En una ciudad donde los crímenes no siempre son humanos, los detectives Lin Yue y Zhao Ren pertenecen a una división secreta de la policía encargada de casos que jamás aparecen en los informes oficiales. Apariciones que matan, cadáveres que regresan caminando y asesinos que no dejan huellas… porque no están vivos.
Mientras resuelven sucesos cada vez más atroces y paranormales, ambos descubren que los monstruos no solo se esconden en la oscuridad, sino también dentro del sistema que juraron proteger.
Y algunos casos… jamás debieron abrirse.
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Capítulo 4 — Lo que los humanos dejan atrás.
La lluvia no había cesado.
El barrio entero parecía atrapado en una noche interminable, como si el tiempo evitara avanzar mientras el caso permaneciera abierto.
La vieja tienda abandonada quedó detrás de ellos, pero la sensación de ser observados no desapareció.
La entidad ya no atacaba.
Esperaba.
Eso era peor.
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Lin Yue revisaba nuevamente las fotografías encontradas en el local bajo la tenue luz de un farol público. Los rostros parcialmente quemados mostraban familias completas: padres, hijos, ancianos… residentes del edificio durante distintas décadas.
Todos conectados por el mismo lugar.
Todos desaparecidos o muertos.
Zhao Ren permanecía apoyado contra un poste, ojos cerrados, rostro relajado como si escuchara música invisible.
—El patrón es claro —dijo ella finalmente—. No es una maldición espontánea.
—Nunca lo son —respondió él con suavidad.
Lin Yue señaló una imagen.
—Mira esto.
Aunque sus ojos seguían cerrados, Zhao Ren inclinó la cabeza hacia la foto.
—Tercer piso… ala norte —dijo sin dudar.
Ella no preguntó cómo lo sabía.
Ya había decidido que algunas preguntas no tendrían respuestas normales.
—Todas las familias que vivieron en ese departamento abandonaron el edificio en menos de un año —explicó—. Excepto la última víctima.
—El hombre del sofá.
—Sí.
Zhao Ren dejó escapar un pequeño suspiro.
—Entonces él no creó la entidad… la heredó.
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Regresaron al edificio poco antes del amanecer.
La policía había evacuado el lugar, dejando únicamente cintas de seguridad agitadas por el viento. El silencio era más pesado ahora, como si el edificio respirara lentamente.
El ascensor no funcionaba.
Subieron por las escaleras.
Cada paso producía ecos demasiado largos.
En el tercer piso, el aire cambió.
Más frío.
Más denso.
King comenzó a moverse nerviosamente dentro de la mochila.
—Estamos cerca —murmuró Zhao Ren.
El pasillo estaba lleno de puertas cerradas… excepto una al fondo.
Departamento 3B.
La madera estaba cubierta por capas de pintura vieja, como si alguien hubiera intentado ocultarlo repetidamente.
Lin Yue sacó su linterna.
—No hay registros recientes de este lugar.
Zhao Ren tocó la pared.
—Porque alguien quiso borrarlo.
La puerta se abrió apenas al empujarla.
Un olor insoportable salió desde dentro.
No era muerte reciente.
Era abandono… y sufrimiento antiguo.
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El departamento estaba vacío de muebles.
Pero las paredes hablaban.
Miles de marcas talladas con uñas.
Mensajes repetidos una y otra vez:
NO ME ESCUCHAN
SIGUEN AQUÍ
NO PUEDO SALIR
Lin Yue avanzó lentamente.
—Encierro prolongado…
Zhao Ren se agachó junto al suelo.
Había marcas metálicas.
Cadenas.
Anclajes removidos.
Su sonrisa desapareció por completo.
—No fue un accidente.
Lin Yue giró hacia él.
—¿Qué ves?
Él pasó la mano sobre el suelo.
—Desesperación constante… durante años.
Un silencio pesado cayó entre ambos.
Entonces encontraron la habitación trasera.
La puerta estaba reforzada desde afuera.
Lin Yue la abrió con esfuerzo.
Dentro solo había una silla oxidada… y una grabadora antigua cubierta de polvo.
Presionó el botón.
Un ruido estático llenó el cuarto.
Luego una voz masculina temblorosa comenzó a sonar.
> “Día 47… siguen diciendo que es por mi bien… que debo aprender a comportarme… que nadie me escuchará…”
La voz se quebró.
> “Papá dice que el ruido en mi cabeza es castigo… pero las sombras solo quieren salir…”
Zhao Ren bajó lentamente la cabeza.
La grabación continuó.
> “Si alguien encuentra esto… por favor… no dejen que se quede aquí…”
La cinta terminó con un golpe violento y un grito ahogado.
Silencio.
Lin Yue habló apenas:
—Un niño.
Zhao Ren asintió.
—Encerrado. Aislado. Probablemente considerado… problemático.
Ella comprendió inmediatamente.
—Abuso prolongado.
Las piezas encajaron.
El edificio no estaba embrujado por azar.
El sufrimiento del niño había creado algo.
Años de miedo, soledad y dolor comprimidos en un solo lugar hasta romper la realidad.
—La entidad… —dijo Lin Yue lentamente— no busca matar.
Zhao Ren completó la frase:
—Busca ser encontrada.
De repente, la temperatura cayó bruscamente.
Las paredes comenzaron a vibrar.
Sombras emergieron desde las esquinas, reuniéndose frente a ellos.
La figura apareció nuevamente.
Pero ahora era distinta.
Más pequeña.
Más inestable.
Como una silueta infantil hecha de oscuridad.
King dejó de chillar.
El ambiente ya no transmitía ira.
Solo tristeza.
Zhao Ren dio un paso adelante.
—Te hicieron daño… ¿verdad?
La sombra tembló.
Las marcas en las paredes comenzaron a brillar débilmente.
Lin Yue observó en silencio.
Por primera vez no preparó defensa alguna.
La entidad extendió una forma parecida a una mano hacia ellos.
Y en ese instante ambos entendieron la verdad completa.
El hombre muerto no había sido víctima al azar.
Era el hijo adulto que había regresado al lugar donde fue encerrado.
El trauma nunca lo abandonó.
Y al volver…
Despertó aquello que había nacido de su sufrimiento infantil.
—El horror no empezó con un fantasma —dijo Lin Yue.
Zhao Ren asintió suavemente.
—Empezó con un padre.
Las luces explotaron.
Un grito atravesó el edificio entero.
La entidad creció violentamente, alimentada por recuerdos liberados.
El caso había cambiado.
Ya no investigaban un crimen paranormal.
Investigaban las consecuencias de un crimen humano olvidado.
Y ahora debían decidir algo más difícil que destruir un monstruo.
Debían liberarlo.