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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2 — INLAVABLE.

El entrenamiento la dejó molida.

Elysia soltó la espada de madera y se apoyó en el poste, respirando con dificultad. El sudor le pegaba el cabello a la frente y le escocía en los cortes aún frescos. El guerrero robusto —que no le había dicho su nombre— asintió con respeto y se retiró sin más. Aparentemente, la comandante no necesitaba halagos.

Sus brazos temblaban. Pero también vibraban con una satisfacción primaria, animal. Había conectado golpes que no recordaba haber aprendido. Su cuerpo se movía con una precisión que su mente aún no alcanzaba a comprender. Era aterrador. Y era adictivo.

Se pasó el dorso de la mano por la frente. Le quedó manchada de algo oscuro. Sangre seca. Suya. Del vendaje que aún llevaba en la cabeza y que nadie se había molestado en cambiar.

—Asqueroso —murmuró.

El patio se estaba vaciando. Las antorchas brillaban contra el cielo ya completamente oscuro. Una brisa fría se coló por los muros de piedra y le recordó que estaba en un lugar sin calefacción, sin agua caliente, sin las comodidades más básicas de su vida anterior.

Vida anterior. Qué forma tan extraña de llamarlo. Como si hubiera muerto. Técnicamente, quizá había muerto. El puñetazo, el suelo del gimnasio, la oscuridad. Y luego esto.

Una voz la sacó de sus pensamientos.

—Comandante.

Se giró. Una mujer joven, vestida con un sencillo vestido gris y un delantal, la miraba desde el umbral de una puerta lateral. Llevaba las manos juntas, postura de servicio. Parecía nerviosa.

—¿Qué? —preguntó Elysia, más brusca de lo que pretendía.

—He preparado el baño, señora. Como ordenó el señor Aster.

El baño. Ordenó. Claro. Porque hasta su higiene personal necesitaba autorización del hombre de negro. Elysia apretó los dientes, pero se obligó a asentir. Un baño era justo lo que necesitaba. Aunque viniera de él.

—Está bien. Llévame.

La sirvienta la guió por pasillos que Elysia aún no conocía. El castillo —porque estaba claro que era un castillo— era un laberinto de piedra y antorchas. Todo olía a humedad, a musgo, a cera quemada. Los pasos de ambas resonaban en el silencio.

Llegaron a una estancia pequeña, abovedada, con una tinaja de agua humeante en el centro. No era una bañera moderna, pero el vapor que desprendía olía a hierbas, a algo limpio. Casi terapéutico.

—Puede desvestirse, señora. La ayudaré.

—No necesito ayuda —dijo Elysia, por reflejo.

La sirvienta dudó, hizo una pequeña reverencia y retrocedió hacia la puerta.

—Esperaré fuera. Avíseme si requiere algo.

Se fue. La puerta se cerró. Elysia se quedó sola con el vapor y el silencio.

Se desvistió con movimientos torpes. La ropa estaba rígida, acartonada por el sudor seco y algo que parecía sangre vieja. Al quitársela, su cuerpo quedó expuesto a la luz temblorosa de las velas.

Era un mapa de la violencia.

Moretones en las costillas. Un corte ya cerrado en el hombro izquierdo. Cicatrices en los nudillos. La herida de la cabeza, bajo un vendaje sucio que se retiró con cuidado. Y algo más: músculo. Fibras duras bajo la piel, una complexión que nunca había tenido en su vida de oficina y gimnasio. Era un cuerpo esculpido para la guerra.

Se metió en la tinaja. El agua caliente le arrancó un gemido involuntario. El escozor de las heridas se mezcló con el alivio de los músculos. Cerró los ojos y se dejó flotar un instante.

Tenía que pensar. Pero pensar dolía.

Estaba en un castillo medieval. Era la comandante de un ejército. Un tipo llamado Aster le daba órdenes y ella, por ahora, obedecía. Había guerreros, antorchas, espadas. Nada de tecnología. Nada de su mundo.

Abrió los ojos. Miró sus manos bajo el agua. Los callos, las cicatrices. Esas manos sabían matar. Lo sentía en los huesos.

—¿Quién eras? —preguntó a su reflejo en el agua—. ¿Quién soy ahora?

Nadie respondió.

Se lavó a conciencia, restregándose la piel hasta dejarla enrojecida. El agua se fue tiñendo de un marrón oscuro. Cuando salió, encontró ropa limpia doblada en un banco: pantalones, una túnica interior, un jubón similar al de los soldados pero con mejores acabados. La ropa de alguien con rango.

Al vestirse, se sintió un poco más humana. Un poco más ella.

La sirvienta la esperaba fuera. Al verla, hizo una pequeña reverencia.

—El señor Aster la espera en el comedor. Desea que cene con él.

Elysia parpadeó.

—¿Cenar? ¿Con él?

La sirvienta no añadió nada. Solo la guió por más pasillos, hasta una puerta de madera maciza con refuerzos de hierro. La abrió y se apartó.

El comedor era sorprendentemente austero. Una mesa larga de roble, apenas iluminada por un candelabro central. En la cabecera, Aster ya estaba sentado, con un plato de carne y pan frente a él. No la miró al entrar. Señaló el asiento a su derecha.

—Siéntate.

Elysia obedeció. No porque quisiera, sino porque sus piernas aún temblaban del entrenamiento y la idea de discutir con él en ese momento le parecía agotadora.

Un sirviente dejó un plato frente a ella. Carne asada, pan moreno, algo que parecían verduras hervidas. Olía bien. Demonios, olía increíble. Su estómago rugió sin permiso.

Aster arqueó una ceja, pero no dijo nada.

Comieron en silencio unos minutos. Elysia devoró la comida sin modales, con el hambre feroz de quien no ha comido en días. Él, en cambio, comía con precisión quirúrgica.

—El golpe te ha cambiado —dijo él de repente.

Elysia se atragantó. Tosió, bebió agua de una copa de metal y lo miró.

—¿Qué?

—Antes no mirabas. Obedecías. Ahora observas. Evalúas. Como si no reconocieras este lugar.

Mierda. Era más perceptivo de lo que le gustaría.

—Quizá no lo reconozco —dijo ella, con cautela.

Aster dejó los cubiertos. Se reclinó en su asiento y la observó con esos ojos grises que parecían atravesarla.

—Eres mi comandante. Me has servido durante cinco años. Juraste lealtad sobre tu espada. No tienes permitido olvidar.

Elysia sintió un escalofrío en la nuca. La palabra «permitido» le cayó como un grillete. Así que no era una guerrera libre. Había un juramento. Una atadura real, no solo laboral.

—No he olvidado —mintió—. Solo… necesito recolocarme.

—Ya lo has dicho antes.

Silencio.

Aster se levantó. Caminó hacia una ventana estrecha y se quedó mirando la noche. Su espalda era una muralla. Elysia se descubrió observando la tensión de sus hombros, la forma en que la camisa se ajustaba a su torso. Apartó la mirada. No, no, no. El villano guapo es un cliché. No caigas en eso.

—Mañana vendrá alguien importante —dijo él, sin volverse—. Muy importante. Quiero que estés presente. En plena forma.

—¿Quién?

—Lord Aslan.

Elysia frunció el ceño. El nombre le sonaba. Le sonaba de algo. Algo que había leído.

Aster se giró. La luz de las velas cincelaba su rostro en sombras.

—Mi hermano.

El estómago de Elysia se encogió. No por miedo. Porque la palabra «hermano» encajó en su cerebro como una llave en una cerradura oxidada. Dos hermanos. Uno pelinegro, uno rubio. Lucha por el trono. Traición. Un mahwa que había leído hasta el amanecer.

—¿Aslan? —repitió, la voz un hilo.

Aster entrecerró los ojos.

—Sí. ¿Eso te dice algo?

Elysia negó con la cabeza, demasiado rápido.

—No. Nada. Solo… me suena.

Pero por dentro, su mente había empezado a gritar.

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Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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