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Atrapé Al Diablo

Atrapé Al Diablo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

La Academia Valmont lo tenía todo: lujo, poder y secretos. Entonces conocí a Matías Ferrer, el chico que parecía un ángel… y terminé atrapando al diablo.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18

El viernes por la mañana, mientras guardaba mis cuadernos en la mochila, me acerqué al asiento de Matías.

—Ferrer.

Levantó la vista del cuaderno.

—¿Qué quieres, Valmont?

—Necesito que hagas algo por mí.

—Eso suena peligroso —respondió con media sonrisa.

—Pasa a buscar a Valentina después de clases y traerla a la academia.

Enderezó la espalda de inmediato.

—¿Para qué?

—Porque hoy conocerá oficialmente al rector.

Y además pienso comprarle todo lo que necesite antes de que empiecen las clases.

Matías apoyó el lápiz sobre la mesa y me miró con esa mezcla de resignación y diversión que ya empezaba a conocer.

—No tienes por qué hacer todo esto.

—Ya es tarde —le respondí—.

Lo decidí ayer.

En ese momento Sofía apareció a mi lado como una sombra.

—Pobrecita Valentina.

—¿Por qué pobrecita? —

pregunté confundida.

—Porque cuando a ti se te ocurre algo, nadie sale ileso.

—Qué exagerada.

—¿Exagerada?

Una vez compraste siete libretas iguales porque no podías elegir un color.

—¡Era una situación complicada! —

Protesté.

Matías soltó una risa breve.

—Creo que esta vez Sofía tiene toda la razón.

—Son insoportables los dos —dije fingiendo molestia.

—Y tú eres demasiado generosa con nosotros —murmuró ella cruzándose de brazos.

El timbre anunció el cambio de clase y regresamos a nuestros lugares.

Durante toda la mañana, sorprendí a Matías mirándome más veces de lo normal:

Fingía escribir en sus apuntes, pero era pésimo ocultarlo.

Cada vez que nuestras miradas se cruzaban, apartaba la vista con una rapidez sospechosa, como si lo hubieran descubierto haciendo algo prohibido.

Al terminar las clases bajé al estacionamiento y esperé junto a mi auto.

Pocos minutos después llegaron ellos:

Matías caminaba despacio, y Valentina iba a su lado con una coleta desordenada y una sonrisa tan grande que parecía llevarse toda su cara.

Traía una mochila pequeña al hombro y esa energía desbordante que solo tienen los niños cuando saben que algo maravilloso está por ocurrir.

—¡Amalia! —

gritó al verme.

—Hola, princesa.

La niña casi corre hacia mí y frena justo antes de abrazarme las piernas, mirándome con los ojos brillantes.

—¿De verdad voy a conocer al rector?

—Sí —le dije—, pero primero te advierto algo:

tiene la costumbre de llamarme princesa delante de todo el mundo.

Valentina abrió los ojos, encantada.

—¡Eso es precioso!

—Es una humillación pública —corregí.

—Es precioso —repitió ella, sin dudarlo ni un segundo.

Matías negó con la cabeza mientras abría la puerta del auto.

—Yo no me meto en esta discusión.

—Cobarde —le dije riendo.

—Realista —respondió él.

Valentina se acomodó atrás y pegó la cara al cristal apenas arrancamos.

Conduje hasta la academia: a esa hora ya casi no quedaban estudiantes, y el sol de la tarde bañaba los senderos de piedra dándole al lugar un aire tranquilo y casi irreal.

—Es más bonita de lo que imaginé —susurró ella.

—Y no has visto todavía la biblioteca.

—¿Tiene dos pisos?

—Tiene cuatro.

—Entonces sí que me voy a desmayar —admitió con una risita.

Estacioné frente al edificio principal.

—Vamos —les invité—.

Alguien está muy ansioso por conocerte.

Valentina tomó mi mano sin dudarlo, apretando mis dedos pequeños con una confianza que me llenó el pecho.

Matías caminaba a nuestro lado, callado como siempre, pero más relajado que de costumbre.

Tal vez sabía lo importante que era este momento para ella…

Y quizás, también para él.

Justo antes de entrar al edificio, Valentina levantó la vista hacia mí.

—Amalia…

¿Crees que el rector también será bueno conmigo?

Le acomodé un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja.

—Si no lo es, tendrá que vérselas conmigo.

Ella soltó una carcajada y apretó mi mano con más fuerza.

Y mientras avanzábamos hacia la rectoría, supe con certeza:

aquel viernes no era solo una visita.

Era el comienzo de algo que cambiaría nuestras vidas para siempre.

¿Cómo iba a imaginar que una simple invitación terminaría acercando nuestros corazones más de lo que cualquiera de nosotros estaba preparado para admitir?

 

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