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“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

Status: En proceso
Genre:Hija rica en bancarrota / Diferencia de edad / Apoyo mutuo
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo III: Grietas en el linaje

Esa noche Keila la hermana menor estaba desbordada por la emoción porque al día siguiente sería su acto de grado, así que a pesar de la frialdad con la cual era tratada en ese lugar, no pudo evitar recordárselos.

—Mamá, papá, recuerden que mañana es mi graduación.

El comentario cayó como una piedra en un pozo profundo, Kendra hizo ademán de felicitarla, pero al ver el ceño fruncido de su madre simplemente bajó la cabeza y guardó silencio.

—Yo estoy muy orgullosa de ti mi niña—intervino Anabella, rompiendo el incómodo vacío con un tono lleno de ternura.

—Te felicito … hija —añadió Andrés con frialdad como si esa última palabra lo quemara por dentro.

—Gracias, papá—susurró Keila con un atisbo de emoción.

El resto de la velada giró en una conversación frívola, donde todos prometían ir al evento, aunque se sentía que lo hacían por compromiso no por genuino afecto.

Esa noche, en la soledad de su nueva habitación, Axel repasaba los eventos del día, aún sentía la frialdad con la cual Marisol se marchó de la casa que compartían y luego de manera inevitable pensó en esa mirada cargada de veneno y altanería de aquella joven pretenciosa coqueta.

—Soy un hombre casado … —se recordó en voz alta—Y aunque me divorcie de Marisol …  una mujer como ella jamás se fijaría en alguien como yo.

Axel se quedó observando el techo, perdido en la penumbra de su habitación, era consciente de que las distancias entre ellos eran insalvables, se convenció de que debía hacer lo imposible para reparar su matrimonio con Marisol, pues sabía que, para alguien como Kendra Barreto, no era más que un hombre contratado para obedecer.

Lo que Axel ignoraba en ese momento de duda, es que en el futuro cuando la familia Barreto cayera producto del divorcio entre Ifigenia y Andrés y todo comenzara a derrumbarse para Kendra debido a sus malas decisiones, él sería el único hombre capaz de salvarla de sí misma.

El sonido de su teléfono interrumpió sus pensamientos y se trataba de Esmeralda su madre, Axel esbozó una sonrisa genuina, a pesar de los contratiempos del pasado, ambos compartían una relación inquebrantable.

Su historia no había sido fácil, tras la muerte de su padre cuando tenía diez años, un militar caído en el cumplimiento de su deber, su madre lo crio sola trabajando como enfermera, por desgracia cuando cumplió los dieciséis se volvió rebelde y en lugar de continuar sus estudios se unió a una pandilla dejando la secundaria.

No fue sino a sus dieciocho cuando conoció a Marisol y quiso limpiarse de esa vida para poder estar con ella, obtuvo su certificado de secundaria, se alistó en el ejército, donde sirvió por tres años y a su regreso se casó con ella.

Luego comenzó a trabajar como agente de seguridad, y con el tiempo se convirtió en guardaespaldas de alto nivel, durante ese tiempo arregló las diferencias con su madre comprendiendo al fin que la dureza de Esmeralda nacía del miedo a perderlo en las calles.

A Esmeralda nunca le agradó Marisol, aunque le agradecía que fuera la razón por la cual su hijo decidiera reformarse, pero no olvidaba como se aprovechaba de su hijo tanto que Axel costeó la carrera de enfermería de Marisol, así como la educación de sus dos hermanos.

El problema es que a medida que Marisol escalaba a nivel profesional, más despreciaba el oficio de Axel, para ella solo era un chofer, y no alcanzaba ver que este empleo de alto perfil era un avance discreto pero decidido.

—Pasé por tu casa y no había nadie—dijo Esmeralda al otro lado de la línea.

—Marisol se fue … dijo que necesitaba tomarse un tiempo, y yo debo quedarme a dormir en mi lugar de trabajo—explicó Axel con pesadez.

—Sabes lo que pienso de tu esposa, hijo.

—Lo sé, mamá… pero es que le debo tanto.

—¡Le pagaste toda su educación a ella y a sus hermanos! —exclamó Esmeralda con impaciencia—Has dado más que suficiente.

—No quiero rendirme con ella todavía—admitió Axel aferrándose a una lealtad que comenzaba a asfixiarlo.

Esmeralda suspiró porque no quería destrozar las ilusiones de su hijo, pero el silencio ya no era una opción.

—Axel, pasa el tiempo, y ella cada vez se vuelve más cruel, pero Marisol ya no es la mujer que conociste; te mantiene atado con promesas vacías, pero hay algo que no sabes … y de lo que se ha enterado medio vecindario: ella ya tiene programada una cita para ligarse las trompas porque no quiere tener hijos contigo.

La noticia fue como un balde de agua helada, dejándolo sin aliento porque durante años Marisol había postergado la maternidad, dándole largas y con cada año que pasaba le prometía que en el siguiente se convertirían en padres.

Axel se quedó en silencio, con el teléfono aún en la oreja sintiendo como el peso de la traición de Marisol era más pesado que cualquier arma que hubiera empuñado en su pasado.

Aunque una parte de él sabía que debía tomar una decisión definitiva sobre su matrimonio, su naturaleza leal se resistía a aceptar que todo había terminado.

A la mañana siguiente el hogar de los Barreto bullía con el ruido de los preparativos para la graduación de Keila, sin embargo, a diferencia de tres años atrás, cuando fue el momento de Kendra cuya celebración fue un evento cargado de mucho lujo, esta vez fue algo más austero.

Axel escuchaba los comentarios del personal y todos murmuraban acerca del evento de Kendra, el cual había sido un despliegue de lujo desenfrenado, algo que parecía más una gala real que un evento académico.

Anabella corría de un lado para el otro asegurándose de que Keila tuviera todo listo, Ifigenia se quejaba de la hora en la cual tendría lugar en el evento, mientras que Kendra por su parte se cambió dos veces insatisfecha con su aspecto personal.

—Esa mujer es tan coqueta que es capaz de convertir la graduación de su hermana en su propio desfile de modas —murmuró Axel para sí mismo.

Axel lucía impecable con su traje ejecutivo esperando junto al vehículo blindado, y negaba con la cabeza porque la dinámica de la familia era algo muy peculiar, no pudo evitar reconocer que Kendra, con un vestido blanco con detalles de color carmín, irradiaba una elegancia clásica y magnética.

Sin embargo, su hermana Keila era su antítesis perfecta, amante del arte, de los tonos oscuros y el maquillaje ahumado, poseía una belleza deslumbrante; cabello negro y unos extraños ojos de color violeta que no se parecían a los de ningún otro miembro de la familia, y esos rasgos eran el motivo de los rumores que cuestionaban su origen, no obstante, ella combatía todos esos comentarios maliciosos con una inteligencia reservada y una lengua tan mordaz que solía ser su peor enemiga.

Keila ese día usaba un vestido de color gris el cual destacaba su largo y lacio cabello de color negro y sus ojos violetas, era una mujer muy hermosa y con una cálida sonrisa.

—¿No podías vestirte acorde a la ocasión, al menos por hoy? —espetó Ifigenia con evidente molestia.

Keila puso los ojos en blanco e ignoró el comentario de Ifigenia, la relación madre e hija era como un campo de batalla y ninguna de las dos ponía de su parte para mejorar la relación.

—Es mi graduación y no tengo interés en posar para nadie —respondió Keila con una insolencia defensiva.

—Por favor, tratemos de fingir que somos una familia “normal” solo por hoy —intervino Kendra con una diplomacia cargada de superioridad que tanto hacía enojar a su hermana.

—¿A qué familia “normal” te refieres, Kendra? ¿A la nuestra? —preguntó Keila con sarcasmo.

Kendra conocía bien el resentimiento de su hermana, pero prefería aplicar la máxima: ese no es mi circo ni son mis monos, y aunque sabía que el favoritismo de sus padres era algo muy cruel, sentía que no le afectaba hasta que llegó el momento … en el cual sí le afectó.

—Por favor Keila, ni siquiera cuando eres la homenajeada de tu promoción puedes dejar de ser tan dramática—sentenció Kendra.

En silencio Axel aprobó la rebeldía de la joven, por eso cuando dio un traspié al caminar, él de forma rápida y gracias a su entrenamiento como escolta, la ayudó para evitar su caída, lo cual hizo fruncir el ceño de Kendra.

—Keila, siempre tan torpe —sentenció Kendra con voz severa, ocultando una punzada de molestia al ver la atención del chofer en su hermana.

Axel esbozó una leve sonrisa de satisfacción y una vez en marcha, se concentró en el camino, notando por el retrovisor que Kendra no le quitaba el ojo de encima, y venía tan absorto en su trabajo que ignoró las quince llamadas que le hizo Marisol esa mañana.

—Deberías atender tu teléfono —le espetó Kendra desde el asiento trasero.

—Estoy conduciendo y mi deber es no distraerme —respondió Axel con esa voz grave y pausada que lo caracterizaba.

Axel no respondió, miró el teléfono vibrar una vez más y, por primera vez en diez años, el nombre de Marisol en la pantalla no le produjo nostalgia, sino un frío vacío, porque ese hombre leal estaba empezando a morir, y la mujer de ojos azules que lo vigilaba por el retrovisor no tenía idea de que ella sería la responsable de recomponer su destrozado corazón.

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Fran Sánchez
Estoy así 🤯..... qué pasará en la fiesta..... me estoy comiendo las uñas, de esta intriga....
María Angelica Stessens
me gusta mucho la forma de ser de Axel
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