¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?
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ZERO
La foto se borró de la pantalla antes de que Mateo alcanzara a reaccionar.
El expediente se cerró solo, ¡pum! Y en su lugar salió un letrero blanco sobre fondo negro.
"ERROR."
Y después otra frase.
"LOS JUECES NO PUEDEN SER JUZGADOS."
Mateo arrugó la frente.
Trató de volver a abrirlo. Nada. El sistema no lo dejó, lo rechazó de una.
Y ahí sonó la voz del Primer Guardián, toda lenta.
—No todos hacen parte de tu tribunal.
—¿Quién era esa persona? —soltó Mateo.
Silencio.
—¡Respóndame, put* madre!
La consola se quedó quieta un rato. Al final salió una sola línea.
"Aún no es el momento."
Y volvió al menú principal.
Mateo quedó con una mezcla toda rara, como alivio pero a la vez emberracado. Por primera vez el juego le había puesto un límite. No era todopoderoso. Tenía reglas. Y todavía no las entendía.
Mientras tanto la ciudad se estaba partiendo en dos. Las redes eran pura bulla de Némesis. Unos que había que cogerlo, otros que era el único que sí castigaba a los que la justicia dejaba libres.
Ya nadie hablaba de política, ni de fútbol, ni de plata. Todo era Némesis, Némesis, Némesis.
Esa noche el programa más visto del país anunció una entrevista exclusiva. No con un tomb0, no con un político. Con un criminal.
A las ocho todo el mundo prendió el televisor. Mateo también. Héctor lo veía desde la sala de operaciones de la Fuerza Némesis.
Arrancó la transmisión con un man esposado, rodeado de policías armados. Era Víctor Salas, un traqueto bien pesado, de secuestros, de matar gente y de trata de peladitos. Lo habían cogido hacía dos días y las pruebas contra él eran clarísimas, pero todavía no lo habían condenado.
El periodista tragó saliva.
—Señor Salas... usted pidió salir en televisión nacional. ¿Por qué?
El man se rió, sin pena, sin arrepentirse de nada. Miró directo a la cámara.
—Quiero hablar con Némesis.
En el estudio todos se quedaron como "¿qué?".
—Si de verdad existís... vení por mí.
La gente en redes empezó a comentar como loca.
—Te estoy esperando —siguió el man, cagado de la risa—. Dicen que castigás monstruos. Aquí estoy. ¿Qué pasó? ¿No podés entrar donde hay tombos? ¿O solo matás cuchitos indefensos?
El periodista trató de pararlo y el man nada, seguía mirando la cámara.
—Te reto. Si sos tan bravo... matame. Acá, frente a todo el país.
Terminó la transmisión en puro caos. Nadie entendía por qué un criminal retaba en público al asesino más buscado. Nadie, excepto uno.
En un cuarto oscuro, bien escondido, un man veía todo en un poco de monitores. Mapas, fotos, códigos, expedientes clasificados. La cara no se le veía por la sombra. Nadie sabía quién era, ni siquiera los duros del gobierno. Solo sabían que llevaba veinte años resolviendo casos imposibles. Nunca aceptó premios, nunca salía en fotos, nunca decía su nombre. Solo usaba un alias: ZERO.
Apagó un monitor despacio y le habló a alguien que estaba al otro lado.
—La carnada ya está lista.
Una vieja le contestó.
—¿Cree que sirva?
Zero se quedó callado un ratico.
—Si Némesis mata a Salas... confirmamos que puede actuar aunque esté todo vigilado.
—¿Y si no lo hace?
—Entonces sabremos que necesita condiciones específicas.
La vieja miró el mapa todo rayado.
—¿Y si estamos contra algo que no se puede explicar?
Zero sonrió poquito.
—Todo deja patrón. Hasta lo imposible.
Lo que nadie sabía era que Víctor Salas nunca se inventó ese reto. Todo se lo había escrito Zero, cada pausa, cada gesto, cada pulla. Todo era un experimento, una partida de ajedrez. El objetivo no era cuidar al criminal, era obligar a Némesis a responder.
Mateo apagó el televisor. No tenía que pensarlo mucho. La consola ya se había prendido sola. De una salió la cara de Víctor Salas. Sin videos, sin pruebas, solo un letrero: "El mundo observa."
Y la pregunta de siempre: ¿CULPABLE?
Mateo cerró los ojos. Sabía perfecto quién era ese man. Había leído de él, niños secuestrados, familias vueltas nada, asesinatos. No había duda, era culpable.
Pero algo era distinto. Si lo condenaba esa misma noche, todo el país iba a conectar la muerte con el reto de la tele. Justo lo que alguien estaba esperando.
Se acordó de lo que decía el papá: "Todo asesino termina cagándola."
¿Y si eso era una trampa?
El Guardián habló.
—¿Por qué dudás?
—Porque alguien me quiere usar.
—¿Y eso le quita la culpa al tipo?
Mateo se quedó callado. No, no se la quitaba. El man seguía siendo un monstruo. Pero por primera vez pilló algo importante: no solo estaba jugando contra el mundo, alguien más había empezado a mover fichas.
Le dio a una opción que pocas veces habia usado: POSPONER SENTENCIA.
La pantalla se quedó quieta, como pegada. Al rato salió una frase:
"DECISIÓN INESPERADA."
Era la primera vez que el juego parecía sorprendido.
En la sede de la Fuerza Némesis, Héctor miraba las cámaras del penal. Más de doscientos tombos cuidando a Víctor Salas, francotiradores, drones, sensores de calor. Nadie entraba sin que lo vieran. Y aún así... Héctor no estaba tranquilo. Algo no cuadraba, porque Némesis nunca había necesitado acercarse.
Horas después, a las 3:33 en punto, todas las alarmas del penal empezaron a sonar. Los agentes corrieron a la celda de Salas. La puerta seguía cerrada, las cámaras nunca dejaron de grabar, nadie había entrado.
Cuando abrieron... Víctor seguía vivo. Respirando, todo asustado, desesperado, sin entender qué pasaba. Los médicos dijeron que estaba bien, sanito.
Los periodistas arrancaron a transmitir en vivo: "¡Némesis no respondió al reto!"
Las redes explotaron. Unos que el asesino sí tenía límites, otros que todo era puro cuento.
Zero miraba todo desde la oscuridad. No estaba triste, al contrario, se sonrió.
—Interesante...
La vieja habló otra vez.
—Falló.
Zero negó despacio.
—No. Acabamos de descubrir algo mucho más importante.
Se acercó a un monitor y le hizo zoom a la cara de Víctor Salas.
—Némesis... puede decidir cuándo no matar. Eso significa que piensa. Y si piensa... puede cagarla.
Apagó el monitor. Por primera vez alguien distinto a Héctor había sacado una pista real del asesino misterioso.
Mientras tanto, en el Otro Lado, el Primer Guardián miraba el Trono. Los Fragmentos brillaban diferente.
La figura de ojos dorados apareció.
—El humano llamado Zero acaba de entrar al tablero.
—Lo sé.
—Es peligroso.
El Guardián miró el reflejo de Mateo en el agua negra.
—Más que Héctor.
—Mucho más.
La entidad se quedó callada un ratico.
—¿Lo eliminamos?
Y por primera vez en toda la historia el Primer Guardián dijo algo que nadie se esperaba.
—No.
—¿Por qué?
El Guardián miró el Trono vacío y dijo con una calma que daba escalofrío:
—Porque si Zero descubre la verdad... va a ser él quien obligue al Heredero a volverse el dios que necesita este mundo.
Y en ese mismo momento, bien lejos de ahí, por debajo de la puerta del apartamento de los Rivas metieron un sobre negro. Sin remitente. Adentro solo una hoja con una frase escrita en rojo:
"Detective Héctor Rivas: deje de buscar a Némesis."
Y abajo una firma: un circulito atravesado por una línea.
ZERO.
CONTINUARA...