Tu nombre en mi pasado
En la ciudad de Vareth, donde el poder se mueve en silencio y la lealtad se paga con sangre, Adrián Voss vive atrapado en un pasado que nunca logró enterrar.
Años después de la muerte de su padre, una sola pista aparece de la nada: un nombre que no debería existir… Elena Rivas.
Ella es todo lo que no encaja en su mundo: tranquila, normal, aparentemente ajena a la oscuridad que domina la ciudad. Pero en Vareth, nadie es inocente… y nadie aparece por casualidad.
Mientras Adrián se acerca a ella buscando respuestas, lo que encuentra es algo mucho más peligroso: una conexión que no entiende, una atracción que no puede controlar… y un secreto que podría destruirlos a los dos.
Porque alguien más ya los está observando.
Y esta vez…
el pasado no viene a recordarse.
Viene a cobrarse.
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Lo que te quitaron
El sonido del agua cayendo se volvió más lento.
Más pesado.
Como si cada gota tuviera intención.
La figura frente a ellos ya no era solo una silueta.
Ahora… se veía mejor.
O peor.
Tenía forma humana… pero no completa. Su cuerpo parecía hecho de agua oscura mezclada con algo más denso, como sombras pegadas entre sí. No tenía rostro claro… pero sí una presencia que se sentía.
No era solo verlo.
Era sentirlo.
Mateo no bajaba el arma.
—Dime que no vamos a hablar con eso…
—Cállate —murmuró Adrián, sin quitarle la vista de encima.
Elena dio un paso más al frente.
Esta vez, Adrián no la detuvo.
Pero se mantuvo justo detrás.
Lo suficientemente cerca como para alcanzarla… si algo salía mal.
La figura inclinó ligeramente la cabeza.
Como si la estuviera reconociendo.
“Sigues igual…”
Elena tragó en seco.
—No… no estoy igual.
Silencio.
—No recuerdo nada.
Un leve movimiento recorrió el cuerpo de la figura.
Como si eso le causara algo.
“Te hicieron olvidar.”
El aire se volvió más frío.
Adrián intervino.
—¿Quién?
La figura no respondió de inmediato.
Se acercó un poco más al borde del canal.
El agua goteaba de su forma, cayendo al suelo con un sonido espeso.
“Los de arriba.”
Mateo frunció el ceño.
—Eso no dice nada.
Pero Elena sí entendió algo.
O al menos… una parte.
—El sistema… —susurró.
La figura no negó.
“Ellos no crean…”
Pausa.
“Ellos toman.”
Silencio.
Adrián apretó la mandíbula.
—¿Tomar qué?
La figura levantó lentamente lo que parecía ser una mano.
Y señaló a Elena.
“A ti.”
Elena sintió un golpe en el pecho.
No físico.
Algo más profundo.
—¿Qué soy…?
La figura no respondió con palabras esta vez.
Se movió.
El agua reaccionó.
La superficie del canal empezó a agitarse… no violentamente, sino como si estuviera mostrando algo.
Imágenes.
Distorsionadas.
Fragmentadas.
Pero claras lo suficiente.
Elena abrió los ojos de golpe.
—No…
Adrián la sostuvo.
—¿Qué ves?
Pero ella no podía hablar.
Porque ahora…
ya no eran flashes.
Eran recuerdos.
Un cuarto blanco.
Demasiado limpio.
Demasiado frío.
Personas.
No rostros claros.
Pero sí batas.
Pantallas.
Y ella.
Más joven.
Inmóvil.
—No… —susurró Elena.
La imagen cambió.
Agua.
Un tanque.
Profundo.
Oscuro.
Su cuerpo dentro.
Flotando.
Conectado a algo.
Adrián la sostuvo más fuerte.
—Elena…
Ella lo agarró de la camisa.
—Me hicieron eso…
Silencio.
Mateo bajó el arma lentamente.
—No me jodas…
La figura volvió a hablar.
“Te sacaron de aquí…”
Elena respiraba rápido.
—Yo estaba aquí…
“Eras parte de esto.”
El suelo parecía moverse bajo sus pies.
—¿Parte de qué? —preguntó Adrián.
La figura se expandió un poco.
Como si el espacio no fuera suficiente.
“Del vínculo.”
Silencio.
—Eso no explica nada —dijo Mateo.
Pero Adrián sí lo estaba entendiendo.
Poco a poco.
—Por eso no está en la red como los demás…
Miró a Elena.
—Porque no es externa.
La figura confirmó.
“Ella no se conecta…”
Pausa.
“Ella es la conexión.”
Eso…
lo cambió todo.
Elena soltó la camisa de Adrián.
Dio un paso atrás.
—No…
Su voz tembló.
—No… eso no puede ser…
Adrián se acercó.
—Oye…
—No —dijo ella—. No quiero ser eso.
Silencio.
La figura no se movió.
Pero su presencia… se intensificó.
“No eliges lo que eres…”
Pausa.
“Pero puedes elegir qué haces con eso.”
Elena apretó los ojos.
—Me quitaron mi vida…
“Te dieron otra.”
—¡No la pedí!
El eco de su voz retumbó en todo el lugar.
Adrián la tomó por los hombros.
—Mírame.
Ella dudó… pero lo hizo.
—No eres lo que ellos hicieron contigo.
Silencio.
—Eres lo que decides ahora.
Esas palabras…
le llegaron más fuerte que todo lo demás.
Elena respiró.
Intentando sostenerse.
—¿Y si no sé cómo?
Adrián no dudó.
—Entonces lo descubrimos juntos.
Silencio.
Mateo miró hacia las escaleras.
—Odio interrumpir momentos bonitos…
Pausa.
—Pero no estamos solos.
Pasos.
Otra vez.
Arriba.
Pero esta vez…
más lentos.
Más pesados.
Diferentes.
La figura del agua reaccionó.
Se tensó.
“Ellos vienen.”
Elena la miró.
—¿Quiénes?
La respuesta fue simple.
“Los que te rompieron.”
Silencio.
Adrián miró hacia arriba.
—Entonces no tenemos mucho tiempo.
Mateo volvió a levantar el arma.
—Genial… nivel siguiente.
Elena respiró hondo.
Y esta vez…
no retrocedió.
Miró a la figura.
—Si soy la conexión…
Pausa.
—Entonces ayúdame.
La figura la observó.
Y por primera vez…
pareció dudar.
“Eso tiene un precio.”
Elena no apartó la mirada.
—Todo ya lo tiene.
Silencio.
Adrián la miró.
—Elena…
Ella lo sostuvo.
—Confía en mí.
Ese momento…
fue igual de fuerte que cualquier disparo.
Porque no era impulso.
Era decisión.
Y eso…
siempre es más peligroso.
Los pasos arriba se detuvieron.
Justo sobre ellos.
El aire se volvió más denso.
Y la figura del agua susurró:
“Entonces recuerda…”
El agua se levantó.
Y todo…
se oscureció.
Porque hay verdades que no solo duelen…
te cambian para siempre.