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Dulce Amor

Dulce Amor

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance de oficina / Padre soltero
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: minxzy

un omega que es padre soltero, que se encuentra en una situación difícil ya que se quedo sin trabajo recientemente, se reencuentra con un excompañero de la escuela y le comenta que en la empresa que esta trabajando estan buscando personal que no descrimina a las personas por sus rasgos secundarios es ahi donde conocera a un alfa que le demuestrara lo que es el amor.

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fin de la primera semana

Al terminar los cinco días de prueba, Beom-seok no sentía que hubiera hecho nada extraordinario, solo lo que consideraba su deber. Había llegado temprano, terminado cada tarea a tiempo, resuelto pequeños imprevistos sin molestar a nadie y mantenido el orden en todo lo que pasaba por sus manos.

Esa tarde, cuando todos empezaban a recoger sus cosas para irse, Seong-jin se acercó con una nota en la mano.

—El señor Kang-min quiere verte en su despacho antes de que te vayas —le dijo con tono tranquilo—. No te preocupes, no es nada malo.

Beom-seok asintió sin mostrar nerviosismo. Se limpió bien las manos, se ajustó la ropa y caminó con paso firme hasta la oficina principal. Llamó a la puerta y esperó a que le dieran permiso para entrar.

Kang-min estaba detrás de su escritorio, revisando unos papeles. Al levantar la vista, le indicó con un gesto que pasara y se sentara frente a él.

—Siéntate —dijo con su voz habitual, grave y directa.

Beom-seok lo hizo manteniendo la espalda recta, sin cruzar los brazos ni bajar la mirada.

—He revisado tu trabajo estos días —continuó el alfa, sin rodeos—. No tienes experiencia previa en este tipo de tareas, ni formación específica, pero has aprendido más rápido que otros que llevan meses aquí. Cumples con lo que se te pide, no buscas excusas y defiendes tu trabajo cuando es necesario.

Hizo una pausa breve, como para asegurarse de que sus palabras quedaran claras.

—Por eso, tu periodo de prueba termina hoy. Te confirmo el puesto de asistente general con todas las prestaciones y el sueldo acordado, sin aumentos ni favores adicionales: es lo justo para lo que haces. Si sigues así, las oportunidades llegarán por tu propio mérito.

Beom-seok escuchó con atención, y cuando terminó, respondió con la misma seriedad:

—Gracias por la confianza. Acepto el puesto tal como es. No espero que me den nada que no me haya ganado, y haré lo posible para que no se arrepientan de la decisión.

Kang-min lo miró fijamente unos segundos más. Le gustaba esa respuesta, esa forma de no pedir más de lo que corresponde, esa seguridad en sí mismo.

—Así debe ser —dijo simplemente—. Puedes retirarte. Que tengas buen fin de semana.

—Igualmente, señor.

Beom-seok se levantó, se despidió con respeto y salió de la oficina con paso tranquilo, aunque por dentro sentía una gran sensación de alivio: ya tenía un trabajo seguro, estable, y eso significaba tranquilidad para Seo-yun.

Cuando llegó a casa, su hija lo recibió como siempre, pero esta vez Beom-seok la abrazó con más fuerza.

—Tenemos buenas noticias —le dijo con una sonrisa suave—. Ya tengo el trabajo confirmado.

Seo-yun aplaudió contenta y corrió a mostrarle un dibujo nuevo que había hecho: dos figuras altas, una pequeña, y una casa con el techo muy alto.

—Así estaremos bien, ¿verdad papá? —preguntó con inocencia.

—Sí —respondió él acariciándole el cabello—. Estaremos bien.

Mientras tanto, en su despacho, Kang-min guardó los papeles y se quedó un momento en silencio. Sabía que había tomado la decisión correcta por criterios profesionales, pero no podía negar que la presencia de aquel hombre ya le llamaba la atención más de lo que le ocurría con nadie más. No era lástima, ni simple curiosidad: era algo que empezaba a sentirse como respeto, que poco a poco se transformaba en algo más profundo, que iría creciendo con el tiempo.

Con el puesto ya confirmado, Beom-seok se movía por el almacén con mayor soltura, pero sin relajar su ritmo ni su atención. Conocía ya cada rincón, cada tipo de mercancía y cada procedimiento, y lo hacía con una precisión que empezaba a notarse en todo el turno.

No perdía tiempo en charlas innecesarias, pero tampoco se mostraba distante con los demás. Si alguien necesitaba una mano, la daba sin esperar nada a cambio, y si alguien intentaba imponerle algo que no le tocaba, respondía con la misma firmeza de siempre:

—Cada uno tiene sus tareas. Yo cumplo con las mías; ustedes cumplan con las suyas.

Kang-min seguía pasando por allí todos los días, a distintas horas. No se quedaba mucho tiempo, pero su presencia era constante. Observaba sin hacer comentarios al principio, solo para comprobar que lo prometido se cumplía. Y cada día confirmaba que no se había equivocado: Beom-seok trabajaba como si cada día fuera el primero, con la misma dedicación.

Una mañana llegó un envío grande y urgente, con cajas que debían revisarse y registrarse antes del mediodía. El resto del equipo tenía otras tareas asignadas, así que Beom-seok se encargó de todo él solo. Cargaba, contaba, anotaba y ordenaba sin pausa, pero sin apresurarse tanto como para cometer errores.

Cuando ya llevaba más de una hora concentrado, notó una sombra a su lado. Al levantar la vista, vio a Kang-min, que había llegado en silencio y revisaba las anotaciones que iba dejando sobre la mesa.

—Todo va bien —dijo Beom-seok con calma, sin interrumpir su trabajo—. Llevo la mitad y termino antes de la hora límite.

Kang-min asintió, recorriendo con la mirada el orden de las cajas y la claridad de los apuntes. Se acercó un poco más para ver mejor una columna de números, y al inclinarse, su brazo rozó por un instante el de Beom-seok. Fue un contacto leve, breve, casi imperceptible. Ninguno de los dos se movió bruscamente ni dijo nada, pero por un segundo ambos detuvieron un poco el movimiento, como si el aire se hubiera vuelto más ligero.

—Veo que sabes organizarte mejor de lo que esperaba —continuó Kang-min con su voz habitual, sin mostrar cambio en su expresión, aunque su mirada se detuvo un instante más en las manos de Beom-seok antes de volver a los papeles—. Muchos tardarían el doble en hacer lo mismo.

—Solo hay que ir paso a paso —respondió Beom-seok, manteniendo la compostura, aunque notaba que el roce había dejado una sensación extraña, pero tranquila—. No hay truco, solo constancia.

El alfa se quedó un momento más, sin hablar, pero sin irse tampoco. Era una presencia seria, pero que ya no le resultaba incómoda al omega.

—Si sigues así —dijo finalmente—, en unas semanas podré asignarte también el control de los inventarios semanales. Es más responsabilidad, y el sueldo se ajustará.

Beom-seok lo miró directamente al extenderle el cuaderno para que viera mejor una página, sus dedos se rozaron de nuevo, esta vez apenas un poco más tiempo, pero igual de discreto.

—Lo acepto —respondió él, retirando la mano con naturalidad—. Aprenderé lo que haga falta para hacerlo bien.

—Eso es lo que quiero escuchar —asintió Kang-min, y tras una última mirada se retiró hacia su despacho, aunque su paso fue un poco más lento de lo habitual.

Al final de la jornada, Beom-seok salió con paso firme. Sabía que cada nueva tarea significaba más estabilidad para su hija, pero en su mente seguían esos dos roces breves, sin saber muy bien qué significaban, pero sin molestarse por ello.

Al llegar a casa, Seo-yun corrió a recibirlo con un dibujo nuevo en la mano. Esta vez había dibujado el almacén, con muchas cajas ordenadas, y dos figuras altas de pie junto a ellas, muy cerca una de la otra.

—Este eres tú trabajando —explicó señalando—. Y este es el señor que viene a verte.

Beom-seok sonrió con ternura, acariciando su cabello.

—Sí, él es mi jefe. Viene a revisar que todo esté bien.

Mientras preparaba la cena, pensó en las palabras de Kang-min y en esos contactos fugaces. No le daba demasiada importancia, pero no podía negar que, poco a poco, la presencia de aquel hombre dejaba de ser solo la de un jefe para convertirse en algo más cercano, aunque todavía sin nombre.

Y en su casa, Kang-min también recordaba esos momentos. No había sido nada intencionado, ni evidente, pero le habían bastado para saber que lo que sentía por Beom-seok iba mucho más allá de la simple valoración profesional. Caminaría despacio, sin presionar, dejando que todo se fuera dando con el tiempo.

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Ofelia Juarez
no entiendo por qué la niña menciono al jefe de su papá acaso la lleva a su trabajo??
Jezyn: si por que la vecina tuvo que hacer una diligencia y no la podía llevar asi que la llevo a la empresa donde Beom-seok trabaja
total 1 replies
Jezyn
Es mi primera historia con mucho cariño para ustedes
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