Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante
NovelToon tiene autorización de Lariel Flowers para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
13
El aroma del pescado asándose sobre las brasas llenó el aire.
Laira había encontrado algunas hierbas silvestres y unas hojas aromáticas que envolvían la carne mientras se cocinaba lentamente.
Asterion observaba el fuego.
No recordaba la última vez que alguien hubiera cocinado para él.
Probablemente...
Hacía siglos.
Laira retiró uno de los pescados con una rama.
—Creo que ya está.
Le entregó una porción.
Él la aceptó sin decir una palabra.
Durante unos minutos solo se escuchó el crepitar de la leña.
Laira terminó su comida antes que él.
Lo observó de reojo.
Esperó.
Y esperó un poco más.
Finalmente sonrió.
—Está delicioso.
Asterion levantó apenas la vista.
—Es comestible.
Ella soltó una risa.
—Eso no cuenta.
Él continuó comiendo.
—Cumple su función.
—Tampoco.
Laira apoyó los codos sobre las rodillas.
—Vamos...
Admítalo.
Está delicioso.
Asterion permaneció unos segundos en silencio.
Después dejó escapar un leve suspiro.
—Está...
Bien preparado.
La sonrisa de Laira se hizo enorme.
—¡Lo sabía!
El Archimago negó apenas con la cabeza.
—No se acostumbre.
—¿A cocinar rico?
—A conseguir que le dé la razón.
Ella rió con ganas.
—Creo que será imposible.
Por un instante, incluso el bosque pareció sentirse más cálido.
La noche volvió a envolver el campamento.
Laira terminó de guardar lo poco que quedaba de la cena.
Se estiró con un enorme bostezo.
—Buenas noches...
No alcanzó a decir nada más.
Se dejó caer sobre el pequeño montón de mantas improvisadas.
Y quedó profundamente dormida casi al instante.
Asterion la observó unos segundos.
—Increíble...
Dormía tan rápido como un niño.
Añadió unas ramas al fuego.
Luego volvió a ocupar su lugar, sentado contra una enorme roca mientras vigilaba los alrededores.
Como la noche anterior...
No dormiría.
El bosque permanecía tranquilo.
El sonido del río era constante.
Las estrellas comenzaban a aparecer entre las copas de los árboles.
Todo estaba en calma.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
Tal vez una hora.
Tal vez dos.
Cuando escuchó un pequeño murmullo.
Giró la cabeza.
Laira seguía dormida...
O al menos eso parecía.
Fruncía ligeramente el ceño.
Movía una mano buscando algo.
Después se dio la vuelta.
—Mmm...
Qué duro...
Volvió a acomodarse.
Cinco segundos después volvió a quejarse.
—No...
Así tampoco...
Asterion observaba la escena con absoluta seriedad.
La joven seguía completamente dormida.
Ni siquiera había abierto los ojos.
Simplemente...
Se estaba quejando entre sueños.
Laira comenzó a mover una mano sobre el suelo.
Palpaba las mantas.
Una piedra.
Un tronco.
Nada parecía convencerla.
—No...
Muy duro...
Siguió buscando.
Sin abrir los ojos.
Gateó lentamente unos centímetros.
Después otros.
Asterion arqueó una ceja.
—¿Qué está...?
Antes de que pudiera terminar el pensamiento...
Laira llegó hasta donde él estaba sentado.
Encontró algo que parecía cómodo.
Sonrió medio dormida.
Y, con toda la naturalidad del mundo...
Apoyó la cabeza sobre las piernas del Archimago.
Suspiró satisfecha.
—Así...
Mucho mejor...
Y volvió a quedarse profundamente dormida.
El tiempo pareció detenerse.
Asterion permaneció completamente inmóvil.
Miró a la joven.
Luego sus propias piernas.
Después volvió a mirarla.
No entendía qué acababa de ocurrir.
"¿Está... usando mis piernas como almohada?"
Jamás.
En cuatrocientos años.
Nadie había hecho algo semejante.
Ni un rey.
Ni un aprendiz.
Ni un amigo.
Porque hacía siglos que no tenía ninguno.
Podía apartarla.
Bastaba un pequeño movimiento.
Sin embargo...
No lo hizo.
Observó el rostro tranquilo de Laira.
Respiraba con una calma absoluta.
Como si supiera, incluso dormida, que nada malo podría ocurrirle mientras él estuviera allí.
Aquella confianza...
Era tan absurda como desconcertante.
Asterion levantó lentamente la vista hacia el cielo estrellado.
—Eres un verdadero problema...
Murmuró en voz tan baja que ni el viento pudo escucharlo.
Y permaneció inmóvil el resto de la noche.
No porque no pudiera apartarla.
Sino porque, por alguna razón que aún se negaba a comprender...
No quiso despertarla.