Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 20: Una visita inesperada
El silencio en la habitación se volvió denso otra vez, pero no por mucho tiempo.
Un leve crujido se escuchó desde la ventana.
Polet se tensó de inmediato y sujetó con fuerza la manga de Elliot.
—Eso no sonó bien…
Elliot giró el rostro lentamente hacia la ventana. No parecía forzada, pero la cortina se movía con una suavidad sospechosa, como si alguien la hubiera tocado.
Sin hacer ruido, avanzó un paso.
Y entonces…
—¿Siempre reciben visitas así de tensos o es solo conmigo?
La voz era suave, casi cantarina.
Polet abrió los ojos de golpe.
—¿Qué…?
La cortina se apartó ligeramente, dejando ver a una joven que, con sorprendente naturalidad, ya estaba dentro de la habitación.
Rubia, de ojos verdes brillantes y piel dorada que parecía reflejar la luz de la luna. Su presencia era delicada, casi etérea, pero había algo en su mirada que no encajaba con esa apariencia tan pura.
Una seguridad demasiado… limpia.
Ella sonrió con dulzura.
—Perdón por la hora.
Polet la miraba sin poder creerlo.
—¿Tú… quién eres?
La joven inclinó apenas la cabeza, con elegancia.
—Bianca Dimonte.
Elliot entrecerró ligeramente los ojos.
—La hija del rey Arturo.
Bianca asintió con una sonrisa que parecía inocente.
—La misma.
Polet parpadeó varias veces.
—¿Entraste por la ventana?
—Sí —respondió Bianca con total naturalidad—, era más emocionante que tocar la puerta.
Polet se quedó en silencio unos segundos.
—Claro… lógico…
Elliot cruzó los brazos, observándola con atención.
—No es apropiado que esté aquí.
Bianca lo miró directamente, y por un segundo, su sonrisa se suavizó de una forma distinta.
Más… personal.
—Quería conocerte.
Polet sintió algo incómodo en el pecho.
—¿Así nada más?
Bianca giró la mirada hacia ella, sin perder la sonrisa.
—Así nada más.
Y esa respuesta, aunque simple, tenía algo que no le gustó a Polet.
Elliot mantuvo la compostura.
—Podrías haber esperado a la mañana.
—Pero en la mañana hay demasiadas miradas… demasiadas reglas —respondió Bianca con ligereza— y yo quería ver si lo que dicen de ti era cierto.
Elliot alzó ligeramente una ceja.
—¿Y qué dicen?
Bianca dio un pequeño paso hacia él.
—Que eres imposible de ignorar.
Polet sintió cómo su estómago se apretaba.
Elliot no se movió.
—Las historias suelen exagerar.
—No siempre.
Bianca lo miró con detenimiento, como si lo estuviera evaluando… como si cada detalle le interesara.
Polet dio un paso adelante sin darse cuenta.
—Bueno, ya lo viste, ¿no? Entonces ya te puedes ir.
Elliot la miró de reojo.
Bianca, en cambio, sonrió con más suavidad.
—¿Siempre es tan directa?
—Solo cuando es necesario —respondió Polet.
—Me agrada.
—A mí no.
Elliot exhaló levemente.
—Polet…
Pero Bianca intervino antes.
—No te preocupes, no vine a causar problemas.
Y aunque su tono era dulce…
Algo en sus ojos decía lo contrario.
Se acercó un poco más a Elliot, acortando la distancia de forma sutil, casi imperceptible… pero suficiente para notarse.
—Solo quería confirmar algo.
Elliot la observó.
—¿Qué cosa?
Bianca sostuvo su mirada, sin titubear.
—Si valía la pena.
El aire pareció quedarse suspendido.
Polet apretó los labios.
—¿Y?
Bianca sonrió.
—Aún no lo sé.
Ese “aún” hizo que Polet frunciera el ceño.
Elliot, en cambio, mantuvo la calma.
—Entonces ya puedes retirarte.
Bianca inclinó ligeramente la cabeza.
—Podría… pero sería una pena irme tan pronto.
Polet dio un paso más al frente.
—No lo sería.
Elliot volvió a mirarla de reojo.
Bianca soltó una pequeña risa suave.
—Definitivamente me agradas.
—No es mutuo.
—Lo imaginé.
El ambiente comenzó a tensarse, pero de una forma distinta… más silenciosa, más peligrosa.
Bianca dio medio giro, como si fuera a marcharse… pero antes de hacerlo, miró nuevamente a Elliot.
—Nos veremos en la mañana, supongo.
Elliot no respondió.
—Espero que entonces tengas más tiempo para conversar.
Polet cruzó los brazos.
—No lo tendrá.
Bianca la miró una última vez.
Y sonrió.
Pero esa sonrisa…
Ya no era inocente.
—Eso ya lo veremos.
Sin decir más, se dirigió a la ventana con la misma facilidad con la que había entrado. En cuestión de segundos, desapareció en la oscuridad.
El silencio que dejó Bianca no fue un silencio cualquiera. Fue de esos que se quedan pegados en el aire, como si algo invisible siguiera dentro de la habitación.
Polet fue la primera en moverse.
—No, no, no, no… eso no —dijo de golpe, caminando de un lado a otro mientras movía las manos con energía, como si intentara espantar la escena que acababa de pasar— eso no me gustó nada, pero nada.
Elliot la observó en silencio, apoyado ligeramente contra la pared.
—Fue solo una visita.
Polet se giró de inmediato hacia él, abriendo los ojos.
—¿Solo una visita? —repitió, llevándose una mano al pecho con dramatismo— Elliot, entró por la ventana en la noche, en TU habitación, se te acercó como si te conociera de toda la vida y tú dices “solo una visita”.
Movió ambas manos frente a él, enfatizando cada palabra.
—Eso no es normal.
Elliot no pudo evitar bajar ligeramente la mirada, ocultando una pequeña sonrisa.
—No lo es.
—¡Entonces! —Polet alzó un dedo, señalándolo— no minimices cosas que claramente son sospechosas.
Elliot la miró con más atención ahora.
—¿Te preocupa?
Polet abrió la boca para responder… pero se detuvo.
—Sí… —admitió al final, bajando un poco la intensidad— pero no por lo que crees.
Elliot inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Entonces?
Polet volvió a caminar, esta vez más lento.