Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Mansion Moriarty 2
Un día antes de la ceremonia.
El duque se encontraba trabajando.
Documentos.
Asuntos del ducado.
Todo bajo control.
Hasta que..
Un grito.
Luego otro.
Más agudo.
Más cercano.
El duque se levantó de inmediato.
Su expresión cambió.
Y en pocos pasos ya estaba atravesando los pasillos.
Cuando llegó..
La escena lo recibió tensa.
Cortante.
Ophelia estaba de pie.
Frente a la ama de llaves.
Su mano alzada.
Como si estuviera a punto de golpearla.
Sus ojos…
Llenos de furia.
La ama de llaves, en cambio, mantenía la postura erguida.
Aunque al verlo..
Se apresuró a hablar.
—¡Mi señor! Lady Ophelia estaba a punto de golpearme.
El duque no respondió de inmediato.
Su mirada se movió.
De una a otra.
Evaluando.
Midiendo.
—¿Qué está pasando?
Su voz fue baja.
Pero firme.
Ophelia no bajó la mano de inmediato.
Apretó los dientes.
Su cuerpo estaba tenso.
—¿Por qué tienes la mano en alto?
El tono del duque fue frío.
Controlado.
Y eso…
Fue suficiente para que la ama de llaves esbozara una pequeña sonrisa de satisfacción.
Como si ya supiera el resultado.
Ophelia lo notó.
Sus puños se tensaron.
Y finalmente habló.
—Porque esa mujer… golpeó a Nanny.
El silencio cayó.
El duque giró lentamente la cabeza.
Y entonces la vio.
Nanny.
Sentada a un lado.
Una mano sobre su mejilla izquierda.
Aún roja.
Aún marcada.
Algo en la mirada del duque cambió.
Sutil.
Pero real.
Volvió a mirar a la ama de llaves.
Luego a Ophelia.
Y asintió apenas.
—No debes golpear al personal de la mansión Moriarty.
La frase cayó como una sentencia.
La ama de llaves sonrió.
Discreta.
Satisfecha.
Ophelia…
Bajó la mirada.
Sus manos temblaron levemente.
La tristeza apareció.
Mezclada con frustración.
Pero entonces..
El duque continuó.
—Podrías lastimarte.
El silencio cambió.
Ophelia alzó la mirada, confundida.
—Mañana es la boda.
Una pausa.
—Solo debes llamar a los guardias.
Su voz seguía siendo calmada.
—Ellos la golpearán por ti.
El mundo pareció detenerse un segundo.
La ama de llaves dejó de sonreír.
Ophelia lo miró.
Sorprendida.
Descolocada.
El duque se inclinó apenas hacia ella.
Acortando la distancia.
Y en un tono más bajo, casi solo para ella, dijo..
—Tú eres la autoridad en esta casa.
Sus ojos no se apartaron de los de ella.
—Puedes hacer lo que quieras.
Una pausa. Más suave.
—Solo no te lastimes.
Y entonces, en lo más profundo de su mente, una idea clara se asentó..
[Necesito tu cuerpo sano.]
Porque para él…
Había prioridades.
Y Ophelia…
Era la principal.
Por encima de todo.
Incluso…
Por encima de cualquiera en esa mansión.
El silencio que había quedado tras las palabras del duque no duró mucho.
La ama de llaves, lejos de retroceder, dio un paso al frente.
Su postura seguía firme.
Su voz… segura.
Demasiado.
—Mi señor.. yo solo hice lo que debía.
Señaló levemente hacia Nanny.
—Esa mujer no sabe cómo funcionan las cosas en esta casa. Yo he dirigido todo aquí por más de cuarenta años… y nunca ha habido problemas.
Hablaba con la autoridad de quien se sabe indispensable.
De quien cree que su lugar es intocable.
—Siempre ha funcionado todo bien.
El duque la escuchó.
Sin interrumpirla.
Sin mostrar reacción inmediata.
Pero su mirada…
Se volvía cada vez más fría.
—Nanny.. es la doncella personal de mi esposa.
Su voz fue firme.
Clara.
—Faltarle el respeto a ella… es una ofensa directa a Lady Ophelia.
La ama de llaves tensó la mandíbula.
Pero él no terminó ahí.
—Y aunque la doncella se equivocara… no tienes derecho a golpear a nadie.
El ambiente cambió.
Definitivamente.
Pero la mujer…
No retrocedió.
Confiada en sus años.
En su historia.
En su lugar dentro de esa casa.
Y entonces cometió el error.
—Si Lady Ophelia no sabe cómo funcionan las cosas… quizás no debería ser la duquesa Moriarty.
El aire se volvió pesado.
Denso.
—No sabe nada de como funciona la mansión Moriarty
Una pausa.
—Además… es extranjera.
El golpe fue directo.
Cruel.
Y completamente fuera de lugar.
Ophelia se quedó inmóvil.
Nanny bajó la mirada.
Los sirvientes cercanos dejaron de respirar por un segundo.
Y el duque…
Ya no estaba calmado.
—Guardias.
La palabra cayó como un golpe seco.
Dos hombres aparecieron de inmediato.
—Saquen a esta mujer.
No alzó la voz.
No hizo falta.
—Que se le pague todo lo correspondiente por sus años de servicio.
La ama de llaves abrió los ojos.
Por primera vez… sorprendida.
Pero el duque no había terminado.
Sus ojos eran hielo.
—Pero nadie. NADIE.
El énfasis fue absoluto.
Irrefutable.
—Habla así de la duquesa.
El silencio fue total.
La mujer intentó decir algo.
Pero los guardias ya la sujetaban.
No con violencia innecesaria.
Pero sin opción.
Mientras la sacaban, su autoridad de cuarenta años se desmoronaba en cuestión de segundos.
El duque no la volvió a mirar.
Giró.
Directo hacia Nanny.
—Llamen a un doctor.
Orden clara.
Inmediata.
Luego miró a Ophelia.
Y por un instante…
Su expresión se suavizó.
Apenas.
Pero lo suficiente para que se notara que, para él, todo había quedado claro.
En esa casa…
Ya no había dudas.
Ni jerarquías antiguas que valieran más que ella.
Porque ahora…
Ophelia no era una invitada.
Ni una extranjera.
Era..
La futura duquesa de Sunderland.
Y nadie…
Volvería a olvidarlo.
Cuando la ama de llaves fue retirada y el doctor llegó, el ambiente poco a poco comenzó a calmarse.
Nanny fue atendida de inmediato.
La hicieron sentarse con cuidado.
El doctor revisó su mejilla con delicadeza, aplicando ungüentos y asegurándose de que no hubiera daño mayor.
Ophelia no se separó de ella.
Se arrodilló a su lado.
Le tomó la mano.
—¿Te duele mucho? —preguntó con preocupación genuina.
Nanny negó suavemente, aunque su expresión aún reflejaba el golpe.
—Estoy bien, mi niña… no se preocupe.
Pero Ophelia no estaba convencida.
Sus ojos seguían atentos.
Protectores.
Como si quisiera asegurarse personalmente de que nada más pudiera hacerle daño.
Le acomodó el cabello.
Le habló en voz baja.
Le sonrió para tranquilizarla.
Todo su enfoque…
Toda su atención…
Estaba en ella.
El duque observaba la escena.
Desde unos pasos atrás.
En silencio.
Su mirada pasaba de Ophelia… a Nanny.
Y luego volvía a Ophelia.
Notó cada detalle.
La forma en que la sostenía.
La preocupación en su voz.
La prioridad clara.
Y algo dentro de él…
Se tensó.
No era enojo.
No exactamente.
Pero tampoco era algo cómodo.
Porque entendía.
Sabía que Nanny era importante para ella.
Lo había visto desde el inicio.
Lo había aceptado.
Incluso lo había considerado.
Pero aun así…
No le gustaba.
No le gustaba que, en ese momento..
Él no fuera el centro de su atención.
No le gustaba que sus ojos no lo buscaran.
Que sus manos no lo tocaran.
Que su preocupación no fuera para él.
Su expresión se endureció apenas.
Imperceptible para la mayoría.
Pero no para alguien que lo conociera bien.
Cruzó los brazos lentamente.
Observando.
Esperando.
Y entonces pensó..
[Nanny es importante…]
Lo aceptaba.
Por ahora.
Pero esa idea no se quedó ahí.
Porque inmediatamente después, otra tomó su lugar.
Más firme.
Más posesiva.
[Pero yo seré el más importante.]
No como una duda.
No como un deseo.
Sino como una certeza.
Sus ojos se fijaron en Ophelia.
Con esa intensidad silenciosa que ya empezaba a ser peligrosa.
Porque para el duque…
No se trataba solo de afecto.
Se trataba de lugar.
De prioridad.
Y él…
No pensaba ocupar el segundo.
Pobre Duque con sus hijos😂