NovelToon NovelToon
El Refugio Del Depredador

El Refugio Del Depredador

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Leonela no es una mujer de armas, pero su voz es un látigo de verdad y su presencia, un muro inamovible frente a su hijo, Santiago. Cuando una red de traiciones familiares amenaza con arrebatarle lo único que ama, Leonela se ve obligada a aceptar un matrimonio por contrato con el hombre que personifica todo lo que ella teme: Gael.
​Gael es un titán cruel y posesivo. No hace tratos por generosidad; él "colecciona" lo que desea, y ha deseado a Leonela desde el momento en que la vio defender a su hijo con la dignidad de una reina en ruinas. Lo que Gael no espera es que su nueva "adquisición" no agacha la cabeza.
​En medio de una guerra de poder, el pequeño Santiago, con su curiosidad implacable, se convierte en el único capaz de desarmar la mirada devoradora de Gael, mientras Leonela descubre que el peligro más grande no es el mundo exterior, sino la intensidad eléctrica que siente cada vez que Gael fija sus ojos en ella.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 3

​El silencio en el piso cincuenta y nueve no era pacífico; era la quietud densa que precede a una ejecución. Tras el chasquido del bolígrafo de Gael sobre la mesa, el aire pareció perder todo el oxígeno. Las luces de la ciudad, un tapiz de destellos amarillos y azulados a través de los inmensos ventanales, enmarcaban la silueta del hombre que controlaba los hilos del puerto. Sin embargo, la iluminación del despacho era escasa, concentrada en el perímetro del escritorio de mármol, dejando las esquinas sumergidas en una penumbra donde las sombras parecían cobrar vida propia.

​Gael permanecía inmóvil, reclinado en su sillón de cuero negro. Sus ojos grises, fijos en Leonela, no parpadeaban. Era una mirada que no se limitaba a registrar su presencia; la desnudaba, la tasaba, la "devoraba" con una fijeza implacable que buscaba el punto exacto donde su resistencia se rompería. Examinó el temblor casi imperceptible de sus manos, la palidez de su cuello y la forma en que el vestido de punto negro se adhería a su cuerpo, revelando la agitación rítmica de su pecho. No había lascivia ordinaria en su escrutinio, sino la frialdad de un cirujano y la soberbia de un dueño que contempla una propiedad valiosa que finalmente ha entrado en su territorio.

​Leonela sentía que las piernas le pesaban como el plomo, y por dentro, un temblor helado amenazaba con deshacer la rigidez de su postura. Cada instinto biológico le gritaba que diera un paso atrás, que bajara la cabeza y suavizara la voz para aplacar al depredador.

El calor que emanaba de la presencia de Gael cruzaba la distancia entre ambos, un magnetismo animal, sofocante, que hacía que el aroma a sándalo y tabaco caro se sintiera como una presión física en sus pulmones. Sus pezones, endurecidos por la ráfaga de adrenalina y el aire acondicionado del despacho, se marcaban contra la tela fina del vestido, una traición de su propio cuerpo que delataba la intensidad sensorial del encuentro.

​Sin embargo, Leonela clavó los tacones en el suelo de mármol y le sostuvo la mirada. Sus ojos oscuros, encendidos por el recuerdo de la diana roja sobre la foto de Santiago, se fijaron en las pupilas dilatadas del titán naviero.

​—¿Vas a quedarte ahí sentado mirándome como si fuera mercancía, Vancini, o vas a escuchar por qué Julián está dispuesto a quemar mis propiedades esta misma noche?

—preguntó ella.

​Su voz no tembló. Salió con una franqueza cortante, un sonido limpio y afilado que rasgó la atmósfera sagrada del despacho. Era un tono que no pertenecía a una suplicante, sino a alguien que entendía el valor de lo que ponía sobre la mesa.

​Un destello de sorpresa, tan rápido como un relámpago, cruzó las facciones de mármol de Gael. Sus cejas oscuras se poblaron apenas un milímetro. En su mundo, los hombres fuertes flaqueaban ante su presencia y los secretarios bajaban la cabeza antes de que él terminara de formular una orden. Nadie, absolutamente nadie, le miraba a los ojos con esa fijeza desafiante, y mucho menos una mujer que lo había perdido todo y que dependía de su capricho para sobrevivir.

​Lentamente, Gael se inclinó hacia adelante, saliendo de las sombras que lo protegían. La luz dorada de la lámpara de alabastro iluminó por completo su rostro. Tenía una pequeña cicatriz que le cruzaba el labio superior, un detalle rudo que humanizaba su belleza implacable. Su camisa gris, abierta en los dos primeros botones, dejaba ver la base de un cuello poderoso y el inicio de un pecho firme, donde el latido de su corazón parecía mantenerse bajo un control antinatural. Apoyó los antebrazos sobre el mármol negro, reduciendo la distancia física entre ambos.

​—Tienes agallas, leona —dijo él, y su barítono profundo vibró en el espacio, una percusión baja que Leonela sintió directo en el vientre—. Viniste a la boca del lobo vestida de luto, armada solo con tu lengua, a decirme cómo debo manejar mis puertos. Tu padre murió debiéndome millones, tu tío huyó con las pocas garantías que quedaban, y tú pretendes negociar conmigo usando el nombre de una hiena como Julián.

​—Julián no es una hiena cualquiera, es la que está a punto de quedarse con la ruta de acceso al muelle 14 porque tu seguridad perimetral tiene un punto ciego —replicó ella, dando dos pasos firmes hacia el escritorio. La seda de su ropa interior crujió sutilmente con el movimiento, un detalle auditivo que no escapó al oído entrenado de Gael—. Las escrituras que mi tío se llevó no eran de los terrenos del norte, Vancini. Esas eran falsas. Las verdaderas, las que dan los derechos de servidumbre sobre el camino que conecta tu terminal con la autopista principal, las tengo yo. Registradas bajo un fideicomiso que Julián no puede tocar legalmente... a menos que yo muera.

​Gael la observó mientras ella hablaba, fascinado por la metamorfosis de la mujer. Vio cómo el pánico evidente de sus ojos se transformaba en una resolución mortal en cuanto mencionaba la estrategia. La sensualidad de la confrontación se volvió asfixiante; la proximidad permitía a Gael percibir el jazmín dulce de la piel de Leonela, un contraste violento con el olor a pólvora e industria que solía rodearlo. Sus ojos grises descendieron un instante por la línea de su cuello, deteniéndose en el pulso rápido que latía en su garganta, para luego volver a clavarse en sus ojos oscuros.

​—Si Julián te mata, el fideicomiso se disuelve y los terrenos pasan al Estado, lo que detendría mis operaciones por meses debido a la burocracia —analizó Gael, su mente corporativa desglosando la jugada en un segundo. Se puso de pie con una agilidad felina, revelando su estatura imponente. Rodeó el escritorio con pasos lentos, deteniéndose a escasos centímetros de ella.

​Leonela no retrocedió, aunque el calor que emanaba de su cuerpo desnudo bajo la ropa de sastre casi la obligaba a jadear. Sentía la dureza de su presencia, la estática que se creaba entre la seda de ella y el lino de él. Gael extendió una mano larga, con dedos fuertes y curtidos, y levantó el rostro de Leonela por la barbilla. El contacto de su piel caliente contra la palidez de ella hizo que un gemido mudo se ahogara en la garganta de la mujer.

​—Me gusta la gente que sabe defenderse, Leonela —susurró él, su aliento con sabor a tabaco y licor rozando sus labios—. Pero odiaría descubrir que viniste a mi oficina a mentirme para salvar la cabeza de tu hijo. Si descubro que esas escrituras no existen, yo mismo te entregaré a Julián.

​—No te miento, Vancini —respondió ella, su voz bajando a un tono peligrosamente suave, casi íntimo, sin retirar la barbilla de sus dedos—. Compruébalo tú mismo. Pero hazlo rápido, porque las cuarenta y ocho horas de tu nota ya están corriendo, y no tengo intenciones de dejar que esa hiena se acerque a mi hijo.

​Gael la soltó lentamente, deslizando el pulgar por la línea de su mandíbula en una caricia que pareció más una amenaza que un gesto de afecto, dejando la piel de Leonela encendida. La fascinación en los ojos del titán era ahora absoluta; había encontrado una resistencia digna, una pieza que no encajaba en su colección de sumisiones.

Gael regresando a su mesa para descolgar el teléfono encriptado, mientras Leonela, con el pecho subiendo y bajando violentamente bajo el vestido negro, comprendía que había logrado detener el primer golpe, pero que el precio de su alianza con el lobo apenas comenzaba a calcularse en el mercado negro de su libertad.

1
Celina Espinoza
sgddyf HH cfffnfdgñhcefghXfdsjxdhvcczdg.vccfbmbcfssgmvxfdhojcdtlnvzxfhvnx
neumidia ruiz
listo Gael el niño ya toco tu corazón no te hagas el duro
neumidia ruiz
esta muy interesante 👍 pinta buena
Celina Espinoza
super buena 🙏🥰
valeska garay campos
se lee interesante 👀
celimar
exelente capitulo 🥰👏👏
Joanny Millán
me encanta 😍
Fernanda
👍👍 excelente
Celina Espinoza
exelente capitulo 🥰🥰
Fernanda
es increíble el nene con cada pregunta 👍👏y Gael siempre queda 🤭
Fernanda
👍👍👏
Celina Espinoza
me encanta cada episodio 👏🥰y cada interacción de el niño me muero
Fernanda
me encanta santiago siempre tiene una nueva curiosidad 👍🥰
celimar
me encanta como Santiago entra como dueño de su casa 🤭🥰y pone a Gael nervioso con cada pregunta 🥰
celimar
exelente 👏🥰me gusta
Fernanda
👍👍❤️
celimar
me gusta tu historia gracias por compartirla 👏🥰
Fernanda
👍👍🥰
Fernanda
el niño es muy curioso 🥰☺️🤭le da el toque de humanidad al prota
Celina Espinoza
👏🥰gracia me gusta tu historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play