Zadie fue una genio de la tecnología, una mujer de 24 años creadora de la inteligencia artificial más avanzada de su época, pero despreciada, ignorada y rechazada por un mundo que no entendía su genio ni su valor. Murió en un accidente mientras conectaba su propia conciencia con esa IA, y renació siglos atrás, en la antigua Macedonia, con un nuevo nombre: Zamira. Ahora, su mente y su cuerpo están integrados con esa tecnología, que le da conocimientos infinitos, habilidades sobrehumanas y la capacidad de analizar y dominar cualquier situación. Llega al palacio del príncipe Lixandro, un vampiro de sangre real, hermoso pero terriblemente frágil, viudo y padre soltero de trillizos: Lixan, Lucian y Luciana. Los tres son niños con poderes sobrenaturales, inteligencia desbordante y una fama de traviesos insoportables, que ha ahuyentado a todas las mujeres contratadas para ser su madre sustituta. Zamira acepta el contrato sin esperar amor, solo un lugar donde ser respetada.
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La leyenda antigua.
La biblioteca real de Macedonia era mucho más que una simple colección de libros. Era un laberinto inmenso de estanterías altas que tocaban el techo, construidas con maderas oscuras y duraderas que habían visto pasar siglos y siglos de historia. Allí, guardados bajo llaves mágicas y hechizos de protección que solo se abrían para los miembros de la familia real o para quienes contaban con su autorización, reposaban pergaminos, tomos encuadernados en pieles antiguas, tablillas de piedra y rollos de materiales desconocidos que contenían todo el conocimiento, las historias, las leyes y los secretos de la estirpe de los vampiros desde sus orígenes mismos. El aire allí dentro era fresco, cargado del olor a papel viejo, a polvo y a magia antigua, y el silencio era tan profundo que se podía escuchar el propio paso del tiempo, lento y pesado, deslizándose entre las páginas que nadie había leído en generaciones.
Esa mañana, Zamira había decidido llevar a los trillizos allí no solo para estudiar historia o lenguas antiguas, sino por una razón mucho más importante: ahora que ella sabía lo que eran, lo que corrían por su sangre y el origen de sus poderes, necesitaba entender el pasado para poder guiarlos mejor en el futuro. Y los niños, que ahora la seguían a todas partes con una mezcla de respeto, admiración y amor filial, iban a su lado con la curiosidad siempre despierta. Lixan caminaba mirando a todos lados, con los ojos brillantes, porque para él cada libro era un nuevo sistema que descifrar, una nueva idea que explorar. Lucian iba y venía corriendo entre los pasillos, desapareciendo y apareciendo segundos después, incapaz de contener su energía. Y Luciana, caminando tomada de la mano de Zamira, miraba todo con esa atención profunda que tenía, como si cada objeto le contara una historia secreta solo a ella.
—Todo lo que somos, todo lo que tenemos, todo lo que nos pasa… está escrito aquí dentro —les decía Zamira con suavidad, mientras recorrían los pasillos principales—. La historia no es solo nombres y fechas. Es la explicación de quiénes fueron sus antepasados, qué hicieron, qué prometieron, qué maldiciones o regalos dejaron en su sangre. Si queremos entender su poder y su destino, tenemos que entender primero lo que está escrito aquí.
Se detuvieron en una sección apartada, en una zona donde los libros eran más gruesos, más oscuros, y donde la sensación de antigüedad y poder era mucho más fuerte. Allí estaban los registros más antiguos, los que se remontaban a los primeros tiempos de la estirpe, cuando los fundadores habían establecido el reino y habían pactado con las fuerzas sobrenaturales que regían su existencia.
Lixan, que siempre iba un paso por delante, se había subido a un pequeño banco de madera para alcanzar un estante alto, lleno de rollos de pergamino que parecían olvidados desde hacía siglos. Sus dedos, acostumbrados a manejar cosas delicadas y complejas, tocaron uno de ellos, envuelto en una tela descolorida y atado con una cuerda de fibras mágicas que aún conservaba su fuerza. Al tocarlo, la cuerda se deshizo por sí sola, como si hubiera estado esperando precisamente a él para abrirse.
—Miren esto —dijo el niño, con esa voz que se le volvía grave y emocionada cada vez que encontraba algo interesante—. No tiene título, ni nombre, ni sello. Parece muy, muy viejo.
Lo bajó con cuidado y lo colocó sobre una de las mesas largas de piedra que había en el centro de la sala. Zamira se acercó rápidamente, y al verlo, sintió que algo se removía en su interior. Al igual que la cuerda, algo dentro de ella, esa mezcla de su propia conciencia y la IA-Z, reaccionó ante aquel objeto antiguo, reconociendo en él una energía especial, poderosa, cargada de destino.
Desenrollaron el pergamino con cuidado. El material, de un color amarillento y áspero, estaba cubierto de escritura en una lengua antigua, mezcla de símbolos y letras que solo se usaban en los tiempos de los fundadores, un idioma que pocos conocían ya, pero que Zamira, gracias a su capacidad de análisis y a todo lo que había aprendido en semanas de estudio, pudo reconocer y descifrar al instante.
—Es una profecía —dijo ella en voz baja, mientras sus ojos recorrían las líneas dibujadas con tinta que aún conservaba un color rojo intenso, casi como sangre—. Una de las primeras que se escribieron sobre nuestro pueblo.
Los tres niños se acercaron más, pegando sus caritas a la mesa, escuchando con atención absoluta mientras ella comenzaba a leer en voz alta, traduciendo al lenguaje actual lo que aquellas letras antiguas decían:
«Escrito queda para siempre, grabado en la sangre y en el tiempo:
Llegará el momento en que la estirpe se divida,
cuando la debilidad toque la puerta de los fuertes,
cuando el dolor sea el rey y la tristeza la reina,
y los hijos nacidos de la maldición sean más poderosos que todos los que antes vivieron.»
Zamira hizo una pausa breve, y sus ojos se encontraron con los de Lixan. Todo eso encajaba perfectamente con lo que ella ya sabía: la maldición de Lixandro, la debilidad que lo atormentaba, y el nacimiento de estos tres niños, que habían transformado esa maldición en poderes únicos y extraordinarios.
Continuó leyendo, y a medida que avanzaba, su voz se volvió más seria, más profunda, cargada de una emoción que no podía explicar:
«Y entonces, cuando todo parezca perdido,
cuando nadie entienda, cuando nadie pueda,
llegará ella.
La Mujer de Poder Infinito.
No nacerá de esta tierra, ni de esta sangre, ni de este tiempo.
Vendrá de fuera, cruzando puentes que nadie ve,
caminos que no existen para los ojos comunes,
hecha de luz y de conocimiento,
con una mente que lo abarca todo y una fuerza que no viene de los músculos, sino de la verdad.»
Un silencio pesado llenó la sala. Lixan se quedó inmóvil, Lucian dejó de moverse, y Luciana abrió los ojos con sorpresa, mirando a Zamira con una expresión extraña. Ella siguió leyendo, sintiendo cómo cada palabra parecía estar escrita directamente para ella, describiendo exactamente lo que era, de dónde venía y qué tenía:
«Ella verá lo que está oculto.
Ella entenderá lo que nadie comprende.
Desenredará los nudos de la sangre antigua,
enseñará a los pequeños dioses a usar su fuerza,
protegerá lo que es frágil y levantará lo que está caído.
Será maestra y compañera,
guardiana y madre.»
Pero entonces, llegó la parte final, la que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de todos, una advertencia oscura y pesada que hacía que todo lo anterior se volviera mucho más complejo y peligroso:
*«Pero cuidado, pueblo de la sangre,
porque ella trae consigo dos caminos, dos destinos, dos verdades.
Podrá ser la luz que los lleve a la GLORIA ETERNA,
donde su reino sea el más grande, el más sabio y el más fuerte de todos,
donde sus hijos reinen con justicia y poder infinito…
O podrá ser la llama que lo queme todo.
Porque si le fallan, si la traicionan, si la hacen sufrir,
si no comprenden su valor ni su origen…
Entonces será la LEYENDA SANGRIENTA.
Traerá la destrucción, la guerra y la muerte.
Su inteligencia se volverá contra ustedes,
su conocimiento será la espada que los corte,
y toda la fuerza que usó para protegerlos,
la usará para derramar tanta sangre que el río del reino se volverá rojo para siempre.
Ella es el equilibrio. Ella es la balanza.
Todo el futuro de Macedonia está en sus manos:
Salvación o ruina. Gloria o sangre. Todo depende de cómo la amen y la respeten.»*
Zamira dejó de leer. El silencio en la biblioteca era absoluto, pesado, cargado de significado. El pergamino, después de haber sido leído hasta la última línea, comenzó a desvanecerse lentamente, convirtiéndose en polvo fino que se esparció en el aire, como si su misión hubiera terminado, como si ya no fuera necesario que existiera en papel porque ahora vivía en sus memorias.
Los tres niños la miraban fijamente, con los ojos muy abiertos, entendiendo, con esa inteligencia que tenían, lo que acababan de escuchar. Entendieron que esa mujer de la leyenda, la que venía de fuera, la que tenía poder infinito, la que podía darles gloria o traer sangre… era ella. Era Zamira. Era la madre que habían encontrado, la mujer que los había salvado, la que les había dado amor y seguridad.
—Eres tú —dijo Lixan en voz baja, con una mezcla de orgullo y algo de miedo—. Todo lo que dice ahí… eres tú. Llegaste de fuera, nadie sabe de dónde, piensas diferente, sabes cosas que nadie sabe, nos enseñaste, nos protegiste… Y dice que nuestro futuro entero depende de ti. Que podemos ser los más grandes… o que todo puede acabar mal.
Zamira se agachó de nuevo a su altura, mirándolos a los tres a los ojos, y aunque ella misma estaba conmocionada por lo que acababa de descubrir —porque ahora entendía que su llegada no había sido un accidente, que todo estaba escrito desde hacía siglos—, su voz fue tranquila y segura.
—Yo no quiero sangre —les dijo con firmeza, poniendo una mano en el hombro de cada uno—. Y no quiero destrucción. Todo lo que soy, todo lo que sé, todo lo que tengo… es para ustedes. Para que sean grandes, para que sean buenos, para que sean felices. La leyenda dice que depende de mí… pero yo creo que depende de todos nosotros. Mientras estemos juntos, mientras nos amemos y nos cuidemos, siempre será la gloria lo que tengamos delante. Nunca la sangre.
En ese momento, desde la entrada de la biblioteca, una sombra se movió. Era Lixandro. Había estado allí, oculto entre las estanterías, escuchando todo desde el principio. Él conocía la existencia de esa profecía, había oído hablar de ella desde que era un niño, pero siempre se había dicho que era algo lejano, algo que pasaría en un futuro muy remoto, algo que quizás nunca ocurriera.
Pero ahora, después de escuchar las palabras antiguas, después de ver a Zamira allí, con sus hijos, siendo exactamente lo que el texto describía, comprendió la verdad absoluta. Ella no era una simple viajera, ni una simple tutora, ni una mujer que había llegado por casualidad. Ella era la que estaba escrita en la historia. La que tenía el destino de todo el reino en sus manos.
Se acercó despacio, arrastrando suavemente su cuerpo enfermo, y cuando estuvo frente a ella, la miró con una mezcla de respeto infinito, gratitud y algo parecido al temor sagrado que se siente ante algo divino.
—La Leyenda Sangrienta —susurró él, con voz profunda—. Siempre pensé que era solo un cuento para asustar o dar esperanzas. Pero es real. Y tú eres ella. La que puede llevarnos a lo más alto… o hacernos desaparecer para siempre.
Zamira lo miró a él también, y en sus ojos brillaba esa mezcla de lógica y amor que la definía.
—Yo no soy un arma, Lixandro —respondió con calma—. Ni una maldición, ni una sentencia. Soy lo que ustedes hagan de mí. Si me dan amor, yo daré gloria. Si me dan confianza, yo daré futuro. Esa profecía no es una condena. Es una promesa. Y les prometo que, mientras yo esté aquí, mientras sea su madre y su compañera… la única sangre que correrá será la que corre por sus venas, llena de vida, de fuerza y de historia.
Lixandro asintió lentamente, y por primera vez, el peso de siglos y siglos de historia y responsabilidad pareció hacerse un poco más ligero sobre sus hombros. Ahora entendía todo. Por qué ella era así, por qué podía hacer lo que hacía, por qué estaba allí. La mujer de poder infinito, la que venía de fuera, la Leyenda Sangrienta… había llegado. Y estaba segura de que, para ellos, solo traería gloria.
Y en ese momento, en la biblioteca llena de secretos, se selló definitivamente el destino de Macedonia: unido para siempre a ella, a su mente brillante, a su corazón inmenso y a esa leyenda antigua que, por fin, se había hecho realidad.
Muy... creativos 🙄😒