Una carta, una vieja dirección y una pesada maleta de cuero cambian el destino de Borans para siempre. Esta es la historia de una pequeña que, con su dulce inocencia, transforma por completo la vida de su papá, obligándolo a dejar el mundo de la delincuencia para entregarlo todo por ella. ¿Podrá el amor de una hija salvar a un hombre de su propio pasado?
NovelToon tiene autorización de Jairy Erismar Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 19
Borans atendió la llamada con cautela. Del otro lado, la voz de Ogur sonó impaciente:
—Te llamé porque estaba preocupado.
—Si hablas mientras comes, te morderás la lengua —respondió Borans con sarcasmo—. ¿Por qué me llamas justo ahora?
—¿Qué quieres que haga? ¿Que me quede sin comer? —replicó Ogur—. ¿Dónde estás? ¿Sigues acampando?
—No, ya no.
—¿Entonces dónde estás?
Borans bajó el tono de voz:
—En casa de la mujer.
Ogur soltó una carcajada incrédula:
—¿En serio? ¿Y qué mujer?
En ese instante, la madre de Ogur entró en la habitación.
—¿Mujer? —preguntó ella—. Dime, ¿quién es?
—No es nada, mamita, es solo Borans — dijo Ogur mientras ella le servía un café.
Una vez que se alejó de su madre, susurró al teléfono:
Estoy en la casa de Seinec — dijo Borans
—¿Estás hablando en serio?
—Así es —confirmó Borans.
—Excelente. No sé qué hiciste, pero es perfecto. Tienes que decirme todo lo que planeas para que pueda ayudarte; pronto tendremos los cuadros.
—Yo me encargo —sentenció Borans—. Nunca dejo un trabajo sin terminar, recuérdalo.
De repente, al fondo, la pequeña Zerimar anunció:
—¡El desayuno está listo!
—Debo colgar —dijo Borans rápidamente.
—Está bien. Veámonos al mediodía —respondió Ogur antes de despedirse con entusiasmo—. Ese es mi chico, sabía que podías hacerlo. Demuéstrale quién eres
Borans caminó hacia el comedor. Al ver a la niña, susurró con frialdad:
—Mi niña...
Se sentó a su lado y, mientras la pequeña lo miraba, le pregunta con nobleza:
—¿Te sientes bien?
—¿Qué te importa? —respondió el entre dientes.
Al servir la comida, Borans tomó la palabra, cambiando radicalmente su tono al dirigirse a Seinec:
—Señorita Seinec, gracias a los medicamentos se me quitaron todas las molestias. Ya no siento nada, que Dios la bendiga.
—Me alegra que haya amanecido bien, pero no se descuide —respondió ella amablemente—. Tiene que descansar, ¿de acuerdo?
—Sí, claro, claro.
Borans observó a Zerimar beber leche y recordó el cartón pequeño que ella le había dado antes.
— No habías dicho que no te gustaba —comentó Borans, observándola fijamente.
La niña bajó el vaso y le hablo a Seinec:
—Seinec, está delicioso, me gusta mucho.
—Que lo disfrutes —respondió ella con una sonrisa.
Borans se inclinó hacia Zerimar y le susurró:
—Come despacio... despacio.
Cuando Seinec regresó a la mesa, él la reprendió:
—Le estoy enseñando. ¿No te dije que tenías que usar los cubiertos? Primero cortas y luego comes.
Seinec sonrió con ternura:
—No importa, que coma como quiera. Aquí tienes.
—Muchas gracias —dijo Borans, aunque apenas probó bocado.
—No come mucho —observó Borans.
—¡Mentira! —saltó Zerimar.
—Come lo suficiente para poder crecer —añadió el hombre.
Seinec volvió a la cocina por un momento, y Zerimar aprovechó para pedir más comida.
Cuando ella regresó, Borans intervino:
—Cariño, hablamos de esto. No deberías hablar con la boca llena, te dolerá el estómago. No comas más.
—No me va a pasar nada —respondió la niña desafiante.
Seinec simplemente le entregó unas tortillas.
Borans, impresionado por la cantidad, preguntó:
—¿Por qué comes tanto?
—¿Y por qué siempre pareces un ogro? —replicó ella.
—¡Mocosa insolente! —exclamó él, visiblemente sorprendido.