Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
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Capítulo 22 - El sí
Durante unos segundos, nadie dijo una sola palabra.
El silencio fue roto por Valentina.
—¿Te estás escuchando, Cristóbal?
Él giró apenas el rostro hacia su hermana.
—A penas la conoces. ¿De verdad le estás proponiendo matrimonio?
Nicolás también intervino.
—Es una locura. Deberías conocerla al menos.
Cristóbal se puso de pie sin apartar la mirada de Miranda.
Su voz fue firme.
—Sé lo suficiente para saber lo que quiero.
Miró a toda su familia.
—Quiero estar con ella.
Hizo una breve pausa.
—Quiero convertirla en mi esposa... y en la madre de mis hijos.
Aquellas palabras sorprendieron a todos.
Sebastián golpeó suavemente la mesa con la palma de la mano.
—Ya basta.
Todos lo miraron.
—Dejen de meterse en las decisiones de su hermano. Es un hombre adulto y sabe perfectamente lo que hace.
Victoria asintió con serenidad.
—Por favor, chicos. Déjenlo. Es su decisión.
La sala volvió a quedar en silencio.
Todas las miradas regresaron a Miranda.
Ella respiró profundamente.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
Bajó la vista hacia el anillo que Cristóbal sostenía entre sus manos.
Luego negó lentamente con la cabeza.
—No...
Cristóbal sintió que el corazón se le detenía.
Miranda dio un pequeño paso hacia atrás.
—Lo siento...
Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.
—No puedo aceptar casarme contigo.
La expresión de Cristóbal se apagó por completo.
Bajó lentamente la mano que sostenía el anillo.
—Espera...
Su voz sonó apenas como un susurro.
Se acercó a ella.
—Olvida que todos están aquí.
Miró a su alrededor y volvió a clavar los ojos en los de Miranda.
—Solo somos tú y yo.
Con infinita delicadeza tomó su rostro entre las manos.
—Esto es lo que quiero.
Secó una lágrima que resbalaba por su mejilla con la yema del pulgar.
—Dime la verdad...
Sus ojos reflejaban una vulnerabilidad que nadie en esa familia le había visto jamás.
—¿Acaso tú no quieres?
Miranda cerró los ojos un instante.
Cuando volvió a abrirlos, otra lágrima escapó de ellos.
—No es eso...
Cristóbal sonrió con ternura mientras limpiaba cuidadosamente sus lágrimas.
—Entonces voy a preguntártelo una vez más.
Respiró hondo.
—Miranda Moreno...
Tomó nuevamente el anillo.
—¿Quieres casarte conmigo?
Ella lo miró fijamente.
Después de unos segundos que parecieron eternos, una sonrisa temblorosa apareció en sus labios.
—Sí...
Cristóbal apenas podía respirar.
—Sí...
Las lágrimas seguían cayendo por las mejillas de Miranda.
—Sí quiero.
Una enorme sonrisa iluminó el rostro de Cristóbal.
Con manos ligeramente temblorosas tomó la mano izquierda de Miranda y deslizó el anillo en su dedo anular.
En cuanto la joya ocupó su lugar, Cristóbal besó con delicadeza la mano de su prometida.
Mientras algunos sonreían emocionados y otros seguían intentando comprender lo que acababa de suceder, Cristóbal solo tenía ojos para Miranda.
Por primera vez sentía que todo en su vida estaba exactamente donde debía estar.
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La noticia del compromiso no fue recibida de la misma manera por todos.
Valentina se levantó del sofá visiblemente molesta.
—Necesito un poco de aire.
Nicolás también se puso de pie.
—Yo te acompaño.
Antes de salir, miró a Cristóbal.
—Ojalá no te estés equivocando, hermano.
Sin esperar respuesta, ambos abandonaron la sala.
El silencio duró apenas unos segundos.
Victoria fue la primera en romperlo.
Se acercó a Miranda y la abrazó con cariño.
—Felicidades, hija. Bienvenida a la familia.
Sebastián estrechó la mano de Cristóbal.
—Espero que sean muy felices.
Alejandro sonrió al ver a su hermano.
—Al final sí terminaré redactando ese acuerdo prenupcial.
Al escuchar aquello, Miranda mantuvo la expresión tranquila, pero por dentro sus pensamientos tomaron otro rumbo.
"Tengo que encontrar la manera de evitar ese acuerdo. Si voy a casarme con él, debemos hacerlo bajo el régimen de bienes mancomunados. Tengo que ser precavida y cuidar cada paso que doy."
Cristóbal soltó una pequeña risa.
—No cambias.
—Es deformación profesional.
Isabel ya estaba completamente emocionada.
—¡Tenemos una boda que organizar!, ¿ cuanto tiempo tenemos?
—Creo que tres meses serán suficientes
—dijo Cristóbal.
Victoria asintió de inmediato.
—El vestido, las flores, la recepción... hay muchísimo por hacer.
Las dos comenzaron a intercambiar ideas con evidente entusiasmo.
Sofía aplaudía sin dejar de sonreír.
—¡Voy a tener una tía!
Mateo miró a Cristóbal con admiración.
—Sabía que te diría que sí.
Las risas volvieron a llenar la casa.
En medio de aquel ambiente familiar, Cristóbal no dejaba de mirar a Miranda.
Aún le parecía increíble que hubiera aceptado casarse con él.
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Un rato después, la pareja comenzó a despedirse.
Miranda agradeció la hospitalidad de todos antes de salir junto a Cristóbal.
Ya en el automóvil, él permaneció unos segundos en silencio antes de hablar.
—Mejor vamos a mi casa...
La miró con una sonrisa.
—A nuestra casa.
Miranda sintió un ligero sobresalto.
—No creo que sea prudente.
Cristóbal comprendió de inmediato su inquietud.
—No haremos nada que tú no quieras.
Su voz fue tranquila y respetuosa.
—Solo dormiremos.
Ella dudó unos instantes.
—Es que... no traje ropa para cambiarme.
Una sonrisa divertida apareció en el rostro de Cristóbal.
—Eso ya lo solucioné.
—¿Cómo?
—Mandé a preparar algunas cosas para que no te falte nada.
Miranda lo observó unos segundos.
Finalmente sonrió.
—Está bien...
Suspiró con suavidad.
—Ya no tengo más objeciones.
Cristóbal puso el automóvil en marcha.
Mientras el vehículo avanzaba por las calles iluminadas de la ciudad, Miranda volvió la vista hacia la ventanilla.
Por dentro, una mezcla de emociones la invadía.
Su plan había sido un éxito.
Había logrado exactamente lo que se propuso desde el día en que vio a Cristóbal Bravo de Saravia por televisión.
En apenas unos meses se convertiría en su esposa.
Sin embargo, había algo que seguía inquietándola.
Le gustaba Cristóbal mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Y precisamente por eso temía dar un paso para el que aún no se sentía preparada.
No quería entregarse a él antes del matrimonio.
Necesitaba estar completamente segura de que el hombre que conducía a su lado deseaba compartir una vida con ella, y no solo que la atracción que existía entre ambos marcara el rumbo de su relación.
Sin saberlo, mientras ella luchaba con esos pensamientos, Cristóbal sonreía para sí.
Lo único que ocupaba su mente era que, por primera vez en muchos años, regresaba a casa acompañado de la mujer con la que soñaba compartir el resto de su vida.
Que pasará el día que se descubra que no fue casualidad ese accidente y todo lo que planeó que dirá y hará Cristóbal 🤔🤔🤔❓❓❓❓