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SUGAR MOMMY

SUGAR MOMMY

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UN SENTIMIENTO IMPOSIBLE DE OCULTAR

Las semanas siguieron pasando.

Alejandro se esforzaba cada día en la universidad y en la empresa, pero había algo que ya ocupaba gran parte de sus pensamientos.

Andrea.

Sin importar cuánto intentara concentrarse en los documentos o en las clases, su sonrisa aparecía una y otra vez en su mente.

---

Aquella mañana llegó temprano a la empresa.

Como siempre, pasó por una cafetería cercana y compró dos cafés.

Uno era para él.

El otro...

Para Andrea.

Se quedó observando el vaso durante unos segundos.

—Espero que le guste...

Respiró hondo y caminó hasta el despacho.

Tocó la puerta.

—Adelante.

Andrea levantó la vista y sonrió al verlo.

—Buenos días, Alejandro.

—Buenos días, señora Andrea.

Él colocó uno de los vasos sobre el escritorio.

—Vi esta cafetería camino al trabajo... pensé que quizá le gustaría probar su café.

Andrea abrió ligeramente los ojos.

—¿Es para mí?

Alejandro asintió con una sonrisa tímida.

—Sí.

Espero que sea de su agrado.

Andrea tomó el vaso entre sus manos.

—Muchas gracias.

Es un detalle muy bonito.

Alejandro sintió que el corazón le daba un vuelco al verla sonreír.

Aquella simple sonrisa bastaba para alegrarle el día.

---

Al mediodía, Andrea salió de una reunión bastante complicada.

Se veía algo cansada.

Alejandro notó la expresión de su rostro.

—¿Todo salió bien?

Andrea suspiró.

—Sí... solo fue una reunión larga.

Alejandro le acercó una botella de agua.

—Debería descansar unos minutos.

Ella sonrió.

—Ahora resulta que mi asistente también cuida de mí.

Él respondió con naturalidad.

—Solo me preocupo por usted.

Cuando terminó de decirlo, ambos guardaron silencio.

Alejandro sintió que acababa de decir demasiado.

Bajó la mirada con cierta vergüenza.

—Perdón... quise decir que...

Andrea sonrió con dulzura.

—Lo entendí.

Y... gracias.

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Aquella noche, de regreso en casa, Alejandro estaba ayudando a su hermanita con la tarea.

Sin embargo, varias veces se quedó mirando la misma hoja sin leerla.

La pequeña inclinó la cabeza.

—¿Hermanito?

—¿Sí?

—¿Por qué sonríes tanto?

Alejandro reaccionó.

—¿Estoy sonriendo?

Ella asintió con entusiasmo.

—¡Desde hace rato!

La abuela, que tejía en un sillón cercano, levantó la vista.

—Yo también lo noté.

Alejandro soltó una pequeña risa.

—¿En serio?

La anciana sonrió con ternura.

—Hace mucho tiempo que no te veía tan feliz.

Él guardó silencio.

No sabía cómo explicar lo que estaba sintiendo.

Su hermanita volvió a hablar.

—¿Te gusta alguien?

Alejandro casi dejó caer el cuaderno.

—¿Qué?

La niña comenzó a reír.

—¡Te pusiste rojo!

La abuela también sonrió con discreción.

Alejandro se llevó una mano a la nuca.

—No digan esas cosas...

Pero, en el fondo de su corazón, sabía que la pequeña tenía razón.

Aquello ya no era solo admiración.

Cada día esperaba con ilusión llegar a la empresa para verla.

Cada conversación con Andrea se convertía en el mejor momento de su jornada.

Y cada vez que ella sonreía, sentía que todo el esfuerzo de su vida valía la pena.

Antes de dormir, observó por la ventana de su habitación el cielo lleno de estrellas.

Sonrió para sí mismo.

—Creo que... me enamoré de verdad.

Aunque ese sentimiento lo llenaba de felicidad, también le generaba muchas dudas.

Andrea era su jefa.

La mujer que le había tendido la mano cuando más lo necesitaba.

Y, sobre todo, alguien a quien respetaba profundamente.

Por eso tomó una decisión.

No diría nada.

Prefería guardar sus sentimientos en silencio antes que poner en riesgo la confianza y la amistad que habían construido.

Sin saberlo, al otro lado de la ciudad, Andrea también pensaba en él antes de quedarse dormida.

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