Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.
Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.
Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.
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Capítulo 16
Gio
Me quedé sin reacción, procesando esas palabras, cuando ella se levantó y se lanzó sobre mí.
—¡Sí, me gustas! Ahora no hay Savanna entre nosotros. Y estoy embarazada y necesito un padre para mi hijo. Podemos casarnos y tú registrar a este niño como tuyo.
La empujé, saltando de la cama y alejándome.
—¡Solo puedes estar loca, Mia! Soy como un hermano para ti. ¡Eso que dijiste es repugnante!
—Repugnante… —pareció desolada—. ¿Crees que soy repugnante?
—Es repugnante esos tus pensamientos. Nunca te voy a ver como mujer. Para mí siempre serás mi hermana. ¿Qué mierda es esas que estás diciendo?
—¡Gio, su canalla, desgraciado! —Mia comenzó a arrojarme las almohadas, con una expresión insana en el rostro—. ¿Cómo puedes decir todo eso después de todo lo que hiciste? Después de tratarme con tanto cariño, después de darme todo lo que pedía, después de preferirme a mí, a Savanna.
—¿¡Qué?! ¿Crees que te preferí a Savanna? No seas loca, Mia. Sabes muy bien por qué siempre te traté bien… si no fuera tu hermano nunca me habría acercado a ti!
Ella se paralizó, pareciendo aturdida.
—¿Es en serio eso? Nunca sentiste nada por mí en todos estos años.
—Sentí sí, sentí el deber de cumplir mi papel de hermano. Mierda, te has vuelto loca. Mira, gané algo de dinero en las últimas misiones, voy a mandarte a algún hospital, para que estés protegida allí hasta el final del embarazo. Después de eso… después de eso, no nos vemos más.
—¿¡Qué?! ¿Realmente quieres dejarme? Es por causa de Savanna, ¿no es así? ¡Te enamoraste de esa arpía! Por eso me estás rechazando. ¡Quieres ir tras ella! Es eso, ¿no es así? Quieres abandonarme para quedarte con ella.
—¡Dios! ¡Estás loca! Sí, amo a Savanna, ¿oíste? Ella es mi mujer y ya está claro que es imposible que ustedes convivan en el mismo ambiente. Pero no es por eso que te estoy mandando lejos, es porque estás loca, ¿oíste? Necesitas ayuda psicológica.
—Mi hermano debe estar decepcionado contigo ahora.
—¡Él debe estar decepcionado contigo! ¡Dudo que a él le gustaría ver a la hermana actuando como loca!
Me giré y salí. Estaba exhausto, pero pasé la noche en un bar próximo al escondite.
Música alta, olor a alcohol y peleas. Un lugar caótico, pero que parecía más calmo que el caos en mi mente.
Yo vi a Mia crecer, ella era una niña tan dulce, asustada y frágil. Siempre se lastimaba, siempre me pedía ayuda para cosas pequeñas. Ella no parecía la loca que vi hoy.
Ahora pensando, yo debería haber dado un basta en los caprichos de ella desde aquel día que ella apagó mi celular para que Savanna no consiguiera contactarme. Aquello agrió la relación con mi mujer.
Ahora yo me pregunto, ¿será que ella ya no estaba con esa insanidad desde antes? ¿Será que aquella violación fue invención?
Porra, si ella hizo aquello de propósito solo para colocar discordia en mi relación con Savanna, significa que ella es más loca de lo que yo pensaba.
Mandé luego mensaje para un conocido que me indicó ese hospital que daba apoyo a grávidas que no tenían para dónde ir. Yo había comentado sobre cómo era cansativo tener que esconderse y al mismo tiempo tener que cuidar de Mia grávida y él me indicó esa dirección.
Yo estaba hace algún tiempo intentando tocar en ese asunto con Mia de una forma delicada. Pero después de lo que sucedió hoy, no existe más forma delicada de hacer eso.
Volví para el escondite cuando el sol ya estaba naciendo, un poco tambaleante, no por haber bebido, sino por cansancio.
Abrí la puerta y me deparei con una cena terrible, Mia ensangrentada caída en el suelo.
No pensé dos veces en correr con ella para el hospital. Ella intentó acabar con la propia vida cortando los pulsos.
Ella perdió mucha sangre y el bebé se fue.
Dios me perdone, pero me quedé hasta un poco aliviado, pensando que ahora las cosas serían más fáciles para nosotros dos. Podríamos seguir caminos diferentes y las cosas serían más fáciles para ella. No imagino cómo debe ser para una madre sola tener que esconderse y al mismo tiempo tener que sustentar a sí y a un bebé.
Pero las cosas no fueron más fáciles.
Mia entró en una sucesión de actitudes autodestructivas. Los médicos decían que ella necesita de acompañamiento constante.
Yo quería tener mi vida de vuelta, pero no estaba consiguiendo. Mia enloquecía siempre que yo me alejaba por mucho tiempo y quedaba amenazando con se matar.
Si yo hubiese dado un basta antes…
Mierda, si yo hubiese oído a Savanna y me alejado de vez, no estaría en esa situación de mierda.
Al final, Savanna tenía razón, yo debería haber cortado toda la relación con ella.