Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Nelson 1
En medio del banquete, cuando la música ya llenaba el salón y las conversaciones fluían con naturalidad, el duque Declan se acercó a Regina con la misma calma firme que lo caracterizaba.
—Acompáñeme —dijo simplemente.
Regina dejó su copa con cuidado y se levantó sin preguntar.
Sabía lo que eso significaba.
Trabajo.
Incluso ahí.
Caminaron entre las mesas, pasando junto a grupos de nobles y comerciantes que conversaban animadamente. Algunos saludaban al duque con respeto, otros inclinaban la cabeza al reconocerlo.
Hasta que se detuvieron.
—Lord Darcy —dijo el duque con una sonrisa cordial.
El hombre frente a ellos se puso de pie de inmediato.
—Duque Declan.
Su voz era firme, educada.
Regina lo observó con atención.
Nelson Darcy era alto, de porte elegante. Su cabello oscuro contrastaba con unos ojos ámbar intensos, casi dorados, que captaban la luz de los candelabros de una forma particular.
Había algo en él…
Una presencia serena, pero segura.
Y, curiosamente, un parecido evidente con la novia.
Los mismos rasgos finos.
La misma intensidad en la mirada.
—Permítame presentarle a Lady Regina Sallow —continuó el duque.
Regina hizo una leve reverencia, impecable.
—Un placer conocerlo, Lord Darcy.
Nelson respondió de inmediato, con la misma cortesía.
—El placer es mío, Lady Sallow.
No hubo pausa incómoda.
No hubo tensión innecesaria.
El duque continuó, directo al punto..
—Lady Sallow será mi representante en ciertos asuntos comerciales durante los próximos meses.
Nelson asintió, sin sorpresa evidente.
Era un hombre acostumbrado a ese tipo de intercambios.
Luego, el duque desvió brevemente la mirada hacia unos asientos más allá.
Regina siguió el gesto.
Allí estaban la novia.. Naomi.. y el joven que conversaba con ella, era el novio David, el sobrino favorito de Helena y Celeste..
[entonces Lord Darcy es hermano de la novia]
Ambos ajenos, por un momento, a la conversación de negocios.
—Imagino que su hermana seguirá trabajando como siempre… pero ahora que es una mujer casada, seguramente viajará con su esposo por algún tiempo.
Nelson asintió.
—Así es.
No parecía preocupado.
Solo… consciente de la realidad.
Regina entendió el espacio que se abría.
Y habló.
Su tono fue suave.
Pero completamente profesional.
—Mientras tanto, puedo ayudar a mantener el flujo de los negocios entre nuestras casas.
No fue una propuesta insegura.
Fue clara.
Directa.
Nelson la miró con atención esta vez.
No superficialmente.
Evaluando.
Y luego inclinó levemente la cabeza.
—Será un gusto trabajar con usted, Lady Sallow.
No era una cortesía vacía.
Era aceptación.
La conversación continuó algunos minutos más.
Hablaron de rutas comerciales.
De acuerdos pendientes.
De ajustes necesarios por los próximos viajes.
Regina intervino cuando correspondía.
Ni más.
Ni menos.
Precisa.
Y el duque no tuvo que corregir nada.
Finalmente, cuando el intercambio llegó a su fin, el duque hizo un leve gesto.
—Nos veremos pronto.
—Por supuesto —respondió Nelson.
Regina hizo una última inclinación de cabeza.
Y juntos se alejaron de la mesa.
Mientras caminaban hacia otro grupo de invitados, el duque habló sin mirarla directamente..
—Bien.
Una sola palabra.
Pero suficiente.
Regina no respondió.
No hacía falta.
Porque entendía.
Había sido una prueba más.
Y la había superado.
La música seguía sonando.
Las risas llenaban el salón.
Pero para Regina… algo había cambiado otra vez.
Porque ya no solo estaba observando ese mundo.
Estaba participando en él.
Con voz propia.
Con peso.
Y mientras avanzaba junto al duque, lista para el siguiente saludo, la siguiente conversación, el siguiente desafío…
Había una certeza tranquila en su interior..
No importaba dónde estuviera.
Ella sabría sostenerse.
Siempre.
Cuando la música comenzó a apagarse y las últimas risas se desvanecieron en el gran salón, la celebración dio paso a algo más íntimo.
Poco a poco, los invitados comenzaron a retirarse.
Las mesas quedaron medio vacías.
Las conversaciones se hicieron más suaves.
Y finalmente… solo quedó la familia cercana.
El ambiente cambió.
Más relajado.
Más real.
El duque Declan observó el lugar con discreción y luego habló con tono firme..
—Es momento de retirarnos.
Pero, como era de esperarse…
—¡No! —dijeron Celeste y Helena al mismo tiempo.
—¡Aún no!
—¡Tenemos que ver el carruaje de los novios!
El duque las miró.
Silencio.
Luego suspiró, con esa paciencia que ya era casi una costumbre.
—Solo unos minutos.
Las hermanas sonrieron, triunfantes.
Mientras ellas se dirigían hacia la salida principal, llenas de expectativa, Regina decidió tomarse un momento.
No para evitar… sino para observar.
Caminó con calma por la entrada de la mansión, ahora más silenciosa, iluminada por la luz tenue de los candelabros que aún permanecían encendidos.
El aire nocturno la recibió cuando salió.
Fresco.
Tranquilo.
Respiró profundamente.
Y avanzó unos pasos más allá, dejando atrás el bullicio residual de la fiesta.
Pero entonces
¡Choque!
No fuerte.
Pero lo suficiente.
Regina retrocedió un paso, ligeramente desestabilizada.
—Lo siento—
—Disculpe—
Ambos hablaron al mismo tiempo.
Regina levantó la mirada.
Y lo reconoció.
Nelson Darcy.
Él también pareció sorprendido, aunque su expresión llevaba algo más.
Preocupación.
Como si su mente estuviera en otro lugar… hasta ese momento.
—¿Está bien? —preguntó de inmediato, dando un pequeño paso hacia ella, con genuina atención.
Regina asintió.
—Sí, no fue nada.
Pero él frunció ligeramente el ceño.
—Casi la hago caer.
Había un leve tono de culpa en su voz.
Regina negó suavemente.
—No ocurrió.
Un pequeño silencio se instaló.
Ambos parecían… apenas incómodos.
No por desagrado.
Sino por la cercanía inesperada.
Nelson fue el primero en recomponerse.
—Para compensar… si le parece, podríamos hablar de negocios mañana mismo.
Regina lo miró con atención.
—Aprovechando que está en el reino.. así no tendrá que hacer el viaje después.
Era lógico.
Práctico.
Eficiente.
Exactamente el tipo de propuesta que Regina valoraba.
Y además…
Importante.
No solo por él.
Sino por todo lo que representaba.
Los Darcy.
Los Devlin.
Y ahora, indirectamente… los Declan.
Una red.
Una oportunidad.
Regina asintió sin dudar.
—Me parece adecuado.
Nelson inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces lo coordinaremos.
Hubo una pequeña pausa.
Y luego, ambos se despidieron con cortesía.
—Buenas noches, Lady Sallow.
—Buenas noches, Lord Darcy.
Y cada uno siguió su camino.