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LA VENGANZA ES UN ARTE

LA VENGANZA ES UN ARTE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:7.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una joven heredera de un imperio financiero y de la mafia, que ocultó su verdadera identidad por amor, sufre la pérdida de su bebé y el desprecio absoluto de su esposo y su suegra tras un atentado cruel. Renacida de las cenizas, regresa para ejecutar una venganza implacable, mientras se ve atrapada en un matrimonio concertado con un titán de los negocios tan arrogante y dominante como ella, uniendo dos mundos donde el poder se paga con sangre y orgullo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA FIRMA DEL DESPERDICIO

La pequeña mansión que Verónica había compartido durante cinco años con Reinaldo olía a impunidad. Apenas veinticuatro horas después de haber sido dada de alta del hospital, cruzó el umbral caminando con una compostura impecable. Llevaba un traje sastre negro, ceñido a su figura de un metro setenta, y gafas oscuras que ocultaban cualquier vestigio de la noche de la tragedia.

En la sala principal de la propiedad, esperándolo todo con una copa de whisky en la mano, estaba Reinaldo. Su postura reflejaba la arrogancia de alguien que jamás había tenido que luchar por lo que poseía. A su lado, sentada en el sofá de piel con aire de dueña y señora, estaba Carolina Castro, quien al ver entrar a Verónica ni siquiera se molestó en disimular una sonrisa de triunfo.

—Vaya, vaya. Mirad quién decidió aparecer —dijo Reinaldo con voz sarcástica, dando un sorbo a su bebida sin levantarse—. Pensé que te quedarías descansando unos días más para seguir con el drama de lo del accid...

No pudo terminar la frase. Verónica sacó de su bolso de mano una carpeta de piel negra y la arrojó con fuerza sobre la mesa de centro. El impacto hizo tintinear la cristalería.

—Es la demanda de divorcio —dijo Verónica. Su voz no tembló. Era un hilo de hielo puro—. Firmas hoy mismo.

Reinaldo soltó una carcajada burlona, mirando a Carolina, quien ahogó una risita maliciosa.

—¿El divorcio? —Reinaldo se puso de pie ajustándose el saco con altanería y acercándose a ella hasta quedar a pocos centímetros—. ¿De verdad te crees en posición de exigir algo, Verónica? Mírate. Eres una muerta de hambre. Una mujer de bajo nivel que no tiene a nadie. Durante cinco años te mantuve, te vestí, te di un techo sobre la cabeza en esta mansión. Sin mi apellido y sin mi dinero, no eres absolutamente nadie. ¿Qué vas a hacer afuera? ¿Volver a pedir limosna?

Carolina se levantó y se colocó al lado de Reinaldo, cruzándose de brazos con autosuficiencia.

—Deberías darle las gracias a Reinaldo por no demandarte por arruinarle la fiesta de su cumpleaños con tu numerito en las escaleras —intervino la amante con veneno en cada palabra—. Él se merece a alguien de su categoría, no a una fracasada que ni para darle un hijo sirvió.

Verónica ni siquiera parpadeó ante la provocación de Carolina. La mujer que solía quedarse callada para evitar conflictos había muerto en el hospital. Ahora, la sangre Comellas corría por sus venas con una fuerza destructiva.

Miró a Reinaldo a los ojos, sosteniéndole la mirada sin un solo atisbo de duda.

—Firmas el documento, Reinaldo. No hay nada que repartir. No quiero un solo centavo de tu inmobiliaria ni de tu cochino dinero —dijo Verónica con una serenidad estremecedora—. Y quédate tranquilo, que no pienso quitarte el gusto de sentirte superior.

Reinaldo tomó el bolígrafo con despecho, estampando su firma en el papel con un trazo tosco y agresivo.

—Te doy el divorcio encantado, Verónica. Me di el gusto de tenerte estos años porque eres hermosa, no lo voy a negar. Pero ya te me quedaste corta. No me sirves. Ya no soporto estar al lado de una mujer tan insignificante.

Lanzó el documento firmado al pecho de Verónica, pero ella lo atrapó en el aire con una agilidad pasmosa.

Sonrió. Fue una sonrisa helada, cargada de una condescendencia que borró de golpe la expresión de triunfo del rostro de Reinaldo.

—Curioso que hables de 'gustos', Reinaldo —dijo Verónica, dando un paso hacia la salida mientras se acomodaba las gafas oscuras—. Lamentablemente, yo no puedo decir que me di el mismo gusto contigo... porque eres patéticamente frío y mediocre en la cama.

El silencio en la pequeña mansión cayó como una losa de concreto. Reinaldo mudó de color; el enrojecimiento de la ira inundó su cuello y sus mejillas. Carolina abrió la boca, indignada y descolocada por la respuesta.

—¡¿Qué dijiste, infeliz?! —rugió Reinaldo, dando un paso al frente para encararla.

Pero Verónica ya no estaba sola. La puerta principal se abrió de par en par y dos hombres corpulentos, vestidos con trajes negros impecables y auriculares de seguridad, entraron a la propiedad. Eran los hombres de su hermano Víctor. Uno de ellos le bloqueó el paso a Reinaldo con solo interponer su torso masivo, mientras el otro abría la puerta exterior para Verónica.

—Que tengas una buena vida, Reinaldo. Disfrútala mientras dure —sentenció ella antes de dar media vuelta.

Afuera del residencial, estacionado junto a la acera, la esperaba un deslumbrante Rolls-Royce negro de vidrios polarizados. Al acercarse, la puerta trasera se abrió automáticamente. En el interior la esperaba Víctor Comellas, ajustándose los gemelos de oro en sus puños.

—¿Todo arreglado, hermanita? —preguntó Víctor con una sonrisa peligrosa.

—Firmado y entregado —respondió Verónica, subiendo al vehículo blindado—. ¿Dónde está la reunión?

—En la finca de los San Román —dijo Víctor mientras el auto se ponía en marcha suavemente—. El señor Celestino San Román y doña Esperanza Yépez ya nos esperan. Y tu futuro prometido, el gran Isaías San Román, también está allí. Quiere verte la cara antes de firmar el acuerdo matrimonial.

Verónica miró por la ventana mientras la ciudad pasaba a toda velocidad. Los Benítez creían haber ganado, pero no tenían idea de que acababan de desatar la peor de sus pesadillas. La leona había vuelto a su manada, y la cacería apenas comenzaba.

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Patricia
bendito karma estos tres la están pagando duro, pero algo malo han de hacer
Patricia
me encanta imaginar a Isaías estético, pero me da pesar por los empleados maltratados por el ogro
Patricia
hola querida escritora, está novela está muy interesante, me tiene totalmente enganchada
Naibelys Perez: ❤️🥰me alegro mucho que le gusten mis novelas. 👏
total 1 replies
Miriam Piedrabuena
Me gustó
Becky Navarro
esto ya aburrio
Becky Navarro
ya me aburrio parecen niños caprichosos son mafiosos autora ceos se pasan ni un decomiso ni enfrentamientos secuestros el otro chillón del el ex
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