Un matrimonio que ninguno eligió. Un hombre que no la ama. Y un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
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CAPÍTULO 17 — Cuando el cuerpo dijo basta
El médico terminó de revisar a Aitana y permaneció unos segundos en silencio.
Alonso esperaba una respuesta, pero la preocupación en el rostro del profesional fue suficiente para entender que no se trataba de un simple resfrío. —¿Qué tiene? —preguntó Alonso. El médico respiró profundamente antes de responder. —Pulmonía. Está grave. Lleva varios días sometida a un desgaste importante y esta última noche bajo la lluvia terminó por complicar todavía más su estado.
Necesitamos una ambulancia. Hay que llevarla a la clínica inmediatamente.
Alonso sintió un nudo en el pecho. Miró a Aitana, que permanecía inconsciente, y recordó cómo durante los últimos días había intentado seguir adelante pese al cansancio.
Había ido a la universidad, había cumplido con las tareas que le habían impuesto y apenas había tenido tiempo para descansar.
Ella nunca se había quejado delante de los demás. Había seguido avanzando hasta que su propio cuerpo ya no pudo continuar.
—Llamen a la ambulancia ahora —ordenó Alonso.
Después salió de la habitación. Subió las escaleras rápidamente y abrió de golpe la puerta de Gael. Su nieto dormía junto a Valentina y ambos despertaron sobresaltados. —¿Qué pasa? —preguntó Gael. Alonso lo miró con una seriedad que hizo que se levantara inmediatamente. —
Aitana está grave. Tiene pulmonía y la vamos a llevar a la clínica.
Gael se quedó inmóvil. —¿Pulmonía? ¿Por qué? Alonso respondió sin suavizar sus palabras. —Porque llevaba días agotándose y anoche la dejaste afuera bajo la lluvia. Esa última noche terminó por complicar su estado.
Gael sintió que el aire le faltaba. Recordó inmediatamente la discusión, la mentira de Valentina y la forma en que Aitana había intentado defenderse. Entonces Alonso encendió la pantalla del escritorio. —Ahora vas a ver lo que realmente ocurrió.
La grabación mostró la escena completa.
Valentina provocando a Aitana, Aitana intentando mantenerse tranquila y, finalmente, la mentira que había desencadenado todo. Gael observó cada segundo sin apartar la mirada. Cuando terminó la grabación, permaneció en silencio.
—Ella me dijo la verdad —murmuró.
Alonso asintió.
Gael se sentó lentamente en el borde de la cama. —Me dijo que no la había golpeado.
Me pidió que la escuchara. Y yo no quise hacerlo.
Por primera vez, comprendió que su culpa no podía esconderse detrás de Valentina.
Valentina había mentido, pero él había elegido creerla. Él había decidido castigar a Aitana. Él había cerrado aquella puerta.
Y ahora ella estaba grave.
—Yo pude haberlo evitado —dijo Gael, llevándose las manos al rostro—. Solo tenía que escucharla.
Alonso lo observó en silencio.
—Sí, Gael. Solo tenías que escucharla.
La sirena de la ambulancia comenzó a escucharse desde el exterior. Gael se levantó rápidamente y siguió a su abuelo hasta el pasillo. Los paramédicos entraron y comenzaron a trasladar a Aitana.
Gael la vio sobre la camilla y sintió que el pecho se le cerraba. Quiso acercarse, pero se detuvo al recordar todas las veces que ella había intentado explicarle la verdad y él había decidido darle la espalda.
—Perdóname... —susurró.
Aitana no podía escucharlo.
La camilla salió por la puerta principal y la ambulancia se alejó rumbo a la clínica. Gael permaneció inmóvil mientras la veía desaparecer.
Aquella noche bajo la lluvia no había sido el comienzo de todo.
Había sido la última gota después de varios días en los que Aitana había estado soportando más de lo que su cuerpo podía resistir.
Y Gael acababa de comprender, demasiado tarde, que él había sido quien decidió añadir esa última gota.