Salvatore Greco nunca tuvo problemas con la tentación.
Hasta que una mujer que no lo necesita se cruza en su camino.
Elira Rama es una sobreviviente.
No cree en rescates ni en promesas. Ha pasado su vida cuidando a otros y luchando por no perder el control de la suya.
Mientras él intenta protegerla y mantenerla a salvo, ella lucha por no depender de nadie.
Y cuando el deseo, el pasado y la ambición chocan, ambos deberán decidir si la tentación es una promesa… o una condena.
Porque no todas las mujeres quieren ser rescatadas.
Y no todos los capos sobreviven a aquello que no pueden dominar.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La decisión más difícil
Salvatore
Golpeo la puerta del baño con mi puño cuando la veo correr lejos de mi alcance.
Debería poder seguirla, debería correr detrás de ella y obligarla a sentir y a no tener miedo. Pero no puedo. Y no es solo por mi incapacidad física… es que también siento miedo.
No debería importarme. No debería importarme que haya bailado delante de otros hombres. Pero la imagen de lo que dijo se repite en mi cabeza una y otra vez, sin detenerse, cegándome por la ira que comienza a hervir bajo mi piel.
La veo moviéndose como lo hizo para mí por unos segundos, sonriéndoles, tentándolos con ese rostro y ese cuerpo que fue creado para el pecado. Veo las miradas clavadas en su cuerpo. Veo manos que no son mías tocando su piel y la turgencia de sus pechos. Puedo ver el hambre en sus ojos… el hambre que yo siento desde la primera vez que la vi.
No. No debería importarme, pero lo hace.
Y es desquiciante la forma que tiene esa mujer de apoderarse de cada pensamiento, de cada sentimiento…
Me afirmo contra la puerta cuando el dolor físico me devuelve al ahora. A la caravana. Y me saca del lugar dónde la veo tentando a todos menos a mí.
Miro el techo descascarado de la caravana y siseo cuando tengo que inclinarme para poder respirar profundamente. Estoy de pie a fuerza del orgullo y sus vendajes, soportando el dolor, como me enseñaron de pequeño, aunque no fuera mi destino liderar, porque no lo era. Mi destino era seguir a Damián, obedecer, pero eso cambió cuando la verdad cayó como un rayo en nuestras vidas.
Soy el heredero del imperio.
Soy el verdadero dueño de todo este territorio.
De Grecia y Albania.
Sangré por ambas.
Pero Damián también lo hizo. Sangró y mató por Grecia, y para recuperar nuestra antigua gloria, pero lo hizo bajo un título que no era suyo. Nunca fue suyo.
Me aferro a mi costado cuando la piel quema debajo de los vendajes, y todo empeora cuando ella vuelve a aparecer en mi mente, consumiendo cada puto pensamiento.
La fiebre se fue, es verdad, pero hay algo peor quemando bajo mi piel.
Celos.
Celos que no puedo controlar como lo hice antes, cuando alguien tenía lo que quería. Una copa no se llevará esta sensación. Ni tampoco lo hará despedazar a alguien.
Esto es otra cosa. Algo nuevo. Algo animal.
Algo tan antiguo como la creación de la primera estrella.
Ely me pertenece. Puedo sentirlo en cada latido de mi corazón, en cada poro de mi piel.
Cierro los ojos y vuelvo a golpear la puerta del baño.
La vi reír.
No una sonrisa cuidada ni educada. No era una sonrisa falsa destinada a quemar la sangre de un hombre. No. Era real. Vi por unos segundos a la niña que nadie la dejó ser. Fue libre e infantil. Fue mía… Por unos segundos fue completamente mía… hasta que entendí que no me pertenecía.
Nada de ella me pertenece, porque nunca me dejará alcanzarla, y sin embargo, mi cuerpo se niega a creer que no es nuestra.
Desordeno mi cabello y me siento sobre la silla, ignorando la punzada de dolor mientras vuelvo a imaginarla bailando.
He visto a mujeres bailar antes en nuestros clubes y en otros. Me he acostado con varias de ellas después de una noche de alcohol y sangre. Pero nunca significó nada. Solo un momento agradable antes de volver a la guerra.
Pero esto fue diferente. No porque ella bailara… sino porque no bailó para mí.
Bailó para sobrevivir.
Y esa verdad, esa vulnerabilidad, golpea más fuerte que cualquier bala lo hará jamás.
La veo bailando rodeada de hombres que no saben nada de ella. Que no saben que la lucha está en su cuerpo desde que era una niña. Ellos no saben que probablemente mi ángel duerma con un ojo abierto esperando el próximo desastre que intentará vencerla.
Ellos no saben lo fuerte que es.
Mis manos se cierran en puños, no porque otros la hayan deseado, sino porque alguien creyó que tenía el derecho de hacerlo.
Como yo…
Suspiro cuando el miedo enfría mi pecho cuando la recuerdo riendo, y luego, cuando entendí que algo se había roto dentro de ella, quizá de forma irremediable… Y por un segundo entendí algo que no estoy preparado para aceptar.
No quiero poseerla como lo hice con otras mujeres que pasaron por mi cama.
Quiero ser su lugar de descanso. El lugar donde pueda reír y llorar. El lugar donde pueda sentirse a salvo.
Quiero ser el único a quien no tenga que sobrevivir… quiero que pueda tan solo vivir a mi lado sin tener que alzar esos muros que llegan hasta el cielo. Imperturbables. Inalcanzables.
Y eso… eso es mucho más peligroso.
Me obligo a respirar, a pensar con frialdad, como me enseñaron toda mi vida, pero no puedo apagar este fuego que comienza a anidar dentro de mi pecho.
Una risa amarga brota de mi pecho cuando recuerdo a Damián obsesionado por Stefy. Pensé que se había vuelto loco. No podía entender que una mujer tuviera tanto poder sobre él… pero ahora lo entiendo.
Ahora quiero cambiar este mundo. Quiero destruirlo y reducirlo a cenizas, solo para volver a moldearlo a su medida, para que ella se sienta a salvo.
Miro la puerta por la que salió y entiendo, con la misma claridad que veo mis sentimientos, que ella no se siente así. Elira no sabe sentir. Cree que el amor y el placer son sus enemigos. Cree que sentir es una debilidad.
Mi ángel no me necesita. Ni siquiera me quiere cerca. Solo soy una carga para ella.
Mi pecho se inunda con un dolor distinto y más persistente que cualquier otro que haya sentido.
Es una herida nueva. Una herida que no sanará si no es con ella.
No.
No es deseo.
No es orgullo herido.
Es amor.
Y esa verdad cae sobre mí con una claridad brutal.
La amo.
No de la forma ligera en que otros hombres creen amar. No como un capricho, ni como un consuelo, ni como una obsesión pasajera. La amo como se ama una vez en la vida. Como se ama cuando ya no hay vuelta atrás.
Y ella no puede con eso.
Lo entiendo ahora, con la misma certeza con la que entiendo mi propio nombre. Elira no huye de mí porque no sienta nada. Huye porque sentir le cuesta demasiado caro. Porque cada vez que algo bueno se asoma en su vida, ella se prepara para perderlo.
Si me quedo, no la salvaré.
La arrinconaré. La forzaré a sentir lo que no puede. La obligaré a convertirse en algo que aún no es… y quizá nunca será.
Y yo no sé amar a medias… No podré quedarme sin reclamar lo que siento.
No sé observar desde lejos. No sé conformarme.
Hoy la dejo escapar. No porque no la quiera, sino porque la quiero demasiado.
Camino hasta la cama y tomo mi celular. Volver a mi mundo es sencillo. Siempre lo ha sido. Sangre, decisiones, poder. Ahí sé quién soy.
Aquí, con ella, me convierto en un peligro.
Elira no me ama.
No me desea.
Y quizá nunca pueda hacerlo. Y aun así… la amo.
Así que hago lo único que me queda por hacer sin destruirla... me alejo de su vida.
❤️🩹🥲🥹
ojalá no deje que la otra vuelva, ya es hora de que disfrute su vida a su manera y con Salvatore que la ama