Laura ya nos entregó su alma y el eco de sus suspiros, pero Él seguía siendo un enigma. Envuelto en un silencio peligroso, Adrián guardaba deseos y secretos que nadie logró desvendar... hasta hoy.
Ha llegado el momento de cruzar la línea. En esta entrega, nos sumergiremos en sus abismos más profundos para entender la intensidad de sus impulsos y la verdad tras su frialdad. Tres años después, la piel no ha olvidado y el destino los obliga a colisionar de nuevo.
¿Fue lo suyo una pasión inquebrantable o solo un placer oscuro que se consumió hasta hacerse cenizas? El fuego está a punto de reavivarse.
Déjate seducir por su verdad. Las invito a leerla de inmediato.
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Capítulo 3: La Verdad del Deseo.
La ciudad amaneció bajo una neblina densa, pero nada era tan turbio como el aire que yo respiraba en mi oficina.
Me serví un whisky doble, demasiado temprano para la mayoría, pero el momento perfecto para un hombre que no duerme porque prefiere vigilar sus dominios.
Había traído a esa mujer a mi oficina, una modelo cuyo nombre olvidé apenas bajó de su coche, por una sola razón: necesitaba una distracción carnal que me ayudara a sacar a Laura de mi sistema, o mejor dicho, que me ayudara a doblegarla.
Quería que Laura entendiera, con la brutalidad de la imagen, que en mi mundo los sentimientos son un lastre.
La rubia no era más que un instrumento, un objeto de carne diseñado para recibir mi impaciencia y servir de advertencia para la virgen que acechaba en el pasillo.
Sabía que Laura estaba detrás de la puerta; podía oler su agitación, ese rastro de jabón y audacia que empezaba a filtrarse por las rendijas del roble.
Mantenía a la mujer rubia presionada contra el mármol frío de mi escritorio. Sus gemidos eran un ruido de fondo, una estática necesaria para el escenario que estaba montando. La tomaba con una fuerza bruta, rítmica, sintiendo cómo el vestido de seda se arrugaba bajo mis manos, pero mis sentidos no estaban en ella. Estaban en el pomo de la puerta que empezaba a girar.
Cuando Laura empujó la madera y entró, no aparté la vista. La vi palidecer, vi cómo sus pupilas se dilataban bajo sus anteojos mientras el sonido de nuestra carne chocando llenaba el silencio.
Fue un momento de una pureza erótica absoluta: yo, hundiéndome en otra mujer mientras devoraba el alma de Laura con la mirada.
—No te detengas... —suplicó la idiota que tenía debajo, arqueando la espalda.
Apreté el ritmo, volviéndome más salvaje, más deliberado. Quería que Laura viera cada movimiento, que escuchara la humedad de la penetración, que sintiera el calor de mi excitación vibrando en el aire.
La usé a ella como un instrumento para profanar la mente de mi asistente. Cada embestida era un mensaje grabado a fuego en su conciencia: Mira cómo rompo lo que toco. Mira qué poco me importa la ternura.
—Vete. El café llegará tarde hoy —ordené, mi voz saliendo sin un solo rasguño de fatiga, aunque mis músculos ardían.
La vi huir, y por primera vez en años, sentí una erección que dolía de pura anticipación. El espectáculo no era para mí, era para marcarla.
Minutos después, cuando entró de nuevo, el aire cambió. Ya no era la niña asustada. Traía el informe y una mirada cargada de un despecho tan oscuro que me hizo querer arrastrarla sobre ese mismo escritorio en ese mismo instante. Dejó los papeles justo donde la otra había dejado su rastro, un acto de rebeldía que me hizo sonreír internamente.
—¿Te ha gustado el espectáculo? —pregunté, deleitándome en la forma en que mi perfume y el olor del sexo reciente la golpeaban.
Me levanté, sintiendo la tensión en mis pantalones, y la acorralé contra el mármol. Estaba tan cerca que podía ver el pulso acelerado en su cuello, esa invitación silenciosa a morder.
Enrosqué un mechón de su pelo en mi dedo, tirando lo suficiente para que echara la cabeza atrás, exponiendo su garganta.
—Ella es solo un cuerpo. Tú... tú vas a ser mucho más que eso —le susurré, dejando que mi aliento caliente humedeciera su piel.
Le ordené limpiar la mancha de la otra...
Quería humillarla, sí, pero también quería que sus manos tocaran el rastro de mi placer, que se impregnara de mi mundo más sucio. Quería que ese olor la persiguiera, que se le metiera por los poros y la hiciera mojarse mientras servía mi café, sabiendo que yo soy el único fuego que puede consumirla.
La vi salir con los hombros tensos y supe que la había ganado. Ya no era una hoja en blanco; acababa de derramar mi tinta negra sobre ella, y la mancha era permanente.
Días después...
A las seis, le envié el mensaje. Sabía que estaría despierta, probablemente repasando en su mente la mancha que la obligué a limpiar ayer, sintiendo todavía el fantasma de mi voz en su nuca.
El vestido de seda que hice dejar en su escritorio era una trampa de tela negra: casto por delante, pero con una espalda tan desnuda que invitaba a cualquier hombre a imaginar el resto.
Cuando la vi aparecer en la oficina, mis pantalones se tensaron. Ya no era una hoja en blanco; empezaba a ser una obra escrita con mi letra más oscura.
La llevé al "The Vault". Los alemanes son animales de costumbres: necesitan ver poder real para soltar el dinero. Y el poder real no es una hoja de cálculo, es la capacidad de poseer el libre albedrío de otro ser humano.
El club nos recibió con ese latido de bajos que se siente en la entrepierna. La luz roja bañaba la piel de Laura, haciéndola parecer una fruta prohibida en un mercado de pecadores.
—Los alemanes valoran la honestidad —le susurré, disfrutando de cómo se estremecía al sentir mi aliento—. Aquí no puedes ocultar lo que deseas.
Y lo que ella deseaba, aunque su mente de niña buena lo negara, era ser el centro de mi depravación.
En el reservado, Klaus y sus secuaces la miraron como buitres hambrientos. "La hoja en blanco", dijeron.
La puse frente a ellos como un trofeo de caza. Durante la reunión, mientras hablábamos de puertos y millones, mi mano se encargó de recordarle quién era su dueño. Deslicé mis dedos por su espalda descubierta, bajando milímetro a milímetro hasta el borde de la seda, sintiendo su piel erizada, sus músculos tensos por el esfuerzo de no gemir frente a esos extraños.
—Laura sabe que en mi empresa, el límite lo pongo yo —dije, y mis ojos le dieron la orden silenciosa.
La hice sentarse en la plataforma. La vi luchar con el pánico y ganar, alimentada por esa lujuria retorcida que yo mismo le había inyectado.
Le quité los anteojos...
Quería que estuviera indefensa, que su mundo fuera un borrón de luces rojas donde solo mi voz tuviera nitidez.
—Observa cómo se comporta alguien que ha sido moldeado por mi voluntad —le solté a Klaus.
La obligué a exponerse...
La obligué a desabrocharse mientras yo hablaba de cláusulas de rescisión. El contraste era glorioso: mi voz fría y profesional discutiendo logística, mientras mis ojos devoraban la forma en que sus dedos temblorosos revelaban su piel a la mirada lasciva de los alemanes.
Ver a Laura humillada por su propia excitación, siendo usada para cerrar un trato de mil millones, fue más excitante que cualquier acto sexual convencional.
Klaus firmó. No tenía opción. Estaba hipnotizado por la oscuridad que yo emanaba a través de ella.
Cuando se fueron, el silencio en el reservado era denso, casi sólido. Ella intentaba cubrirse, temblando, rota y despierta a la vez.
—Me ha usado —dijo. Su voz era música para mis oídos.
—Te he mostrado el mundo real, Laura —le respondí, sin una pizca de remordimiento.
Me acerqué y le puse los anteojos con una calma que sabía que la desquiciaba. La quería de vuelta en su disfraz de secretaria mañana, pero con el secreto de esta noche quemándole las entrañas.
—Me gusta cómo te queda cuando tienes miedo de que alguien más te vea —le confesé, marcando mi territorio una última vez con la mirada antes de mandarla a casa.
La vi salir y supe que el anzuelo estaba clavado hasta el fondo. Mañana a las ocho, volvería a ser "Laura", pero cada vez que se sentara en su silla de cristal, sentiría el frío del mármol y el recuerdo del calor rojo de la bóveda.
No quiero su amor; quiero que su propia piel se vuelva una cárcel que solo yo tenga la llave para abrir.
💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕
ahora debe ver como salir de ahí ileso y sin que le quiten a su hijo