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Bajo La Piel Del Látigo

Bajo La Piel Del Látigo

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Catrina no nació cruel; la forjaron a golpes de desprecio y una traición devastadora de su tío, quien le arrebató las tierras de su padre y su inocencia. Hoy, es "La Generala", la mujer que gobierna el pueblo con puño de hierro y cuyo corazón parece de piedra volcánica.

​La paz armada de su mundo se altera con la llegada de Máximo, un joven heredero acostumbrado a los lujos de la capital y a que el mundo gire a sus pies. Castigado por su abuelo para "hacerse hombre" en la hacienda vecina, Máximo llega con arrogancia, pero se estrella contra la realidad de un pueblo que no le teme a su apellido. El destino los obliga a convivir cuando una amenaza externa pone en riesgo las tierras de ambos. Mientras Máximo descubre que la vida es más que fiestas, Catrina se enfrenta a un dilema: ¿puede el amor de un "niño mimado" sanar las cicatrices de una traición familiar, o terminará él siendo una víctima más de su sed de venganza?

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capitulo 21

​La cabaña de madera y piedra, devorada a medias por la maleza en el linde norte de la hacienda, se había convertido en el único territorio neutral de sus vidas. Lejos de los ojos curiosos de los peones, de la vigilancia tóxica de Don Elías y de la sombra de sus propios apellidos, el tiempo parecía detenerse. Allí, el aire no olía a pólvora ni a deudas, sino a pino viejo y a la humedad del río que corría a pocos metros.

​Máximo llegó primero. Encendió un pequeño fuego en la chimenea de piedra para combatir el frío que bajaba de la montaña. Sus manos, ya curtidas y marcadas por el trabajo, se movían con una calma que contrastaba con el estruendo de los secretos que guardaba bajo la camisa. El sobre manila, el que contenía la verdad sobre el abuelo y Elías, descansaba oculto bajo una tabla del suelo. Era su seguro de vida y, al mismo tiempo, la bomba que podría destruirlo todo.

​El chirrido de la puerta de madera lo hizo girar. Catrina entró, pero no era la Jefa que el pueblo temía. No traía el sombrero puesto, y su cabello, usualmente recogido con una severidad militar, caía desordenado sobre sus hombros. Al ver a Máximo, su rostro, que solía ser una máscara de granito, se suavizó en una expresión que solo él conocía.

​La Rendición del Acero

​Catrina dejó su cinturón con la funda de la pistola sobre una mesa vieja. El sonido del metal golpeando la madera fue el último vestigio de la guerra externa. Se acercó a Máximo con pasos lentos, despojándose de la rigidez de sus responsabilidades.

​—El pueblo está tranquilo esta noche —susurró ella, deteniéndose a solo unos centímetros de él. Sus ojos buscaban los de Máximo, ya no para desafiarlo, sino para encontrarse—. Pero mi cabeza no para de dar vueltas.

​Máximo la tomó por la cintura, atrayéndola hacia el calor de su cuerpo. —Olvida el pueblo. Olvida a Elías. Esta noche solo somos tú y yo.

​Catrina soltó un suspiro largo, dejando caer su frente sobre el hombro de él. Por primera vez, se permitió que otra persona sostuviera su peso. El látigo, las espuelas y la rabia quedaron fuera de esa habitación. Máximo le acarició la espalda con una ternura que la desarmaba; era una caricia que no pedía nada, que solo buscaba consolar años de soledad absoluta.

​Se sentaron frente al fuego, envueltos en una manta de lana gruesa. Máximo comenzó a desatar los nudos de la tensión en el cuello de ella, usando sus pulgares para masajear la piel bronceada. Catrina cerró los ojos, emitiendo un sonido suave, casi un ronroneo, que hizo que a Máximo se le encogiera el corazón. La fiera del llano se había convertido en una mujer sedienta de afecto.

​Pasión en la Penumbra

​El idilio no era solo paz; era una necesidad física que los consumía. El beso que siguió no tuvo la furia del despacho, sino una profundidad devota. Catrina exploraba el rostro de Máximo con sus dedos, trazando la línea de su mandíbula y la pequeña cicatriz de su ceja como si intentara memorizarlo para los días oscuros que vendrían.

​Cuando sus cuerpos se unieron sobre el lecho de mantas, no hubo jerarquías. Máximo descubrió que, bajo la ropa de trabajo, la piel de Catrina era suave pero firme, marcada aquí y allá por cicatrices de caídas y batallas pasadas que él besó una a una, como si cada beso fuera una disculpa en nombre de su familia.

​Catrina, por su parte, se entregó con una intensidad que lo dejó sin aliento. Dejó de lado el control total que la definía, permitiéndose ser guiada, ser amada sin condiciones. En el silencio de la cabaña, solo se escuchaba el crepitar de la leña y sus respiraciones acompasadas. Era un romance apasionado, nacido de la adversidad y alimentado por el peligro, un fuego que quemaba más fuerte porque sabían que podía ser extinguido en cualquier momento.

​La Advertencia de la Jefa

​Horas después, con las brasas de la chimenea proyectando sombras alargadas en las paredes, Catrina estaba apoyada en el pecho de Máximo. Él le acariciaba el cabello, disfrutando de ese oasis de calma. Pero el mundo real siempre encontraba una grieta por donde colarse.

​Catrina se incorporó lentamente, envolviéndose en la manta. La luz de la luna que entraba por la ventana le daba un aspecto espectral, casi místico. Se giró hacia Máximo, y aunque su mirada era dulce, recuperó ese filo de acero que la hacía ser quien era.

​—Máximo —dijo ella, con una seriedad que rompió el encanto—. Sabes que lo que siento por ti es algo que nunca creí posible. Me has devuelto la risa, me has dado una esperanza que mi padre se llevó a la tumba.

​Ella tomó su mano y la apretó con fuerza, casi hasta lastimarlo.

​—Pero no olvides quién soy. Mi confianza es un tesoro que solo entrego una vez. Si esto es parte de un plan de tu abuelo, si el documento que encontraste es una trampa, o si algún día decides que el apellido Moretti pesa más que lo que tenemos aquí... —su voz bajó un octavo, volviéndose letal—. Si me traicionas, Máximo, no vivirás para contarlo. No me importará lo que hayamos vivido en esta cabaña. Te buscaré hasta en el último rincón de la tierra y yo misma me encargaré de que pagues el precio.

​Máximo no apartó la mirada. Podía ver el miedo al dolor detrás de su amenaza. Sabía que ella no hablaba desde el odio, sino desde la autoprotección más pura. Él se incorporó y le tomó el rostro, obligándola a ver la verdad en sus pupilas.

​—Prefiero que me mueras tú a vivir una vida sin ti, Catrina —respondió él con una convicción que la hizo estremecer—. El documento es real. Mi lealtad es tuya. Mi abuelo perdió a su nieto el día que tú me enseñaste a ser un hombre. No habrá traición, porque traicionarte a ti sería traicionarme a mí mismo.

​Catrina lo miró durante un largo rato, buscando cualquier rastro de duda. Finalmente, asintió y se refugió de nuevo en sus brazos. El idilio continuaba, pero la advertencia quedó flotando en el aire como una promesa oscura. Eran dos amantes bailando sobre un campo de minas, disfrutando de la música mientras esperaban el estallido final.

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valeska garay campos
se lee interesante 🤔👀
Silvia Chena
ES BUENÍSIMA LA NOVELA
Lobelia ❣️
👍👏
Silvia Chena
Algún problema va a traer, esa mina
Lobelia ❣️
muy bueno 👍👍
Lobelia ❣️
☺️👍👍🥰
Lobelia ❣️
me gusta sigues 👍👍
Celina Espinoza
gracias por compartir tu historia 🥰
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