Cinco años habían transcurrido desde que el Imperio dejó atrás la guerra que amenazó con consumirlo.
Las cicatrices seguían ahí, aunque ocultas bajo el esplendor de una nueva era.
Las ciudades prosperaban, las rutas comerciales se habían extendido hasta reinos que antes eran enemigos y el pueblo vivía una estabilidad que muchos creían imposible.
Pero la paz no eliminaba las ambiciones.
Solo les daba tiempo para crecer.
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primera conversacion y enfrentamiento
La neblina cubra con suavidad sobre los jardines del palacio imperial.
El amanecer había llegado hacía varias horas, pero Sacha seguía sentada junto a la ventana de su habitación.
Entre sus manos sostenía la carta que había leído la noche anterior.
La había leído una y otra vez.
Cada palabra parecía responder una pregunta... y al mismo tiempo crear otras diez más.
Volvió a leer la primera línea.
"Para las generaciones de la Casa Echeverría, cuando el collar finalmente despierte."
Suspiró.
El collar descansaba sobre su pecho, inmóvil.
Frío.
Como si nunca hubiera emitido aquella intensa luz dorada que había devuelto la vida a todo un pueblo.
Llevó una mano hasta él.
—¿Qué eres realmente...? —susurró.
No obtuvo respuesta.
Solo el silencio.
Durante unos minutos permaneció inmóvil, recordando todo lo ocurrido en el pueblo
Las sombras.
La niña.
La desesperación que sintió al verla.
Y aquella necesidad tan intensa de salvarla que, sin darse cuenta, había hecho reaccionar al collar.
Bajó lentamente la carta.
No podía seguir intentando encontrar respuestas sola.
Había una persona que quizá pudiera aclarar algunas de sus dudas.
Aunque fuera la última persona con la que deseaba hablar.
Se puso de pie.
Guardó cuidadosamente la carta dentro del mismo sobre donde Sarai le había entregado el collar.
Respiró profundamente.
Y salió de la habitación.
Encontró a Sarai en uno de los balcones del ala este del palacio.
Varios sirvientes entraban y salían llevando baúles y documentos.
Era evidente que estaba organizando su regreso a Asteria.
Al escuchar unos pasos, Sarai levantó la vista.
Sus ojos reflejaron sorpresa.
No esperaba verla allí.
Durante unos segundos ninguna de las dos habló.
El silencio era incómodo.
Pesado.
Finalmente, fue Sacha quien lo rompió.
—No vine a hablar de nosotras.
Sarai asintió lentamente.
Como si hubiera esperado exactamente esa respuesta.
—Lo imaginaba.
Sacha levantó el sobre que llevaba en la mano.
—Vine por esto.
La mirada de Sarai se detuvo en el sobre.
—Leí la carta.
Respondió algunas cosas...
Pero ahora tengo muchas más preguntas.
Sarai hizo un gesto invitándola a sentarse.
Las dos ocuparon un pequeño salón contiguo al balcón.
Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a instalarse entre ambas.
Sacha fue directa.
—¿Qué es realmente este collar?
Sarai bajó la mirada unos segundos antes de responder.
—No lo sé.
Sacha frunció el ceño.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Porque mi padre nunca me contó toda la verdad.
Solo me explicó cuál era mi responsabilidad.
Sacha permaneció en silencio.
Sarai continuó.
—Antes de morir, me entregó el collar y una carta.
Me dijo que nuestra familia lo había protegido durante generaciones y que jamás debía romper esa tradición.
Su deseo era que el collar pasara siempre al siguiente descendiente de nuestra sangre.
Durante muchos años pensé que debía conservarlo hasta entregárselo a uno de mis hijos.
Sacha no apartaba la mirada de ella.
—Entonces...
¿Por qué cambiaste de opinión?
Sarai respiró profundamente.
—Cuando llegué a este Imperio, No sabías que de quien hablaban era de ti lo que pasó hace cinco años traspasó fronteras,pero solo mencionaban a la joven duquesa que protegió Su ducado y alas personas con magia Su Majestad el emperador la ex emperatriz y me dijeron que eras tu.
Me contó quién eras.
Todo lo que habías vivido desde la muerte de mi hermana.
Lo que sufriste siendo una niña.
Cómo recuperaste el ducado.
La guerra contra aquel Heraldo.
Y todo lo que hiciste para proteger a tu pueblo.
Sacha sintió un ligero nudo en la garganta.
Pero permaneció en silencio.
—Y ayer en la tarde Después escuché que habías partido hacia una aldea donde varias personas habían desaparecido.
Mientras organizaba mi regreso a Asturias comenzaron a llegar informes.
Hablaban de un extraño fenómeno.
Personas que parecían condenadas despertaron sin explicación.
Y de una joven duquesa cuyo collar había brillado con una luz dorada.
Sarai levantó lentamente la vista.
—No necesité estar allí para comprender lo que significaba.
Cuando regresaste al palacio y vi ese collar sobre tu pecho...
Entendí que había tomado la decisión correcta.
Sacha bajó la mirada hacia el colgante.
Seguía sin emitir ninguna luz.
—Mi padre nunca dijo que debía entregárselo a mi hijo.
Dijo que debía proteger el legado de nuestra familia y asegurarme de que llegara a quien realmente le correspondiera.
Una leve sonrisa melancólica apareció en el rostro de Sarai.
—Durante años creí que esa persona sería uno de mis hijos.
Me equivoqué.
Siempre fuiste tú.
Sacha guardó silencio durante varios segundos.
No sabía qué responder.
No estaba preparada para aceptar aquellas palabras.
Pero tampoco podía ignorarlas.
Finalmente levantó nuevamente el sobre.
—En la carta dice que todavía hay muchas cosas que debo descubrir.
¿Dónde?
¿En donde está esa habitación secreta‽
Sarai permaneció unos segundos en silencio.
Después habló con calma.
—Existe un lugar.
Un lugar que muy pocas personas conocen.
Sacha levantó la vista.
—¿Dónde?
—En el ducado Echeverría.
Debajo de la antigua residencia familiar existe una habitación secreta y la puerta está en el despacho.
Mi padre me llevó allí cuando desperté mi magia.
Fue entonces cuando comprendí que nuestra familia ocultaba mucho más de lo que cualquiera imaginaba.
Sacha escuchaba atentamente.
—Mi hermana Sara nunca llegó a entrar.
Ella nunca despertó magia.
Por eso mi padre jamás le habló de ese lugar.
Solo quienes heredaban un don podían conocer su existencia.
Padre dijo que así protegemos a nuestra familia si el templo se enteraba que teníamos magia.
Sacha sintió que su corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Y tú crees que allí encontraré respuestas?
Sarai negó lentamente.
—No lo creo.
Estoy segura.
Porque antes de morir...
Mi padre me dijo una última cosa.
Sacha esperó.
—Me dijo que, cuando llegara el día en que el collar volviera a despertar...
La verdad que nuestra familia había protegido durante generaciones dejaría de pertenecer al pasado.
Y sería el momento de que la siguiente heredera la conociera.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Sacha observó el collar.
Después el sobre.
Y finalmente a Sarai.
No había desaparecido el dolor.
Ni el resentimiento.
Ni todas las preguntas sobre el abandono de su madre y de ella.
Pero, por primera vez desde que conoció a aquella mujer...
Comprendió que, si quería descubrir la verdad sobre el collar y sobre el legado de los Echeverría, tendría que regresar al lugar donde todo había comenzado.
Al ducado que siempre había llamado hogar.
La conversación había terminado.
Ninguna de las dos volvió a hablar durante varios segundos.
Sacha sostenía el sobre entre sus manos mientras contemplaba el jardín que se extendía más allá del balcón.
Las respuestas que había obtenido no eran las que esperaba.
Pero, por primera vez, tenía un camino que seguir.
El ducado.
La habitación secreta.
El legado de los Echeverría.
Se levantó lentamente.
—Gracias... por responder lo que sabías.
Sarai asintió con una leve inclinación de cabeza.
—Lamento no poder responder el resto.
Sacha no contestó.
Aún no estaba preparada para verla como parte de su familia.
Sin embargo, antes de abandonar la habitación, una voz masculina resonó desde el pasillo.
—Madre, ¿ya está todo listo? Padre dice que deben partir antes del mediodía.
Los pasos se detuvieron al llegar a la puerta.
Un joven de cabellos rubios y ojos azul claro apareció en el umbral.
Tendría una edad muy cercana a la de Dominic.
Su porte era elegante, pero la sorpresa fue evidente al encontrar a una desconocida junto a su madre.
Sus ojos se posaron sobre Sacha.
Y, por un instante, ambos quedaron inmóviles.
El parecido era innegable.
No solo compartían el color del cabello o de los ojos.
Había rasgos en el rostro que parecían pertenecer a la misma sangre.
El joven fue el primero en romper el silencio.
—Perdón... no sabía que estabas ocupada.
Sarai sonrió con una mezcla de nerviosismo y melancolía.
—No te preocupes.
Acércate.
El muchacho obedeció.
Miró nuevamente a Sacha, claramente confundido.
—Ella es...
Sarai respiró hondo.
Aquellas palabras parecían pesarle más que cualquier otra.
—Es Sacha Echeverría.
Hubo un breve silencio.
Después continuó.
—La hija de mi hermana Sarah.
Los ojos del joven se abrieron con asombro.
Miró a Sacha.
Luego a su madre.
Y volvió a mirarla a ella.
—Entonces...
¿Ella es...?
Sarai asintió lentamente.
—Sí.
Es tu prima.
El muchacho tardó unos segundos en reaccionar.
Finalmente hizo una leve reverencia, con el respeto propio de un noble.
—Es un honor conocerte, prima.
Sacha permaneció inmóvil.
Aquella palabra le resultó extraña.
Prima.
Jamás había imaginado escucharla dirigida hacia ella.
No respondió de inmediato.
No porque quisiera ser descortés.
Sino porque todavía no sabía cómo reaccionar.
Después de unos instantes hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—El gusto es mío.
Su voz fue educada.
Respetuosa.
Pero distante.
El joven pareció comprenderlo.
No insistió.
Simplemente sonrió con amabilidad.
—Mi nombre es Adrien.
Mi madre ayer me habló de ti .
y queria conocerte.
Sacha levantó la mirada.
Por primera vez desde que aquella conversación había comenzado...
No encontró culpa ni lástima en los ojos de alguien relacionado con Sarai.
Solo curiosidad.
Y una sincera intención de conocerla.
Aquello la tomó por sorpresa.
Sarai observó la escena en silencio.
No dijo nada.
Sabía que aquel no era el momento para forzar una relación que apenas comenzaba.
Adrien volvió a dirigirse a su madre.
—Padre nos está esperando.
Sarai asintió.
—Ya voy.
El joven hizo una última reverencia hacia Sacha antes de retirarse.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, el silencio regresó a la habitación.
Sarai habló con serenidad.
—Él no tiene ninguna culpa de mis decisiones.
Ni de mis errores.
Sacha desvió la mirada hacia la ventana.
—Lo sé.
Y precisamente por eso...
No pienso tratarlo con el rencor que todavía siento.
Aquellas palabras hicieron que Sarai esbozara una tenue sonrisa.
No era un perdón.
Ni mucho menos una reconciliación.
Pero era un comienzo.
Poco después, Sacha abandonó el ala destinada a la delegación de Asteria.
Mientras caminaba por los largos pasillos del palacio, su mente no dejaba de pensar en todo lo que había descubierto.
El collar.
La carta.
La habitación secreta.
Y ahora...
Una familia que jamás imaginó tener.
Sin darse cuenta, llevó una mano hasta el collar que descansaba sobre su pecho.
Esta vez no esperaba que brillara.
Solo sentía su peso.
Como si llevara sobre sí la historia de generaciones enteras.
Se detuvo frente a una de las enormes ventanas del palacio.
Desde allí podía verse el camino principal.
Muy pronto tendría que regresar.
No como la duquesa que volvía a administrar sus tierras.
Sino como la heredera de un legado que apenas comenzaba a comprender.
Y, por primera vez desde el despertar del collar, sintió que las respuestas que llevaba años buscando no estaban en el Imperio...
Sino esperándola en el lugar donde había comenzado toda su historia.