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UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Padre soltero / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:478.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Meraki...06

Leonardo Fontana, es un joven de 22 años, italiano, heredero de una importante casa de moda. Acostumbrado a una vida de excesos, se ve forzado a madurar de la noche a la mañana, y reacomodar su vida a los nuevos desafíos que le trae.

NovelToon tiene autorización de Meraki...06 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

Valeria

Los días después de la visita de los padres de Leonardo fueron un torbellino.

Isabella Fontana se convirtió en una presencia constante en el penthouse. Llegaba cada mañana con bolsas de ropa para los mellizos bodys de algodón egipcio, mantas de cachemira, juguetes de madera que costarían mi alquiler de dos meses y se quedaba horas acunando a Tomas y Lucía con una devoción que no había visto en nadie.

—No necesitas traer todo esto

le dijo Leonardo una mañana, mientras yo intentaba encontrar espacio en el armario que ya desbordaba de ropa infantil.

—Tienen más ropa que yo.

—No es suficiente

respondió su madre, con la firmeza de quien ha tomado una decisión.

— Mis nietos van a tener lo mejor.

—Ya tienen lo mejor, mama. Tienen a Vale.

Isabella me miró con esos ojos que parecían verlo todo. En la semana que llevaba conociéndola, había aprendido que Isabella Fontana no decía nada sin pensarlo, y que su silencio podía ser más elocuente que cualquier palabra.

—Sí

dijo finalmente, con una sonrisa que me desarmó

— Eso también.

Para la segunda semana, los mellizos empezaron a mostrar su personalidad.

Tomas era el observador. Se pasaba horas mirando todo lo que le rodeaba con una intensidad que no parecía propia de un bebé de casi siete meses. Cuando yo entraba por la mañana, él ya estaba despierto en su cuna, mirando el móvil de colores que Leonardo había colgado sobre ella, moviendo sus manitas como si intentara atrapar los colores.

—Es igual a ti

le dije a Leonardo una mañana, mientras Tomas nos observaba desde su cuna.

—¿Yo también miro así?

—Así. Como si quisieras entender cómo funciona todo antes de decidir si te gusta.

Leonardo se acercó a la cuna y Tomas estiró sus brazos hacia él. El gesto era nuevo. Hasta hacía unos días, los mellizos aceptaban los brazos de Leonardo con la misma indiferencia con la que aceptaban los míos. Pero ahora Tomas lo buscaba. Lo reconocía.

—¿Ves?

dije, con un nudo en la garganta.

— Ya sabe quién eres.

Leonardo tomó a Tomas en brazos y el bebé se acurrucó contra su pecho con una confianza que me hizo doler el corazón.

—Gracias a ti

dijo, sin mirarme.

— Si no hubieras estado aquí...

—Hubieras aprendido igual. Tardabas más, pero hubieras aprendido.

—No estoy tan seguro.

Se quedó callado un momento, acunando a Tomas con ese movimiento suave que ya había perfeccionado. El sol de la mañana entraba por los ventanales y bañaba la escena con una luz dorada que parecía sacada de una película.

—Vale

dijo, con esa voz que usaba cuando quería decir algo importante.

— Lo que dije el otro día, delante de mis padres...

—No hace falta que hablemos de eso.

—Pero quiero hacerlo.

Tomas empezó a gimotear, como si supiera que estábamos a punto de tener una conversación incómoda. Leonardo lo movió de posición, lo puso contra su hombro, y el bebé se calmó casi de inmediato.

—No fue un arrebato

dijo.

— No fue por la presión de mis padres. Lo que dije... que eres la persona más importante en la vida de mis hijos y en la mía... lo decía. Lo digo.

—Leonardo...

—No te estoy pidiendo nada

me interrumpió, con una prisa que delataba su nerviosismo.

— Solo quiero que lo sepas. Para que no pienses que fue un impulso. Para que sepas que yo...

Tomas eructó contra su hombro con un sonido tan oportuno que los dos nos reímos. La tensión se rompió, pero no desapareció. Quedó flotando en el aire como una promesa que ninguno de los dos sabía cómo cumplir.

—Tienes leche de fórmula en la camisa

dije, señalando la mancha blanca que le cubría el hombro.

—¿De verdad?

se miró, y su expresión de horror me hizo reír de verdad.

— ¿Cómo no me di cuenta?

—Porque estabas muy ocupado siendo sincero.

—Es una mala costumbre. Tendré que trabajar en eso.

—Sí. Trabaja en eso. Y mientras tanto, yo voy a preparar los biberones. Porque si no, dentro de diez minutos Lucía va a despertar y vas a tener dos bebés hambrientos y una camisa llena de leche.

Me fui a la cocina con el corazón latiendo más rápido de lo que debería. Y cuando oí que Leonardo le hablaba a Tomas en voz baja, con esa voz que ya conocía, la que usaba cuando creía que nadie lo escuchaba, me quedé quieta detrás de la isla para oírlo.

—Tu mama no quiere que le diga nada

decía, y mi corazón dio un vuelco.

—.Pero yo voy a seguir diciéndolo. Y algún día, cuando esté lista, me va a escuchar. ¿Verdad, Tomas?

Tomas hizo un sonido que pudo ser un balbuceo o pudo ser un sí. Yo me mordí el labio para no llorar, y preparé los biberones con las manos temblorosas.

A la tercera semana, los mellizos cumplieron siete meses.

Fue Isabella quien lo recordó. Llegó una mañana con una tarta pequeña para celebrar, dijo y una cámara de fotos que no había usado en años.

—Tu padre y yo queremos una foto de los cuatro

dijo, mientras yo intentaba arreglarme el pelo delante del espejo del baño.

—Para el álbum familiar.

—Señora Fontana, yo no...

—Valeria

me interrumpió, con ese tono que no admitía réplica.

—En esta familia, cuando alguien cuida de mis nietos como si fueran suyos, es familia. Así que siéntate en ese sofá, coge a Lucía, y sonríe para la foto.

No tuve opción. Me senté en el sofá con Lucía en brazos. Leonardo se sentó a mi lado con Tomas. Y cuando Isabella levantó la cámara, algo pasó.

Lucía me agarró el dedo con su manita diminuta. Tomas apoyó su cabeza contra el pecho de Leonardo. Y Leonardo, en lugar de mirar a la cámara, me miró a mí.

—Miren a la cámara, los dos

dijo Isabella, con una sonrisa que delataba que había visto la mirada de su hijo.

Leonardo apartó la vista, pero no antes de que yo viera algo en sus ojos que no sabía cómo nombrar. Algo que hacía que mi estómago se revolviera y mi corazón se acelerara al mismo tiempo.

El flash de la cámara nos cegó por un segundo.

—Otra

dijo Isabella.

—Pero esta vez quiero una sonrisa de verdad, no esa cara de torturados.

—Mama, no somos modelos...

—Son mis nietos y quiero una foto bonita. Así que sonrían.

Sonreímos. Y cuando Isabella nos enseñó la foto, tuve que admitir que era bonita. Leonardo con Tomas en brazos, yo con Lucía, los cuatro juntos en el sofá de un penthouse que ya no parecía tan frío.

—Esta va al marco de la entrada

dijo Isabella, con una satisfacción que me hizo reír

—Y la próxima vez que venga tu padre, quiero una de los cinco. Con él incluido.

—Mama, papà no se va a dejar hacer una foto...

—Ya veremos.

Isabella guardó la cámara con la seguridad de quien sabe que siempre se sale con la suya. Y cuando se fue, dejando tras de sí el olor a su perfume y una bolsa nueva de ropa para los mellizos, el penthouse quedó en silencio.

—Esa foto

dijo Leonardo, con la voz más baja de lo normal.

— ¿Te importa que la tenga?

—¿Por qué me iba a importar?

—Porque no sé... porque quizá no quieras que tu cara esté en la casa de unos desconocidos.

—Leonardo, llevo viniendo aquí todos los días. Tus hijos me llaman mama cuando balbucean. Tu madre me trae tarta para celebrar los siete meses de los mellizos. No creo que sea una desconocida.

—Entonces

dijo, con una sonrisa que le iluminó la cara.

— ¿puedo ponerla en el marco de la entrada?

—Ponla donde quieras. Pero si la pones en tu habitación, te juro que me voy.

—¿Y si la pongo en la cocina?

—La cocina está bien.

—¿Y en el pasillo?

—También.

—¿Y en el salón?

—Leonardo...

—¿Y en mi mesa de noche?

Me levanté del sofá antes de que pudiera verme sonrojar. Cogí a Lucía, que empezaba a gimotear con hambre, y me fui a la cocina a preparar los biberones.

—¡La pongo en la entrada!

gritó él desde el salón, con una risa en la voz.

—¡En la entrada, que es un lugar neutral!

—Haz lo que quieras

grité de vuelta, pero sonreía. Sonreía como no había sonreído en mucho tiempo.

1
Gladys Dona
Hermosa novela Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Muy linda novela tienes mucho talento para redactar lo único que me hubiese gustado que pusieras rostro a tus personajes Felicitaciones 👏
Gladys Dona
Como me gustaría que todos los jueces vieran la otra cara de la moneda acá Argentina cuantos casos que tenían la tenencia la madre si se les puede llamar madre y los terminaron matando a golpes una era lesbiana y junto a la pareja le pegaban otra se junto con un drogadicto para que no molestara le daban droga en el biberón por eso acá el juez hizo justicia
Gladys Dona
Es una sinvergüenza ella quiere a Leo su poder dinero realmente lo que menos les interesa son los niños
Gladys Dona
Después de abandonarlo viene que quiere verlos prefirió su carrera en ves de criar a sus hijos porque no hablo con Leonardo y después que tome una decisión la hizo más fácil dejarlos en una canasta no tienes derecho perdiste todo cuando los abandonaste solo te intereso tú carrera ahora deja de hacerte la víctima sos una zorra
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Creo que la madre de los niños es Valeria
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Ese tiene el cerebro plano no se da cuenta..o no quiere darse cuenta que ella no tiene dinero bastante
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Madre mía no se cómo no embarazó a más mujeres
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Eso le pasó por imbécil.mujeriego jajajaja ándale como suelen. los mexicanos
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Es un inmaduro y un imbécil está completito 😂😂😂que asco solo piensa con la cabeza de abajo
Gladys Dona
Ser pobre no es deshonra tú te esfuerza para salir adelante para el día de mañana ser alguien y no seguir trabajando de empleada que también es un trabajo digno pero al ser tan joven quieres progresar eso esta buenísimo
Gladys Dona
Leonardo tendrías que ofrecerle trabajo vos para cuidar los bb y ella ganaría buen sueldo para sus estudios
Gladys Dona
Y algún día a lo mejor aparezca porque quiere verlos o porque los extraña no creo que le sea tan fácil llevarlos 9 meses después dejárselo al padre ni una hiena abandona sus hijos
Gladys Dona
Realmente lo que menos piensa es acentar cabeza solo joda mujeres total el dinero no le hace falta lo único que queda que el padre le bloque tarjetas le saque el auto y así pueda ser que se ponga las pilas
Dignorah Vadell
Bella historia, felicitaciones y que tenga exito en las que escriba, que nos sigan entreteniendo
Purificacion Perez del Cerro
fotos de los personajes
Isabel Santibañez
me gusta
Isabel Santibañez
buen comienzo.
Gabriela Arron
maldita zorra,lo único que quería es la plata!! miserable 😠😠
Gabriela Arron
pero que asco de mujer, patética y zorra y mala madre, porque no le importan los hijos,solo quiere a Leo😠😠
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