Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Distracción
Cuando regresaron al castillo Fitzpatrick, Arely prácticamente huyó.
Apenas el carruaje se detuvo frente a la entrada principal, descendió con rapidez.
Demasiada rapidez.
Tan rápido que varios sirvientes se sorprendieron.
Y más rápido todavía cuando escuchó la voz del duque despidiéndose de ella.
—Lady Hoffman.
—¡Gracias por mostrarme los terrenos!
Respondió casi instantáneamente.
Luego siguió caminando.
Muy rápido.
Sin mirar atrás.
Porque sinceramente ya no confiaba en sí misma.
No después de aquella batalla.
No después del carruaje.
Y definitivamente no después de haber pasado medio viaje sonrojándose como una adolescente.
[Esto es ridículo. Absolutamente ridículo.]
Subió las escaleras del castillo y se dirigió directamente a las habitaciones donde descansaba Aaron.
Cuando abrió la puerta, encontró a su hermano cómodamente instalado en una cama.
Con el pie completamente vendado.
Y rodeado de comida.
—Veo que estás sufriendo mucho.
Aaron mordió un pastel.
—Terriblemente.
Arely rodó los ojos.
—Mentiroso.
—Estoy herido.
—Estás merendando.
—Puedo hacer ambas cosas.
Ella terminó sonriendo y tomó asiento cerca de la cama.
Durante los siguientes minutos le explicó todo lo ocurrido.
Los terrenos.
Las rutas comerciales.
Los riesgos de seguridad.
Los ataques de bandidos.
Y las ventajas estratégicas de establecer almacenes Hoffman en aquella zona.
Aaron escuchó atentamente.
Bueno.
Tan atentamente como Aaron podía escuchar algo relacionado con negocios.
Cuando terminó, él asintió.
—Suena como una buena inversión.
—Eso pensé.
Aaron acomodó el pie vendado sobre varias almohadas.
—El doctor dijo que debería evitar moverme demasiado durante unos días.
Arely observó el vendaje.
Todavía le parecía extraño.
Muy extraño.
Porque seguía sin comprender cómo Aaron había sufrido una lesión tan fuerte.
Pero por ahora decidió dejar el tema.
Entonces una idea volvió a aparecer en su mente.
La misma idea que había estado considerando desde el regreso.
—Quizá deberíamos cambiar los planes.
Aaron levantó una ceja.
—¿Cómo?
—Mientras te recuperas, podría viajar al territorio del conde Bruyne.
Silencio.
Aaron la observó.
Luego sonrió lentamente.
[Oh no. Esa sonrisa.]
La sonrisa peligrosa.
—¿Estás huyendo del duque de hielo?
Arely casi se atragantó.
—¿Qué?
—¿Estás huyendo?
—No.
—¿Segura?
—Completamente segura.
Aaron siguió sonriendo.
—Porque parece que estás huyendo.
—No estoy huyendo.
—Ajá.
—Aaron.
—Ajá.
Arely tomó una almohada y se la lanzó.
Aaron comenzó a reírse.
—¡Lo sabía!
—¡No sabes nada!
—¡Estás aterrorizada porque te gusta!
—¡No me gusta!
—¡Claro que sí!
Ella respiró profundamente.
Muy profundamente.
Intentando conservar algo de dignidad.
Luego volvió al tema principal.
—Debemos terminar correctamente los dos negocios que quedan.
Aaron dejó de reír poco a poco.
Porque en realidad entendía la situación.
El viaje tenía un objetivo importante.
Después del desastre diplomático en Morozov no podían permitirse cometer más errores.
—Tienes razón —admitió finalmente.
Arely asintió.
—Además, dejar esperando al conde Bruyne tampoco sería apropiado.
—No.
—Y mientras tanto tú puedes terminar las negociaciones aquí.
Aaron permaneció pensativo unos segundos.
Luego asintió.
—Quizá sea lo mejor.
Arely sintió alivio inmediato.
Perfecto.
Todo solucionado.
Viajaría al territorio Bruyne.
Conocería al famoso conde caritativo..
Concluiría los negocios pendientes.
Y lo más importante...
No tendría que seguir viendo todos los días a cierto duque absurdamente hermoso.
[Excelente plan. Un plan brillante. Un plan perfectamente razonable.]
Por primera vez en horas sintió que recuperaba el control de la situación.
Porque la distancia solucionaría el problema.
Definitivamente.
Sin duda.
Mientras tanto, en algún lugar del castillo, el duque Mylo Fitzpatrick probablemente ignoraba por completo que Arely Hoffman acababa de diseñar toda una estrategia comercial para escapar de él.
Esa noche, durante la cena en el castillo Fitzpatrick, el ambiente era mucho más tranquilo que durante el resto del día.
Aaron permanecía descansando en sus habitaciones por recomendación del doctor.
Así que en la enorme mesa del comedor solo estaban Arely, el duque Fitzpatrick y algunos sirvientes que se movían silenciosamente entre los candelabros y las decoraciones de hielo.
Por primera vez desde que llegaron, Arely se sentía relativamente calmada.
Había tomado una decisión.
Y las decisiones siempre la ayudaban a ordenar sus pensamientos.
Después de la comida principal, dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Duque Fitzpatrick.
Mylo levantó la vista hacia ella.
—¿Sí?
—Quería informarle que mañana partiré hacia el territorio del conde Bruyne.
El duque permaneció en silencio unos segundos.
Luego asintió lentamente.
—Entiendo.
Nada más.
Ninguna pregunta.
Ningún comentario.
Ninguna broma.
Aquello sorprendió un poco a Arely.
Porque sinceramente esperaba alguna observación burlona.
Algo sobre que estaba huyendo.
O algún comentario que volviera a hacerla sonrojar.
Pero no ocurrió.
Mylo simplemente la observó.
Con aquella expresión tranquila que se había vuelto tan familiar durante los últimos días.
Y entonces apareció una pequeña sonrisa.
Suave.
Difícil de interpretar.
Arely sintió una ligera inquietud.
Porque no sabía qué significaba esa sonrisa.
¿Diversión?
¿Comprensión?
¿O simplemente educación?
Era imposible saberlo.
—Mi hermano Aaron podrá finalizar los detalles restantes cuando se recupere —explicó ella.
—Es una decisión razonable.
—Eso pensé.
Mylo asintió nuevamente.
Y durante un instante pareció querer decir algo más.
Pero finalmente solo tomó su copa.
—Entonces le deseo mucho éxito en sus negocios, lady Hoffman.
La respuesta fue tan educada y tan normal que Arely sintió un alivio inesperado.
—Gracias.
Él sonrió apenas.
—Estoy seguro de que el conde Bruyne apreciará sus capacidades.
—Eso espero.
Y la conversación continuó normalmente después de eso.
Sin comentarios incómodos.
Sin sonrisas peligrosas.
Sin preguntas sobre sonrojos.
Sin nada capaz de alterar su ritmo cardíaco.
Lo cual permitió que Arely terminara la cena muchísimo más tranquila de lo que había empezado.
Cuando finalmente regresó a sus habitaciones esa noche, se dejó caer sobre una silla frente a la ventana.
Afuera la nieve seguía cayendo lentamente sobre las torres heladas del castillo.
Y por primera vez en varios días sintió que podía pensar con claridad.
[Mañana me iré. Visitaré al conde Bruyne. Terminaré las negociaciones. Y Aaron concluirá las de Fitzpatrick.]
[Perfecto. Todo perfectamente organizado.]
Además...
Un poco de distancia probablemente era lo mejor.
Porque sinceramente el duque Mylo Fitzpatrick era una distracción enorme.
Una distracción hermosa.
Inteligente.
Y peligrosamente encantadora.
Pero seguía siendo una distracción.
Así que preparó su equipaje personalmente.
Revisó contratos.
Ordenó documentos.
Preparó las rutas comerciales que analizaría durante el viaje.
Y cuando finalmente se acostó esa noche, se sintió satisfecha.
Mañana comenzaría una nueva etapa del recorrido.
Un nuevo territorio.
Un nuevo noble.
Y probablemente una negociación mucho más tranquila.
Después de todo, según todos los informes, el conde Bruyne era famoso por su amabilidad, sus obras benéficas y su carácter pacífico.
Muy distinto al duque de hielo.
Con ese pensamiento reconfortante, Arely cerró los ojos y se quedó dormida.
Sin darse cuenta de que la pequeña sonrisa que Mylo había mostrado durante la cena no había sido casual.
Porque el duque Fitzpatrick había escuchado todo el plan.
Y, por alguna razón, aquello parecía divertirlo muchísimo más de lo que debería.