Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.
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Capitulo 7
Trabajadores entraban y salían cargando cajas, rollos de tela apilados en diferentes puntos, mesas con cuentas abiertas, personas anotando cifras, revisando mercancía, discutiendo entregas; el lugar estaba lejos de ser silencioso o elegante en el sentido tradicional, pero tenía una vida propia que no dependía de apariencias.
Lucero observó todo con atención, su mirada recorría cada rincón, el movimiento, las personas, las telas apiladas, las cajas abiertas, el ir y venir sin pausa; no había lujo innecesario, todo tenía un propósito claro, y eso la tomó por sorpresa, su expresión lo dejó ver sin que necesitara decir una sola palabra.
Marcel notó ese cambio en su rostro y caminó a su lado con tranquilidad, sin invadir su espacio.
—No es un castillo —dijo con naturalidad—, es donde se trabaja.
Lucero giró ligeramente hacia él, luego volvió a mirar el lugar, como comparando lo que veía con lo que había imaginado antes de llegar; levantó una mano con un gesto leve, señalando alrededor, y luego llevó su mirada de nuevo a Marcel, cuestionándolo sin voz.
—Sí —respondió él, entendiendo sin dificultad—. Ahora viviremos aquí, pasaré la mayor parte del tiempo en este lugar.
Lucero se sorprendió al darse cuenta que la entendió muy rápido.
Un grupo de trabajadores cruzó cerca de ellos, inclinando la cabeza con respeto, pero sin detenerse, sin interrumpir su labor; Lucero siguió el movimiento con la mirada, notando el detalle, la ausencia de formalidades exageradas.
Frunció apenas el ceño, luego miró a Marcel y señaló con la mirada hacia los hombres que se alejaban.
—No se detienen —interpretó él con facilidad—, y no deben hacerlo, su trabajo es importante, no necesitan probar respeto perdiendo tiempo.
Lucero bajó la mano despacio, aceptando la explicación, aunque seguía observando con atención.
Continuaron avanzando, Marcel le mostraba cada área sin prisa.
—Aquí se revisa la mercancía —explicó señalando una mesa cubierta de telas—, allí se registran las cuentas, y en ese lado se preparan los envíos.
Lucero se acercó a una de las telas, la tocó con cuidado, deslizando los dedos sobre la superficie; la calidad era evidente, su mirada cambió ligeramente, más interesada, más atenta.
Levantó la vista hacia Marcel, sosteniéndola unos segundos, luego hizo un pequeño gesto con la tela entre los dedos.
—No es común —dijo él por ella.
Lucero asintió despacio.
—No lo es —confirmó Marcel.
Ella inclinó un poco la cabeza, mirándolo con más atención ahora, evaluándolo de otra forma, luego hizo un gesto breve hacia las telas, hacia las cajas, hacia todo el lugar.
—Sí —respondió él—. Comercio con esto, y con otras cosas más.
Lucero cruzó los brazos lentamente, su expresión se volvió más seria; lo miró de arriba abajo, como si intentara encajarlo en una idea que ya no le servía.
—No actúo como un noble tradicional —dijo Marcel, adelantándose a lo que ella estaba pensando. Porque no lo soy.
Lucero permaneció en silencio, pero no apartó los ojos, había una pregunta clara en ellos, una que no necesitaba palabras.
Marcel se detuvo y giró completamente hacia ella.
—Soy alguien que trabaja para mantener lo que tiene —explicó con calma—. No dependo de un título para sostener mi posición.
Lucero lo observó con atención, procesando cada palabra, su expresión no era dura, pero tampoco complaciente; bajó la mirada un instante, luego volvió a levantarla, dejando ver que esa respuesta no era lo que esperaba, aunque tampoco la rechazaba.
—Lo sé —dijo Marcel al notar su reacción.— no es lo que imaginabas, pero es lo que soy.
Ella no mostró molestia, al contrario movió sus manos de un lado a otro rápidamente. Intentando decir que no se refería a eso. Luego. Busco rápidamente en su bolsillo una libreta pequeña y tomó una pluma del escritorio. No necesitaba esto con su madre, o su familia. Pero con él sí aunque la entendiera la mayor parte.
Marcel ve como escribe inclinado un poco la cabeza. Lucero lo ve de reojo y sin querer ella se pone nerviosa. Se dobló un poco la caligrafía pero logró expresar lo que quería.
—Ya entiendo. No estás disgustada por lo que soy. Te llama más la atención.
Ella asintió. Marcel sonrió dulcemente.
Continuaron caminando hasta una zona donde el ruido disminuía, el movimiento era menor, y el ambiente permitía hablar con más calma.
—También hay otra parte de mi trabajo —añadió Marcel—, algo que no muchos entienden.
Lucero levantó la mirada de inmediato, enfocándose en él, atenta, esperando que continuara.
Marcel tomó un segundo, como si organizara la forma de explicarlo sin hacerlo innecesariamente complejo.
—No solo vendo telas —dijo con calma—, también las transformo, diseño y confecciono prendas, tanto para dama como para caballero.
Lucero parpadeó, su expresión cambió de inmediato, había sorpresa, pero también interés; bajó la mirada hacia las telas que tenía cerca y luego volvió a él, más concentrada.
Marcel notó ese cambio y continuó.
—No trabajo con moldes repetidos —explicó—, cada prenda se ajusta a la persona, a su cuerpo, a lo que necesita, a cómo se mueve.
Lucero inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con más detenimiento, como si intentara encajar esa información con todo lo que había visto alrededor.
—Por eso este lugar está así —añadió él, señalando el movimiento a su alrededor—, no es solo mercancía, es trabajo en proceso.
Lucero se acercó a otra mesa, tomó una pieza a medio hacer, revisó las costuras con cuidado, deslizó los dedos por el borde, comprobando la precisión; luego levantó la vista hacia Marcel, sosteniendo la prenda entre sus manos.
—Sí —respondió él—. Todo se hace aquí.
Ella dejó la tela en su lugar con cuidado, luego hizo un gesto leve con la mano, señalando distintas áreas, como pidiendo que continuara explicando.
—Algunos cortan —dijo Marcel señalando a un grupo—. Otros ensamblan, otros se encargan de los detalles finales, nada se hace al azar. Y aveces, en su mayoría, lo hago yo.
Lucero levantó la mirada hacia él, interesada. Él continúo.
—Ven. Sígueme. Hay otras cosas que mostrar. Necesito que te adapte porque dentro de unos días. Vendrá mi familia con abogados.
Es inteligente y sensata y buena persona 🥰🥰