Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 13
Selena lo miró fijamente y, con un tono serio, le dijo: Lo sé, Fernando, pero también recuerdo que te dije que si tú decides actuar de esa manera, yo también lo haré. No estoy dispuesta a ser fiel mientras tú estás involucrado con varias mujeres al mismo tiempo. Te veo en el bar con una chica y luego llego a casa y te encuentro con otra. Esto no lo voy a permitir, y menos en mi propia casa. Si así es como quieres jugar, mañana mismo traeré a alguien aquí también. Al menos respétame en lo que respecta a nuestra casa, porque es también un lugar donde vendrán nuestros padres.
Fernando, visiblemente afectado, respondió: Lo siento, Selena, pero esto pasó hace tiempo.
Selena: Tienes que detenerte, esto no puede volver a suceder en esta casa mientras yo esté aquí. Como mencionas, esto ha estado ocurriendo desde hace tiempo y ya es hora de que termine. Si vuelvo a verlos, la despidiré y hablaré con tus padres para que me permitan divorciarme de ti.
Fernando: No volverá a suceder, lo prometo. He estado faltando al respeto a la casa.
Selena: En la calle puedes hacer lo que desees. Sabemos que no nos agradamos y que nuestra relación solo se basa en un acuerdo, pero hay límites. Ahora necesito ducharme, así que, por favor, ve a tu habitación.
Fernando se retiró a su habitación, mientras que Selena decidió tomar una ducha para refrescarse. Después de ducharse, se tumbó un rato en la cama y, al despertar, notó que ya eran las diez de la mañana. En ese momento, recordó que los padres de Fernando llegarían más tarde, lo que la llevó a actuar rápidamente.
Decidió llamar a Mari y a Luci para pedirles que la ayudaran a organizar sus cosas y las de Fernando en una misma habitación. Además, necesitaban preparar la habitación para la visita de sus suegros, asegurándose de que todo estuviera en orden.
Luego, bajó a la cocina y se puso en contacto con Ligia, quien ya estaba al tanto de la situación. Claro, señora, respondió Ligia con entusiasmo. Ya hemos preparado algo delicioso para mis suegros. Nadie los conoce mejor que yo.
Selena escuchó las palabras de Ligia sin decir nada, y luego se dirigió a buscar a Fernando para informarle sobre los preparativos.
Fernando se encontraba sentado en el porche de su casa, disfrutando del fresco de la mañana, cuando avistó a Selena acercándose. Sin dudarlo, le dirigió una sonrisa y le dijo:
—¡Buenos días!
—¡Buenos días! —respondió Selena con amabilidad—. Todo está listo para recibir a tus padres. Pero, Fernando, necesito que por favor hables con Ligia. Ella ha estado adoptando una actitud muy intensa últimamente. Ahora ha afirmado que nadie conoce a sus suegros mejor que ella, y la verdad es que si sigue así, tus padres podrían empezar a sospechar que estamos en un acuerdo en este matrimonio.
Fernando frunció el ceño, una expresión de descontento cruzó su rostro mientras escuchaba a Selena. Tras un breve momento de reflexión, respondió con determinación:
—Haz lo que quieras con Ligia, no me interpondré.
Selena se quedó en silencio, sin saber cómo reaccionar ante la decisión de Fernando. La tensión en el aire era palpable, y ambos sabían que tenían que enfrentar una situación complicada.
Fernando, con un aire decidido, le dijo a Selena: Ahora debemos empezar a actuar. No podemos tratarnos por nuestros nombres reales. Es esencial que les hagamos creer que estamos bien y que nuestra relación es maravillosa.
Selena, visiblemente sorprendida, preguntó: ¿Qué dices?.
Fernando continuó explicando: Mis padres vinieron a ver si realmente somos felices y estamos enamorados. Si no es así, van a quitarme la empresa y nos enviarán a vivir a su casa.
Selena abrió los ojos con asombro y exclamó: ¿Vivir con ellos? ¿Qué significa eso?.
Fernando respondió con calma: Ya verás cómo funciona todo.
Selena, aunque un poco inquieta, se recompuso y dijo: Si esa es la situación, puedo actuar. No te preocupes por eso.
Fernando miró a Selena y le dijo con confianza: Puedes hacerlo. Selena se rió con desdén y respondió: Claro que puedo hacerlo. Pero lo más importante es que te concentres en poner a Ligia en su lugar, ella es la que realmente puede causar problemas. Después de eso, comenzó a caminar hacia la sala.
Fernando la siguió de cerca y decidió llamar a Ligia. En ese momento, Selena se detuvo y lo miró, mientras Fernando se posicionaba a su lado. Ligia, al escuchar su nombre, respondió con un tono cariñoso: Dime, cariño.
Selena frunció el ceño, claramente incomodada por la situación. Sin embargo, Fernando intervino y le dijo con firmeza a Ligia: No me llames así, soy el señor de la casa, y Selena es la señora. Si vuelves a decir una imprudencia, te largas de esta casa. Si necesitas algo, habla con mi esposa.
Ligia, visiblemente molesta, interrumpió el ambiente tenso diciendo: ¿Acaso estás jugando, Fernando?
Selena, sin perder la compostura, miró a Ligia de pies a cabeza y le respondió con firmeza: ¿No escuchaste lo que dijo mi esposo? Tu imprudencia ha llevado las cosas a un punto sin retorno. Lo que hubo entre ustedes se ha terminado.
Ligia, al observar a Fernando, quien asintió y comentó: Selena tiene razón. Esto se acabó. Fue un gran error que no volverá a suceder. Ahora, solo dedícate a lo tuyo.
Con una risa sarcástica, Ligia replicó: ¿De verdad crees que él hará eso, Selena? Eres una imbécil. Hemos compartido demasiado tiempo juntos.
Selena, con determinación, declaró: Entonces, prefiero que recojas tus cosas y te marches ahora mismo.
Ligia soltó una risa estruendosa y exclamó: No puedes hacer eso, ¡no puedes despedirme!
Fernando, con calma, respondió: Por supuesto que puede hacerlo. Ella es la dueña y señora de esta casa, mi esposa.
Ligia lo miró con enojo y, con una mirada desafiante, le dijo: ¿Vas a permitir esto, Fernando?
Fernando, firme en su postura, contestó: Si no te comportas y no te mantienes en tu lugar, yo apoyaría a mi esposa.
Ligia, furiosa, dirigió su mirada hacia Selena, quien le advirtió: Tienes una sola oportunidad. Tú decides si la tomas o la dejas. Después de eso, Selena subió a su habitación, que ahora tenía que compartir con Fernando, para prepararse.