En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.
Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.
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capitulo 20
Pasaron dos semanas.
Dos semanas de entrenamientos interminables, de noches de insomnio, de canciones bajo la luna. Dos semanas sin noticias de Night. Dos semanas de espera desesperante.
Luna se había convertido en una guerrera. Sus músculos se habían endurecido, sus reflejos se habían agudizado, su mirada se había vuelto más fiera. Los lobos que antes la veían como una niña ahora la respetaban como a una igual.
Pero por dentro, seguía siendo la misma loba que añoraba a su amor.
—Hoy descansas
dijo el Alfa Negro una mañana, cuando ella se disponía a unirse al entrenamiento.
—¿Qué? No, yo puedo...
—No es que no puedas. Es que necesitas descansar. Llevas catorce días sin parar. Tu cuerpo aguanta, pero tu mente... tu mente necesita un respiro.
Luna quiso protestar, pero algo en los ojos del Alfa la detuvo.
—Está bien
aceptó.
—Descansaré.
—Bien. Y ya que descansas, ve al bosque. Respira. Recuerda por qué luchas.
Luna asintió y se adentró en el bosque.
Caminó sin rumbo, dejando que sus pies la llevaran a los lugares conocidos. El arroyo. El árbol de su abuela. El claro donde todo empezó.
Allí se detuvo.
El claro estaba igual que aquella mañana. Las flores de luna habían vuelto a crecer, cubriendo el suelo de blanco. El estanque reflejaba el cielo azul. Todo era paz.
—Aquí te encontré
susurró.
—Aquí empezó todo.
Se sentó en la hierba y cerró los ojos. Por un instante, si se concentraba mucho, podía olerlo todavía. Ese olor a hogar que había cambiado su vida para siempre.
—Loba blanca.
Luna abrió los ojos sobresaltada. Una hada desconocida flotaba frente a ella, con las alas desgarradas y el brillo apagado.
—¿Qué pasa?
preguntó Luna, poniéndose en pie.
—¿Qué ha ocurrido?
—Un mensajero.
jadeó el hada.
—Un lobo... ha llegado... herido...
—¿Night?
el corazón de Luna dio un vuelco.
—No... otro... trae noticias... del otro lado...
Luna no esperó más. Salió corriendo hacia el poblado, con el hada siguiéndola como podía.
Cuando llegó a la plaza, ya había un grupo de lobos reunidos. En el centro, un lobo gris, desconocido, yacía en el suelo con el cuerpo lleno de heridas. A su lado, el Alfa Negro intentaba reanimarlo.
—¡Agua! —ordenó—. ¡Y vendas!
Luna se abrió paso entre la multitud y se arrodilló junto al herido.
—Soy Luna
dijo.
—Soy la compañera de Night. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está él?
El lobo gris abrió los ojos con dificultad y la miró.
—Los... atacaron...
tartamudeó
—En el paso... Emboscada...
El mundo se detuvo.
—Night...
susurró Luna.
—¿Dónde está Night?
—Vive...
el lobo tosió sangre.
—Vive... pero lo capturaron... Los lobos grises... se lo llevaron...
—¿Adónde?
preguntó el Alfa Negro, agarrándolo por los hombros.
—.¿Adónde se lo llevaron?
—Al campamento... al otro lado de las montañas... Quieren... usarlo como rehén...
El lobo gris cerró los ojos y perdió el conocimiento.
Luna se quedó paralizada, con las manos manchadas de sangre.
Night estaba vivo. Pero estaba prisionero. En manos del enemigo.
—Iré a buscarlo.
dijo, levantándose.
—¿Tú sola?
preguntó el Alfa Negro
—Es una locura.
—No iré sola. Iré con quien quiera acompañarme. Pero iré.
Miró a los lobos reunidos. A su padre, a su madre, a los guerreros que habían entrenado con ella.
—¿Quién viene conmigo?
Silencio.
Luego, una voz se alzó.
—Yo.
Era su padre.
—Yo voy.
Otra voz. Su madre.
—Yo también.
Otra. Eborio.
—A mi edad, qué más da morir luchando que morir en la cama.
Otra. Un guerrero joven.
—Mi hermana encontró a su destinado gracias a ustedes. Iré.
Otra. Otra. Otra.
En cuestión de minutos, más de cincuenta lobos se habían ofrecido voluntarios.
El Alfa Negro los miró con orgullo.
—No los detendré —dijo
—Pero vayan con cuidado. Lleven a las hadas con ustedes. Y traigan a mi hijo de vuelta.
Luna asintió.
—Lo traeré. Se lo prometo.
Dos horas después, un grupo de cincuenta lobos blancos y negros cruzaba el bosque hacia las montañas.
Al frente, Luna.
La loba que había desafiado a un tirano.
La loba que había encontrado el amor.
La loba que iba a rescatar a su destinado.
Continuará...