Esta historia comienza con un humilde pescador y una joven que llega a la ciudad de Cartagena en busca de trabajo y de su madrina, con quien espera vivir después de perder a su madre. Un día, mientras recorre la playa buscando a su tía, una vendedora ambulante, se acerca al mar porque le encanta el agua. Deja su maleta por un momento en la orilla, pero una fuerte ola se la lleva. Sin pensarlo dos veces, entra al mar para recuperarla y sale con una elegancia que parece la de una verdadera sirena. Al verla, el pescador queda fascinado y desde ese día comienza a llamarla "Sirena Encantada
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Capítulo 3: Una nueva oportunidad
Hola, mi nombre es Mileidis Figueroa. Tengo 20 años y nací el 12 de julio de 2006 en la hermosa ciudad de Santa Marta, Colombia. Soy samaria de corazón y, como buena costeña, me encanta el mar, la brisa, el vallenato, la champeta y pasar las tardes viendo el atardecer en la playa.
Toda mi vida crecí en un barrio humilde de Santa Marta junto a mi mamá, Diana Figueroa. Ella era todo para mí. Trabajaba haciendo aseo en varias casas para que nunca me faltara un plato de comida ni pudiera estudiar. Aunque no teníamos muchos lujos, siempre fuimos felices.
Mi mamá siempre me decía:
—Mile, nunca te avergüences de trabajar honradamente. La plata va y viene, pero los buenos valores duran toda la vida.
Esas palabras quedaron grabadas en mi corazón.
Lamentablemente, hace unos meses mi mamá enfermó. Los médicos hicieron todo lo posible, pero Dios decidió llevársela a su lado. Ese día sentí que el mundo se me vino encima. Me quedé completamente sola.
Los primeros días fueron muy difíciles. La casa se sentía vacía y silenciosa. Ya no escuchaba su voz llamándome por las mañanas ni sus consejos antes de salir.
Pero tenía que ser fuerte.
Mi mamá siempre hablaba de su mejor amiga, mi madrina, que vivía en Cartagena. Antes de morir me dijo:
—Si algún día yo falto, busca a tu madrina. Ella nunca te va a dejar sola.
Por eso tomé una de las decisiones más difíciles de mi vida.
Empaqué toda mi ropa en una sola maleta, guardé la foto de mi mamá como mi mayor tesoro y compré un pasaje para Cartagena.
Mientras el bus avanzaba por la carretera, miraba por la ventana y no podía evitar llorar.
—Mamá, ojalá desde el cielo me estés cuidando.
Después de varias horas de viaje, por fin llegué a Cartagena.
Era una ciudad hermosa, llena de turistas, calles coloridas, vendedores ambulantes y el inmenso mar Caribe. Aunque Santa Marta también tenía playas preciosas, Cartagena tenía algo diferente que me hacía sentir nerviosa y emocionada al mismo tiempo.
Apenas bajé del bus respiré profundo.
—Bueno, Mileidis, aquí comienza una nueva etapa.
No conocía casi a nadie en la ciudad. Solo sabía que mi madrina vivía allí y que me recibiría mientras conseguía trabajo.
Mi intención era trabajar honradamente. No me importaba si era en un restaurante, un hotel, una tienda o ayudando en cualquier negocio. Yo no le tenía miedo al trabajo.
Mientras caminaba con mi maleta, veía a los vendedores ofreciendo agua de coco, raspados, sombreros, pulseras y artesanías.
Pensé en mi mamá y sonreí con tristeza.
—Te prometo que voy a salir adelante.
También recordé que mi madrina me había dicho por teléfono que su hermana vendía comida en la playa y que seguramente la encontraría por ese sector.
Así que decidí caminar hasta la playa para empezar a buscarla.
El sol estaba fuerte, la arena quemaba un poquito y la brisa movía mi cabello. A pesar del cansancio del viaje, ver el mar me devolvió una pequeña sonrisa.
Siempre me había gustado el agua. Desde niña disfrutaba caminar descalza por la orilla, sentir las olas tocar mis pies y escuchar el sonido del mar.
Respiré profundamente y seguí caminando con mi maleta en la mano.
No sabía cuánto iba a cambiar mi vida en Cartagena, pero estaba decidida a luchar por mis sueños, trabajar con honestidad y hacer sentir orgullosa a mi mamá, porque sabía que, desde el cielo, nunca dejaría de acompañarme.