. Estaban agachadas detrás de un rimero de sacos de grano, en la parte trasera del almacén de la Hacienda Ríos, con una sola vela protegida por un cristal ahumado que Sofía había robado de la cocina.

—¿Destino?

—Nadie lo sabe. Ni siquiera Tomás, el que conduce las carretas. Solo recibe una ruta marcada y la orden de no preguntar.

Val pasó los dedos por la última columna de números que había copiado del registro oficial del almacén y la comparó con la de su propio libro. La diferencia era demasiado limpia para ser un error. Alguien sabía exactamente cuánto podía sacar sin llamar la atención.

—Hierbas de sanación. Plata en lingotes. —Val cerró los ojos un instante, dejando que el olor del almacén se asentara en su memoria: polvo, madera vieja, el rastro metálico y frío de la plata almacenada, y debajo de todo, apenas perceptible, un aroma dulzón que no debería estar ahí—. Cada mes. Siempre la misma cantidad, casi al gramo.

—¿Eso no es...?

—Reserva pública de la manada. —Val pasó la página—. No mi dote. Esto es de todos los Ríos. De cada Omega que se enferma en invierno, de cada guerrero que vuelve herido de las fronteras.

Sofía se llevó una mano a la boca.

—Doña Milagros no solo te robó a ti.

—No. —La palabra salió de Val con una calma que no sentía por dentro. Algo en su pecho se había endurecido, como un puño cerrándose despacio—. Le está robando a toda su propia manada. Y lo lleva haciendo tanto tiempo que ya ni se molesta en cubrirlo bien.

Anotó la cifra, la fecha, el nombre del carretero. Otra entrada en un libro que ya no cabía en el cajón donde lo escondía.

---

De vuelta en el Ala de Orquídeas, con la puerta cerrada con llave y la vela alta sobre el escritorio, Val terminó lo que había empezado hacía tres años sin saber que terminaría así: la cuenta completa, exacta, de cada centavo de su dote que había pasado por sus manos como Luna de la manada Ríos.

Alquiler de territorio cobrado a las familias vecinas, administrado por ella durante treinta y seis meses. Reservas de hierbas compradas con su propio dinero cuando la peste de invierno dejó sin remedio a media manada. Entrenamiento de guerreros jóvenes pagado de su bolsillo porque el tesoro Ríos siempre estaba "temporalmente insuficiente".

Y los banquetes de luna llena, año tras año, pagados con la plata que su padre había entregado como dote para comprarle un lugar seguro.

Val escribió el total al final de la página y se quedó mirándolo largo rato.

Ese dinero también representaba cada humillación disfrazada de deber, cada "es tu obligación como Luna" que Doña Milagros había usado para vaciarle los bolsillos mientras sonreía en público.

—Cada centavo —murmuró—. Con intereses.

Cerró el libro justo cuando Sofía entró sin tocar, cargando una canasta de mimbre con un lazo de listón morado.

—Llegó esto. De parte de Catalina.

Val levantó una ceja. La canasta estaba llena de fruta: mangos maduros, un racimo de uvas oscuras, dos guayabas partidas para mostrar la pulpa rosada. Una nota doblada asomaba entre las hojas: "Para que recuperes fuerzas, querida Valentina. Con cariño, C."

—Qué generosa —dijo Val, sin ningún calor en la voz.

Se inclinó sobre la canasta y respiró antes de tocar nada. El dulzor de la fruta madura le llenó primero la nariz. Después, más abajo, enredado entre las hojas que envolvían el fondo de la canasta, un rastro amargo y verde que no tenía nada que ver con fruta.

Acónito. Hojas trituradas, no lo suficiente para matar, apenas lo bastante para provocar mareos, quizás fiebre, si Val hubiera comido descuidadamente sin lavar antes cada pieza.

—Sofía. —Val no tocó la fruta—. Tráeme un paño y guantes.

—¿Qué pasa?

—Catalina sabe manejar acónito. —Val separó las hojas del fondo con la punta de un cuchillo, dejando al descubierto los fragmentos oscuros, casi invisibles entre el verde—. Y quiso que yo lo supiera, aunque sea sin saber que lo sé.

Sofía palideció.

—¿Una amenaza?

—Una prueba. —Val envolvió las hojas en el paño con cuidado clínico—. Se guarda esto. Junto con todo lo demás.

---

Esa noche Val no pudo dormir.

No podía dormir. Su cuerpo estaba quieto en la cama, pero su loba seguía alerta, con las orejas levantadas.

Oyó al guardia nocturno cambiar el peso de un pie a otro en el patio, tres pisos abajo. Oyó a un búho posarse en el alero. Olió la lluvia que llegaría dos horas después, todavía a kilómetros de distancia, mezclada con tierra húmeda y un rastro salvaje que venía del bosque.

Se sentó en la cama, con el corazón latiendo despacio pero fuerte.

Tres años.

Tres años en los que su loba había sido apenas un susurro, apagada bajo el peso del enlace con Sebastián. Val se llevó una mano al pecho, sobre el colgante de piedra lunar, y sintió algo vivo bajo la palma.

Cuando yo era su Luna, mi loba estuvo dormida tres años. Ahora el enlace está roto.

Se miró las manos en la penumbra. Las uñas, más largas de lo normal esa mañana, ya habían vuelto a su forma habitual, pero el recuerdo de la sensación —afiladas, listas— seguía fresco bajo la piel.

Mi loba está despertando.

Un sonido leve contra el cristal la sacó de sus pensamientos. Un golpecito, apenas perceptible, como una rama movida por el viento. Pero no había viento esa noche.

Val cruzó la habitación descalza y abrió la ventana.

Ahí estaba, otra vez: una flor de luna silvestre, pequeña y pálida, brillando sobre el borde de piedra. Val la había visto ya tres veces desde el día en que Sebastián la rechazó, y cada vez el corazón le daba un vuelco.

Pero esta vez había algo más junto a la flor.

Un frasco diminuto, de vidrio oscuro, tapado con un corcho sellado en cera. Grabado en la cera, presionado con un sello que Val reconoció de inmediato porque lo había visto esa misma noche, prendido al cuello de un abrigo oscuro: una media luna.

La insignia de la casa Montero.

Val tomó el frasco con dedos que no temblaban del todo. Lo destapó despacio. El olor la golpeó antes de que pudiera pensar en nada más: hierbas amargas, raíz de genciana, un toque de miel para disfrazar el sabor.

Antídoto de acónito.

Se quedó inmóvil, el frasco entre los dedos, la flor de luna aún brillando suavemente sobre el alféizar.

Alguien sabía que ella estaba cerca del acónito. Alguien sabía, quizás incluso antes que ella misma lo confirmara, que Catalina jugaba con veneno.

Y ese alguien, fuera quien fuera, estaba protegiéndola en silencio, una flor y un frasco a la vez.

1
Marleys Sofia Cervantes
Excelente
Marleys Sofia Cervantes
Excelente
Marleys Sofia Cervantes
Menos mal porque esto está fuera de control
Sofia Carruso
Así se pone la novela sin emoción
Sofia Carruso
Cuando pensé que ya iba ser feliz
se jodió esto
Marleys Sofia Cervantes
Doña Carmen es un espectáculo acido🤣🤣🤣🤣
Marleys Sofia Cervantes
Doña Carmen no se da por vencida 🤭🤭🤭
Marleys Sofia Cervantes
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
por fin ya era hora
Patricia vanesa Prados
espectacular doña Carmen caerá por su propio peso espero más capitulo autora está q me como las uñas
Celmira Sucerquia
ay está novela me encanta
Patricia
yo aquí atrapada, que buena novela, antes no me gustaba este tipo de novelas de alfas, ahora me encantan
Marleys Sofia Cervantes
Muchos misterios 👏
Margarita Maria Tordecilla Villalba
se está poniendo poco cansona
Marleys Sofia Cervantes
Y en qué momento perdió los hijos si ellos no compartían ni recamara 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Hector Spagnuolo
esta historia es igual a soñe con mi alfa pero el marco a otra
Marleys Sofia Cervantes
Pero porque dice que el padre no va entender, si fue el padre quien le dijo que Damián sacrificó tres años por ella y Val es un tira y escoje uff pacho
Marleys Sofia Cervantes
Dsmian hace tanto por ella y ella no hace nada por el
Marleys Sofia Cervantes
Carmen no aprende
Marleys Sofia Cervantes
Damian y Val amores
Sofia Carruso
Ni terminan un problema y le viene otro encima
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