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La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Inicio del entrenamiento.

La adolescencia llegó para Alelí sin pedir permiso.

El tiempo había pasado rápido, demasiado rápido para alguien que había dejado de ser niña la noche en que perdió a sus padres. A sus quince años, su apariencia contrastaba con la tristeza que llevaba por dentro. Era una adolescente hermosa, de rasgos delicados y mirada profunda, con un cuerpo que empezaba a definirse de forma armoniosa y una presencia que no pasaba desapercibida. Muchos la miraban. Pocos la conocían realmente.

En la escuela seguía siendo brillante.

Sus calificaciones eran impecables, su conducta intachable, su futuro prometedor. Los profesores la ponían como ejemplo y sus compañeros la respetaban, aunque algunos la veían distante, casi inaccesible. Alelí no hacía amigos con facilidad. Había aprendido, desde muy pequeña, que encariñarse era un riesgo.

Excepto con Anita.

Anita había llegado a su vida en los primeros años de escuela, cuando Alelí todavía hablaba poco y observaba mucho. Era todo lo contrario a ella: risueña, expresiva, cálida. Fue la única que se sentó a su lado sin pedir permiso, la única que le hablaba como si no cargara un pasado pesado a la espalda.

—Oye, ¿siempre eres así de callada o solo hoy? —le preguntó aquel primer día.

Alelí la miró durante unos segundos antes de responder.

—Siempre.

Anita sonrió.

—Perfecto, entonces yo hablaré por las dos.

Y así fue.

Con el paso de los años, Anita se convirtió en su refugio. Con ella podía reír, quejarse, hablar de cosas simples, de sueños, de miedos pequeños. Nunca le contó toda la verdad sobre su pasado, pero Anita intuía que Alelí escondía algo profundo y doloroso. Y nunca la presionó.

—Sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad? —le decía—. Para lo que sea.

Y Alelí lo sabía.

Fuera de la escuela, la vida seguía siendo dura.

Sus padres sustitutos no habían cambiado. Seguían siendo fríos, hirientes con palabras, indiferentes a sus logros. Pero Alelí había cambiado. Ya no esperaba nada de ellos. Había aprendido a poner una barrera invisible entre sus insultos y su corazón.

—¿Otra vez llegas tarde? —le reclamaban—. No creas que puedes hacer lo que quieras.

—Solo estudio —respondía ella, sin levantar la voz.

Ya no discutía.

Ya no lloraba.

Ya no le importaba.

Todo lo que hacía tenía un objetivo: irse.

Desde pequeña había trabajado y ahorrado cada centavo que podía. A los quince años ya tenía una cantidad considerable escondida cuidadosamente en su habitación, la ponía debajo de una tabla debajo de su cama, no confiaba en nadie y el dinero ganado con esfuerzo no podía perderse, lo que si tenía era paciencia y sacrificio. Ese dinero no era para ropa, ni salidas, ni caprichos. Era para algo mucho más importante.

Una tarde, mientras caminaba con Anita después de clases, Alelí se detuvo. Una idea le surgió de repente.

—Necesito aprender a defenderme —dijo sin rodeos.

Anita la miró sorprendida.

—¿Defenderte? ¿De qué o más bien de quién amiga?

Alelí dudó un segundo, pero decidió decir la verdad… al menos una parte.

—Del mundo.

Anita frunció el ceño, pensativa.

—Mi papá conoce a varios entrenadores —respondió al fin—. Gente buena. Profesionales. ¿Quieres que le pregunte?

Alelí asintió.

—Si, por favor.

No explicó más. No necesitaba hacerlo.

Los entrenamientos comenzaron pocas semanas después. Siempre después del colegio, siempre con una excusa preparada por si alguien preguntaba. Al principio fue duro. Muy duro. Su cuerpo no estaba acostumbrado al esfuerzo físico extremo, a los golpes, a las caídas.

Pero Alelí no se rendía.

Mientras otros entrenaban por deporte, por disciplina o por diversión, ella entrenaba con una imagen fija en la mente: la noche en que vio morir a sus padres. Ese recuerdo la impulsaba a levantarse cada vez que caía.

—Tienes una resistencia impresionante —le dijo su primer instructor—. ¿Qué te motiva tanto?

Alelí apretó los puños.

—No perder y sobrevivir —respondió.

Aprendió defensa personal, combate cuerpo a cuerpo, técnicas de escape. Se volvió ágil, rápida, precisa. Su cuerpo cambió, se fortaleció. Cada músculo tenía un propósito. Cada movimiento, una razón.

Pronto fue la mejor del grupo.

Los entrenadores la observaban con respeto y cierta inquietud. Había algo en su forma de entrenar que no era común. No había rabia descontrolada, sino una frialdad concentrada, una determinación silenciosa que asustaba.

Pero Alelí no se detuvo ahí.

Con el tiempo, y siempre en secreto, empezó a buscar en el bajo mundo quien le podía enseñar sobre armas. Lo hizo con extrema cautela, sabiendo que un solo error podía traerle problemas graves. Aprendió a desmontarlas, limpiarlas, manejarlas. No lo hacía por gusto. Lo hacía porque sabía que el mundo al que algún día se enfrentaría no tendría reglas limpias.

Todo lo ocultaba cuidadosamente.

En casa, seguía siendo la misma adolescente callada, obediente, invisible. Había perfeccionado el arte de aparentar normalidad. Sabía qué decir, cuándo callar, cómo no levantar sospechas.

—Cumple dieciocho y te vas —se repetía cada noche—. Solo aguanta un poco más.

La venganza seguía ahí. No gritaba. No exigía. Solo esperaba.

A veces, cuando se miraba al espejo, Alelí apenas se reconocía. La niña asustada ya no estaba. En su lugar había una joven fuerte, hermosa y peligrosa, aunque nadie lo supiera aún.

Tenía un futuro prometedor, decían todos.

Y era verdad.

Solo que ese futuro no era el que el mundo imaginaba.

Porque mientras Alelí entrenaba, estudiaba y crecía en silencio, también se preparaba para algo más grande. Algo oscuro. Algo que aún no tenía nombre, pero sí una raíz clara: la justicia que nadie le dio.

Y el día que cumpliera la mayoría de edad…

nada la detendría.

1
Omaira Sanchez
😭 Quiero seguir 😭 leyendo,
Omaira Sanchez
Excelente, me tiene Atrapada,
Mariscal Morin
Que 💩 💩 💩 de padres
Mariscal Morin
😟😟😟😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
A la mad @***
Mariscal Morin
Estoy hasta sudando, 😅 😅 no manches 😅😅😅
Mariscal Morin
Tanto misterio 😊😊😊😊
Mariscal Morin
A la mamá, como que sintieron ñañaras 😊😊aber en que terminan
Mariscal Morin
Esta saliendo bien chingona 🌷🌷
Mariscal Morin
Que bella historia 🌷🌷🌷🌷🌷🌷
Mariscal Morin
Todo fríamente calculado, para vengar a sus padres 😟😟😟
Mariscal Morin
Me esta gustando mucho esta historia 😊😊
Mariscal Morin
No es bueno crecer con tanto odio 😟😟😟
Mariscal Morin
Pobresita niña 😟😟😟
Amelia Mirta Fernández
me encanta como se está relatando la trama. muy sutil.
Amelia Mirta Fernández
Me gusta hasta ahora..recién empiezo su lectura..
Amelia Mirta Fernández
Interesante comienzo. 👏👏👏👏👏🥰
Beatriz Elsa Ponzo
tienen que dejar de cortar la historia asi
Beatriz Elsa Ponzo
no tienen que cortar así
Beatriz Elsa Ponzo
hoy ya es 19 y como sigue. qye injusto cortar así
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