Una vez fui la general que nadie pudo doblegar.
Ahora… despierto en una jaula de cristal llamada familia.
Ella murió con traición en la sangre y una espada en el corazón.
Él era su hermano.
Él era su final.
Pero los dioses no entienden de finales.
Elara Voss. Hija legítima.
Olvidada. Humillada. Rechazada.
En su mansión, la hija adoptiva brilla como la estrella que nunca le permitieron ser.
Y todos… todos la adoran.
Excepto que algo dentro de Valeria despierta. Algo antiguo.
Algo que sabe matar con una mirada.
Y hay un secreto que nadie le dijo:
🗣️ Sus pensamientos… no son silenciosos.
La familia los oye.
El prometido los oye.
Pero la impostora… no.
¿Qué pasa cuando una leyenda renace en el cuerpo de la chica que todos ignoran?
¿Y si su voz interior… es la única arma que necesita para destruirlos a todos?
Entre galas de alta sociedad, sonrisas falsas y promesas rotas…
una guerra silenciosa está a punto de estallar.
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El truco fallido
La habitación permaneció en absoluto silencio. Y Ariana, quién se había recuperado milagrosamente de su “grave” caída, dió unos pasos hacia adelante con una expresión de mártir. Y las lágrimas frescas no dudaron en brotar inmediatamente.
—Elara... por favor, perdóname. Todo esto es mi culpa. No debí ocupar tu lugar, no debí aceptar tanto amor de tus padres cuando tú... cuando tú regresaste. Solo quería que estuvieras en paz.
Ella me extendió las manos, mientras sostenía un tazón con sopa humeante. —Te traje esto. Mi madre me contó que esta sopa de verduras era la que más te gustaba cuando eras pequeña... antes de que te perdieras. Por favor, acéptala como disculpa.
Elara observó el tazón de sopa en la mano de Ariana con detenimiento, ya que presentía que había algo raro en ella y eso lo sabía. «Crees que no conozco tus trucos», pensó Elara. «Fingirás darme el tazón como muestra de disculpa fingiendo fragilidad, entonces inclinarás el tazón justo lo suficiente como para derramarlo “accidentalmente” sobre mí en cuanto lo tome entre mis manos. Luego gritarás que te quemé a propósito, y que soy violenta y peligrosa. Qué solo intentabas ser buena conmigo y que no merecías estar aquí. Entonces todos te irán a consolar y me van a odiar más, diciendo que solo soy una rebelde del campo y que mis malos hábitos nunca los iba a dejar atrás. Pero esta vez…. esta vez te daré la cuerda para que te cuelgues sola».
Elara observó a Ariana fijamente a los ojos y, con una deliberada lentitud, se limitó a extender sus manos para tomar el tazón.
En ese preciso momento, Ariana le dio una leve vuelta a su muñeca —demasiado rápido para que los demás no pudieran notarlo, pero evidente para la guerrera que habitaba ahora en Elara—. El contenido caliente que contenía el tazón se volcó entero sobre el pecho y el regazo de Elara y Ariana, empapando completamente su camisón y quemándole la piel con un ardor inmediato.
Elara solo optó por bufar, una exhalación corta y desdeñosa, y luego sonrió. Pero su sonrisa era fría y triunfante, una que no le llegó a sus ojos azules.
Ariana retrocedió unos pasos, fingiendo horror, y luego estalló en un llanto dramático.
—¡Está bien! ¡Está bien! —sollozó ella, mientras se cubría el rostro con ambas manos—. Se que no me quieres aquí Elara, porque te robe el cariño de papá y mamá, pero no tienes que ser tan violenta y agresiva conmigo cuando yo solo quería ser amable contigo. No sé porque me quemaste si yo no te he hecho nada—. Agregó Ariana entre lágrimas. —Si Elara no me quiere en su casa... si eso es lo que ella realmente desea... ¡prefiero marcharme! No quiero causarle más problemas... ¡Mejor me iré para que ella pueda estar más tranquila aquí!
Víctor, Miriam y Damien se observaron entre sí, atónitos. Y el silencio que prosiguió después fue denso, pesado.
«¿Qué ha sido eso?», pensó Victor, mientras fruncía el ceño. «Por un segundo... Juraría que escuché los pensamientos de Elara. Como si su voz resonara dentro de mi cabeza».
«No, imposible», pensó Miriam, negando con la cabeza. «Ariana es tan buena, tan noble... no sería capaz de hacer algo así, menos contra su hermana. Seguramente Elara dice todo esto para que nos decepcionemos de Ariana».
«Eso debe ser», pensó Damien, apretando los puños. «Mi hermana menor no engañaría a nadie. Elara solo quiere quitárnosla de encima».
Pero entonces observaron la escena con nuevos ojos: Ariana tirada en el suelo sollozando, ofreciendo irse de la mansión; Elara de pie, con las manos empapadas de sopa caliente, con quemaduras rojas en la piel... y sonriendo.
Al ver esto, Victor fue el primero en hablar, y su voz salió temblorosa.
—Entonces... Elara tenía razón.
Miriam se llevó una mano a la boca, con los ojos repletos de incredulidad, incapaz de procesar lo que sus ojos habían visto.
—Ariana... no es tan amable, débil y noble como todos habíamos creído.
Damien retrocedió unos pasos, mientras observaba a Ariana como si fuera la primera vez que la viera.
—Nos ha estado engañando... todo este tiempo.
Ariana palideció, y las lágrimas se detuvieron de golpe. La Máscara ya se le había caído. Y allí, en medio de esta habitación, con la sopa enfriándose encima de su piel, Elara supo que la primera batalla había sido ganada.