Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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11.. Un compromiso inesperado
La noche había caído sobre la residencia Beaumont.
Alisa permanecía sentada junto a la ventana de su habitación, abrazando sus rodillas mientras contemplaba la luna.
Pero no veía el cielo.
Solo podía recordar una y otra vez aquel momento dentro del carruaje.
El calor de los brazos de Arion.
Su voz pronunciando su nombre.
Y aquel beso...
Llevó lentamente la punta de sus dedos hasta sus labios.
Todavía podía sentirlo.
—¿Qué está pasando conmigo...? —susurró con el rostro completamente sonrojado.
Jamás imaginó que un hombre pudiera hacer que su corazón perdiera el control de aquella manera.
Luego recordó la propuesta que él le había hecho días atrás.
"Viva en mi residencia..."
En ese momento le había parecido una locura.
Ahora...
Ya no estaba tan segura.
—¿Y si acepto...?
Sacudió rápidamente la cabeza.
—¡No, Alisa! ¿En qué estás pensando?
Sin embargo, por más que intentara convencerse...
Su corazón siempre terminaba llevándola hasta el mismo hombre.
En la mansión del Archiduque...
El ambiente era completamente distinto.
Arion permanecía solo en una enorme sala iluminada únicamente por la luz de la chimenea.
Llevaba horas intentando leer un informe.
Había pasado la misma página más de diez veces.
No podía concentrarse.
Cada pensamiento terminaba llevándolo a Alisa.
Su sonrisa.
Su voz.
El beso.
Apretó el libro con fuerza.
—Esto no es normal...
Entonces...
Un dolor atravesó su pecho.
Cerró los ojos.
Durante un breve instante, sus pupilas se afilaron como las de una bestia.
Una energía oscura recorrió la habitación.
En el reflejo de la ventana, por un segundo, detrás de él apareció la silueta de un inmenso dragón negro.
Una voz profunda resonó dentro de su mente.
—Encuéntrala...
Arion apretó los dientes.
—Silencio.
—Es nuestra.
—No.
—Protégela.
—Lo haré.
—Hazla tuya.
Arion respiró con dificultad.
Era la primera vez en años que su parte dracónica se manifestaba con tanta intensidad.
El dragón dentro de él rugía desesperado.
No por conquistar un reino.
No por una batalla.
Sino por una sola mujer.
Y cada día que pasaba...
Aquella necesidad se volvía más difícil de controlar.
Al amanecer...
Todo el Imperio Cristal hablaba de una sola cosa.
—¿Escuchaste?
—Dicen que el príncipe heredero está enamorado de la hija del barón Beaumont.
—Incluso dicen que pronto anunciarán su compromiso.
—¡Qué suerte tuvo esa joven!
Los rumores crecían con rapidez.
Nadie sabía quién los había iniciado.
Pero habían llegado hasta cada rincón de la capital.
Incluso al Palacio Imperial.
El príncipe heredero escuchó aquellos comentarios.
Permaneció en silencio.
Y no hizo absolutamente nada para detenerlos.
En el fondo...
Esperaba que, al escucharlos, Alisa cambiara de opinión.
Cuando aquellas habladurías llegaron a la residencia Beaumont...
El barón Harold golpeó con fuerza su escritorio.
—¡Esto es inadmisible!
Los documentos salieron volando.
—¿Quién está inventando semejantes tonterías?
Alisa bajó lentamente la mirada.
Aquellos rumores no solo dañaban su reputación.
También comprometían el honor de toda su familia.
Respiró profundamente.
Entonces...
Una idea cruzó por su mente.
Una idea completamente descabellada.
Pero quizá...
La única capaz de terminar con todo aquello.
Levantó lentamente la vista.
—Padre.
Harold seguía caminando de un lado a otro.
—¿Sí?
—Creo que encontré una solución.
El barón la observó con atención.
—Te escucho.
Alisa respiró profundamente.
—Aceptaré la propuesta del Archiduque.
Harold abrió los ojos.
—¿Vivir con él?
Ella asintió.
—Pero pondré una condición.
El barón permaneció en silencio.
—No iré como una invitada.
Ni como una empleada.
Iré...
Como su prometida.
El silencio llenó por completo la habitación.
Harold tardó varios segundos en reaccionar.
—¿Estás segura de lo que dices?
Alisa asintió lentamente.
—Si todo el mundo cree que el príncipe desea casarse conmigo...
Entonces necesito demostrar que mi corazón ya pertenece a otra persona.
Además...
Así nadie volverá a intentar emparejarme con Su Alteza.
Harold la observó durante un largo rato.
Conocía a su hija.
Sabía que no tomaba decisiones impulsivas.
Finalmente sonrió con orgullo.
—Has crecido mucho.
Alisa sonrió con cierta timidez.
Aunque había una verdad que no fue capaz de decir en voz alta.
Aquella decisión...
Ya no era únicamente por los rumores.
Una parte de ella...
Deseaba estar cerca de Arion.
Esa misma tarde...
Harold y Alisa llegaron a la mansión del Archiduque.
Fueron recibidos en el gran salón.
Arion se puso de pie apenas la vio entrar.
Su mirada permaneció fija en ella.
Como siempre.
Harold habló primero.
—Archiduque...
Mi hija ha tomado una decisión respecto a su propuesta.
Arion dirigió toda su atención hacia Alisa.
Ella respiró profundamente.
Después levantó la mirada con determinación.
—Acepto vivir en su residencia.
Pero...
Solo si lo hago como su prometida.
Por un instante...
Hasta el tiempo pareció detenerse.
Los sirvientes intercambiaron miradas de sorpresa.
Harold contuvo una sonrisa.
Arion permanecía completamente inmóvil.
Solo sus ojos reflejaban una emoción que jamás había mostrado frente a nadie.
Se acercó lentamente.
Quedó frente a Alisa.
—¿Está segura?
Ella sostuvo su mirada.
—Sí.
Si usted también está dispuesto.
Una sonrisa, pequeña pero absolutamente sincera, apareció en los labios del Archiduque.
—No existe nada que desee más.
Entonces tomó con delicadeza la mano de Alisa y depositó un suave beso sobre sus dedos.
—A partir de hoy...
Nadie volverá a dudar de que usted me pertenece.
Alisa sintió cómo sus mejillas se teñían de rojo.
No sabía por qué.
Pero escuchar esas palabras...
Le hizo sentir que acababa de cruzar un camino del que ya no habría regreso.
Y, mientras todos celebraban aquel inesperado compromiso...
En el interior del corazón de Arion...
El dragón sonrió.
Porque, después de tanto tiempo...
Había conseguido aquello que más anhelaba.
Tener a Alisa cada día más cerca.
Y esta vez...
No pensaba dejar que nadie se la arrebatara.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/