Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...
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capitulo 13
Denmet no había podido regresar a casa.
La tormenta había provocado varios problemas en las calles y, además, Güner había insistido en que permaneciera dentro de la mansión hasta que todo estuviera tranquilo.
Aunque no lo había dicho como una orden.
Esta vez había sonado diferente.
Como una preocupación.
Denmet se encontraba en su habitación.
Sentada sobre la cama, observaba la lluvia detrás de la ventana.
Intentaba dormir.
Pero no podía.
Cada vez que cerraba los ojos, veía a Fraize caer al suelo.
El disparo.
La sangre.
La desesperación de Güner.
Denmet abrazó sus rodillas.
—¿En qué me estoy metiendo?
La pregunta no obtuvo respuesta.
De repente, alguien llamó a la puerta.
—¿Quién?
—Soy yo.
La voz de Güner.
Denmet abrió los ojos.
Se levantó lentamente.
Al abrir, lo encontró de pie en el pasillo.
—¿Ocurrió algo?
—No.
—Entonces, ¿por qué está aquí?
Güner pareció dudar.
—Quería verte.
El corazón de Denmet comenzó a acelerarse.
—¿Cómo está Fraize?
La expresión de Güner cambió.
—Estable.
—Me alegra.
—Denmet...
—¿Sí?
Güner bajó la mirada.
—Lo que ocurrió esta noche no es seguro para ti.
La joven soltó un suspiro.
—Otra vez.
—Escúchame.
—Siempre dice lo mismo.
—Esta vez es diferente.
Denmet lo miró.
Güner parecía verdaderamente preocupado.
—¿Por qué?
Él dudó.
—Porque creo que alguien puede querer hacerte daño.
El rostro de Denmet perdió el color.
—¿Qué?
—No quiero asustarte.
—Pues no lo está haciendo muy bien.
Güner casi sonrió.
Pero volvió a ponerse serio.
—Hasta que encontremos a Murat, quiero que tengas cuidado.
—¿Murat?
—El hombre de las fotografías.
Denmet recordó.
—¿El supuesto amante de Fraize?
Güner cerró los ojos.
—Sí.
—¿Y cree que él intentó matarla?
—No lo sé.
—¿Entonces por qué cree que puede querer hacerme daño a mí?
Güner guardó silencio.
—Güner.
Él levantó la mirada.
—Porque alguien mencionó tu nombre.
Denmet sintió un escalofrío.
—¿Quién?
—No estoy seguro.
La joven se cruzó de brazos.
—¿Ve?
—¿Qué?
—Otra vez.
—¿Qué cosa?
—Secretos.
Güner suspiró.
—No quiero ocultarte cosas.
—Entonces no lo haga.
Él la miró durante unos segundos.
Finalmente habló.
—Cuando Fraize recibió el disparo...
Denmet permaneció atenta.
—Antes de perder el conocimiento, intentó decir algo.
—¿Qué?
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabe?
—Miró hacia ti.
El corazón de Denmet comenzó a latir con fuerza.
—¿Hacia mí?
—Sí.
—¿Y qué dijo?
—Dijo: "Ten cuidado".
Denmet retrocedió.
—¿Por qué me diría eso?
—Eso es lo que quiero descubrir.
La joven permaneció en silencio.
Ahora tenía miedo.
No quería admitirlo.
Pero lo tenía.
Güner se acercó.
—No vas a estar sola.
Denmet levantó la mirada.
—¿Qué significa eso?
—Que mientras estés aquí, nadie te hará daño.
Ella lo observó.
—No puede prometer eso.
—Lo prometo.
—Güner...
—Lo prometo.
Su voz fue firme.
Denmet sintió que algo dentro de ella se debilitaba.
Quería creerle.
Aunque sabía que él no podía controlar el mundo.
Aunque sabía que las promesas podían romperse.
En otro lugar de la ciudad, Murat permanecía dentro de un viejo almacén abandonado.
La memoria USB estaba conectada a un ordenador portátil.
En la pantalla aparecieron varios archivos.
Videos.
Documentos.
Grabaciones.
Murat sonrió.
—Así que esto era lo que escondías.
Seleccionó un video.
La imagen apareció.
Era una grabación de seguridad.
Fraize estaba en una oficina.
Hablaba con alguien.
La calidad no era perfecta.
Pero Murat podía reconocer a la persona.
Su sonrisa desapareció.
—No...
Volvió a reproducir el video.
La persona estaba de espaldas.
Fraize parecía discutir con ella.
Después, dijo algo.
Murat aumentó el volumen.
La grabación tenía interferencias.
Pero logró escuchar algunas palabras.
—...si Güner descubre lo que hiciste...
La voz de Fraize fue clara.
Murat se quedó inmóvil.
La persona respondió.
Pero el sonido desapareció.
Murat golpeó la mesa.
—¡Maldita sea!
Reprodujo nuevamente el video.
Necesitaba saber quién era.
De pronto, la persona se giró ligeramente.
Solo durante un segundo.
Pero fue suficiente.
Murat abrió los ojos.
Su rostro perdió el color.
—No puede ser.
Se acercó a la pantalla.
—Todo este tiempo...
La revelación parecía haber cambiado sus planes.
Murat tomó su teléfono.
Marcó un número.
—Tenemos un problema.
Una voz respondió.
—¿Ahora qué?
—Vi el video.
El silencio se hizo presente.
—¿Qué video?
Murat sonrió.
—No finjas.
La voz al otro lado permaneció callada.
—Sé quién estuvo con Fraize.
—Murat...
—Y también sé quién está relacionado con Denmet.
Murat terminó la llamada.
Se levantó lentamente.
Miró la pantalla una vez más.
—Ahora entiendo por qué ella está aquí.
A la mañana siguiente, Denmet recibió una llamada.
Estaba en la cocina cuando su teléfono comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
Era un número desconocido.
Dudó.
Después contestó.
—¿Hola?
Al principio nadie respondió.
—¿Hola?
Entonces una voz masculina habló.
—Aléjate de Güner Kivilcim.
Denmet se quedó inmóvil.
—¿Quién es?
—No importa.
—¿Qué quiere?
—Te estoy dando una oportunidad.
La joven sintió miedo.
—¿Qué clase de oportunidad?
La voz permaneció en silencio durante unos segundos.
—La de seguir con vida.
La llamada terminó.
El teléfono cayó de las manos de Denmet.
Su respiración comenzó a acelerarse.
Güner tenía razón.
Alguien la estaba vigilando.
Alguien sabía dónde estaba.
Y alguien quería que abandonara aquella casa.
Denmet levantó lentamente la mirada.
Güner se encontraba de pie frente a la puerta de la cocina.
Había escuchado el teléfono caer.
—¿Qué ocurrió?
Denmet intentó hablar.
Pero las palabras no salían.
Güner se acercó.
—Denmet.
Ella levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de miedo.
—Me encontraron.
Güner frunció el ceño.
—¿Quién?
Denmet respiró profundamente.
—No lo sé.
Su voz temblaba.
—Pero ahora también saben quién soy.
Güner comprendió inmediatamente que aquello no era una simple amenaza.
El peligro había llegado hasta Denmet.
Y esta vez...
Él no permitiría que nadie volviera a destruir la vida de alguien a quien comenzaba a querer.
Güner tomó su teléfono.
Su rostro volvió a endurecerse.
—Encuentra a Murat —ordenó.
La persona al otro lado respondió.
—¿Señor?
—Ahora.
Güner colgó.
Después miró a Denmet.
Ella permanecía inmóvil.
Asustada.
Él se acercó lentamente.
—No voy a permitir que te hagan daño.
Denmet lo miró.
Y antes de poder detenerse...
Se abrazó a él.
Güner se quedó inmóvil.
Después, lentamente, rodeó su cuerpo con los brazos.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Pero aquel abrazo significaba demasiado.
Denmet encontró refugio.
Y Güner encontró algo que creía perdido.
La necesidad de proteger a alguien.
Sin embargo, ninguno sabía que Murat ya había tomado una decisión.
No volvería a atacar desde lejos.
Muy pronto...
Denmet descubriría que el verdadero enemigo estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.
CONTINUARÁ...