Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 11: Ecos de un mundo oculto
Muy lejos de MoonBlack…
En una enorme ciudad humana cubierta por rascacielos de cristal y luces artificiales, un grupo de personas entrenaba dentro de una instalación militar subterránea.
Disparos.
Explosiones.
Órdenes cortantes.
El lugar parecía diseñado para una guerra que aún no había comenzado.
Los humanos habían evolucionado.
Mientras las razas sobrenaturales permanecían ocultas en bosques, montañas y pueblos aislados… la humanidad construía armas. Investigaba. Experimentaba.
Porque algunos humanos sí conocían la verdad.
Sabían que monstruos, magia y criaturas sobrenaturales existían.
Y estaban preparándose para enfrentarlos.
Instalación subterránea
En una enorme sala de entrenamiento, varios jóvenes combatían usando armas especiales grabadas con símbolos metálicos.
Eran humanos… pero no normales.
Entre ellos destacaba un niño de cabello completamente blanco y ojos negros.
Uel.
A pesar de aparentar unos diez años, se movía con una precisión aterradora.
Sin duda… no era un niño común.
Un hombre adulto atacó con una espada corta.
Uel ni siquiera retrocedió.
Giró.
Esquivó.
Desarmó.
Y en menos de un segundo, una daga estaba sobre el cuello del hombre.
Silencio absoluto.
El instructor no reaccionó de inmediato.
No por sorpresa.
Sino por costumbre.
Uel soltó al hombre sin emoción.
Como si aquello no significara nada.
Entonces una voz resonó desde los altavoces.
—Uel. El director quiere verte.
El niño levantó la mirada.
Vacía.
Y sin responder, salió de la sala.
El director
Caminó por largos pasillos blancos, estériles, iluminados por luces frías.
No había decoraciones.
No había vida.
Solo control.
Hasta llegar a una oficina de vidrio reforzado.
Dentro lo esperaba un hombre de cabello gris, vestido con uniforme militar negro.
El director observaba en silencio a través de una ventana.
Del otro lado…
Una habitación completamente blanca.
En el centro, una mesa metálica.
Y sobre ella, un niño sujeto con cadenas especiales.
O al menos eso parecía.
Porque sus ojos brillaban ligeramente dorados.
No humano.
No completamente.
Sobrenatural.
El director habló sin apartar la vista.
—Con su ADN podremos mejorar nuestras armas.
Uel se acercó lentamente a la ventana.
Su expresión seguía sin emoción.
—Pero aún no es lo que buscamos… ¿verdad?
El director giró hacia él.
—Tus recuerdos de vidas pasadas han sido más útiles de lo que imaginábamos.
El silencio de Uel fue pesado.
—Esto ayudará a la humanidad a sobrevivir.
El director sonrió apenas.
—Exactamente.
Pero entonces…
Uel parpadeó.
Algo.
Un eco.
Una vibración muy leve atravesó su mente.
Como un susurro antiguo que no pertenecía a ese lugar.
Sus ojos negros se estrecharon ligeramente.
—Interesante…
MoonBlack
Mientras tanto…
La manada entera comenzaba los preparativos para la ceremonia de transformación.
Las calles de MoonBlack estaban siendo decoradas lentamente.
Antorchas.
Flores.
Runas de protección.
Mesas largas para el banquete.
Era una celebración… pero también un ritual.
Pronto, varios jóvenes escucharían por primera vez a sus lobos.
Y entre ellos…
Rafael.
Andrea supervisaba cada detalle con precisión.
Vicente observaba desde lo alto, en silencio.
Bella
Bella ayudaba a acomodar decoraciones junto a otras omegas.
Pero su expresión no era feliz.
Escuchaba conversaciones alrededor:
—Mi lobo será fuerte.
—Voy a correr más rápido que todos.
—Quiero despertar magia lunar.
Y ella…
Solo escuchaba.
Sin decir nada.
Sin sentirse parte.
La derrota en el combate aún ardía dentro de ella.
Frustración.
Vergüenza.
Y una pregunta constante:
¿Por qué yo no?
Una omega le sonrió.
—Princesa Bella, ¿puedes traer más flores?
Bella asintió de inmediato.
—Sí…
Pero mientras caminaba…
Se detuvo.
Otra vez.
La voz.
Suave.
Lejana.
—Bella…
Sus ojos se abrieron.
Miró alrededor.
Nada.
Solo viento.
Pero esta vez… no era solo una voz.
Era como si algo respondiera desde muy lejos.
Como si el mundo la hubiera escuchado mirar.
Biblioteca de Charles
Días después…
Bella estaba escondida dentro de la biblioteca.
Literalmente escondida.
Acostada boca abajo sobre un sillón enorme, leyendo un libro de magia mientras movía los pies en el aire.
Charles la observaba desde la chimenea con una copa en la mano.
—Si Andrea descubre que faltaste al colegio otra vez, me culpará sin dudarlo.
Bella hizo un puchero.
—No quiero ir hoy.
—Pequeña loba dramática.
—Estoy aprendiendo cosas importantes.
Charles arqueó una ceja.
—¿Qué cosa importante?
Bella levantó el libro como prueba.
—Esto.
Él suspiró.
—Eso es un libro de sellos antiguos. No deberías estar leyendo eso sin supervisión.
—Ya estoy supervisada… por ti.
Charles la miró en silencio.
—Eso no cuenta como supervisión responsable.
Antes de que Bella respondiera…
Un sonido grave llegó desde el exterior.
Motores.
Vehículos.
Y varios.
Charles entrecerró los ojos.
—Eso no es normal.
Bella se levantó rápidamente y miró por la ventana.
—¿Visitas?
Charles no respondió.
Solo dejó la copa.
Su expresión había cambiado.
Casa principal de MoonBlack
Andrea y Vicente discutían nuevamente.
—Bella debe seguir entrenando —gruñó Vicente.
—La obligaste a pelear frente a todos —respondió Andrea—. La humillaron.
—Necesita aprender a sobrevivir.
—¡Tiene diez años!
—Y es hija de dos alfas.
La tensión crecía.
Hasta que…
La puerta principal se abrió sin tocar.
El aire cambió.
Instantáneamente.
Un aroma invadió la sala.
Sangre.
Luna.
Poder alfa.
Vicente se quedó quieto.
Altair dentro de él se levantó lentamente.
Andrea giró la cabeza.
Sus ojos se abrieron apenas.
Porque reconocía ese olor.
Siempre lo había reconocido.
—He venido por mi sobrina… tal como acordamos.
El silencio fue inmediato.
Andrea no respondió.
No al principio.
Porque no podía.
Entonces lo vio.
Cabello blanco.
Ojos rojos intensos.
Una sonrisa elegante… y peligrosa.
Cassio Ajax.
Alfa de MoonBlood.
Hermano mayor de Andrea.
Andrea exhaló lentamente.
—Cassio…
Y por primera vez en mucho tiempo…
MoonBlack sintió que algo externo acababa de cruzar sus límites.