de una casualidad paso a una historia completa
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Capítulo 18
Los siguientes días fueron intensos. Mateo trabajó todo el día en el laboratorio local, analizando las muestras de los árboles. Luna continuó escribiendo artículos y difundiendo la noticia en las redes sociales. Martín se reunió con autoridades y organizaciones para pedir apoyo.
Una semana después, el laboratorio dio el resultado: la enfermedad era causada por un hongo nuevo, que se había extendido por la reserva debido a la sequía y al cambio climático.
—Necesitamos encontrar una cura rápido —dijo Mateo. —Si no, toda la reserva se destruirá en unos meses.
Luna tuvo una idea. —Los indígenas de la zona deben conocer plantas medicinales que puedan curar el hongo —dijo ella. —Vamos a hablar con ellos.
Mateo asintió. Juntos, se dirigieron a la comunidad indígena que vivía en la reserva. El cacique les dio la bienvenida y escuchó su problema.
—Sí —dijo el cacique. —Conocemos una planta que puede curar este tipo de hongos. Crecce en la parte más profunda de la selva, cerca del río.
—Nos pueden llevar hasta allí? —preguntó Mateo.
—Sí —dijo el cacique. —Mañana mismo.
Esa noche, Camila llegó a Perú para reunirse con ellos. Cuando vio a Sol, se abrazó a Luna y a Mateo.
—Cómo está mi nieto? —preguntó ella.
—Está bien —dijo Luna. —Está con nosotros todo el tiempo, trae suerte.
Mientras hablaban, Sol despertó y miró hacia la ventana. La estrella brillaba clara en el cielo, y todos sabían que estaban en el camino correcto.
Al día siguiente, el cacique y algunos miembros de la comunidad llevaron a Mateo, Luna, Camila y Martín a la parte más profunda de la selva. Sol estaba en el porta-bebés de Luna, tranquilo y observando el entorno.
Después de varias horas de caminata, llegaron a un lugar cerca del río donde crecía la planta medicinal. Era una planta pequeña con flores rojas y hojas verde oscuro.
—Esta es la planta —dijo el cacique. —Hay que cocinar las hojas y aplicar el jugo en los árboles afectados.
Mateo tomó muestras de la planta y las llevaron al laboratorio. Analizó el jugo y confirmó que tenía propiedades antifúngicas que podían curar la enfermedad.
—Es perfecto —dijo él, con emoción. —Tenemos la cura.
Los siguientes días, trabajaron con la comunidad y los voluntarios para recolectar la planta, cocinar el jugo y aplicarlo en los árboles. Luna escribió un artículo sobre la experiencia —lo llenó de historias de la comunidad indígena y de fotos de la planta medicinal.
La noticia se volvió viral en redes sociales, y mucha gente de todo el mundo empezó a apoyar el proyecto. Una empresa farmacéutica de Brasil ofreció ayudar a producir más jugo de la planta para aplicarlo en toda la reserva.
Una semana después, los árboles empezaron a mejorar —las hojas volvían a ser verdes, y el hongo desaparecía. La comunidad y los voluntarios se reunieron para celebrar.
Luna se subió a una plataforma con Sol en el porta-bebés y habló con la audiencia:
—Amigos, hemos logrado lo imposible —dijo ella. —Gracias a la sabiduría de la comunidad indígena, a la dedicación de los voluntarios y a la luz de la estrella que nos unió. Este es el poder de la Red Estrella —unir conocimientos, culturas y corazones para proteger la naturaleza.
La gente aplaudió con fuerza, y muchos lloraron de emoción. El cacique le dio a Sol un collar de semillas de la planta medicinal.
—Este collar protegerá a Sol y le recordará que la naturaleza nos da todo lo que necesitamos —dijo él.
Después de la victoria en Perú, la familia volvió a Paraguay. Sol cumplió dos meses, y la familia organizó una pequeña fiesta en el apartamento. Invitaron a Doña Ana, a Juan y a algunos amigos cercanos.
Doña Ana le dio a Sol un regalo —un libro de cuentos que había escrito con sus propias manos, sobre la estrella y la selva.
—Estos cuentos te ayudarán a dormir —dijo ella a Sol. —Y te enseñarán sobre tu hogar.
Juan le dio a Sol un juguete de madera tallado en forma de sol y estrella. —Para que nunca olvides quién eres —dijo él.
Mientras todos celebraban, Sol sonrió por primera vez. Todos se emocionaron —era la primera sonrisa, un signo de felicidad y esperanza.
—Él sonrió! —gritó Luna, con emoción. —Sol sonrió!
Mateo cogió a Sol en sus brazos y besó su frente. —Eres el niño más feliz del mundo —dijo él.
Esa noche, la familia se sentó en el balcón y miró hacia el cielo. La estrella brillaba más clara que nunca, y Sol miró hacia ella y sonrió de nuevo.
—Él sabe que la estrella está ahí —dijo Martín. —Es el verdadero guardián.
Unos meses después, Martín recibió una llamada de la organización internacional. Querían expandir la Red Estrella a África —había una selva en Tanzania que necesitaba protección contra la deforestación.
—Queremos que ustedes lideren el proyecto —dijo la voz del teléfono. —Ustedes tienen la experiencia y el amor que necesitamos.
Martín miró a Camila, Luna, Mateo y Sol. Sol tenía cuatro meses y estaba empezando a gatear.
—¿Qué les parece? —preguntó Martín.
—Me encanta la idea! —dijo Luna. —Podemos llevar a Sol a África, enseñarle nuevas selvas y nuevas culturas.
—Yo también —dijo Mateo. —Puedo hacer estudios sobre los animales de Tanzania, como los leones y los elefantes.
—Sí —dijo Camila. —Es un nuevo reto, un nuevo camino. Y lo haremos juntos, con Sol a nuestro lado.
Al día siguiente, Martín aceptó el proyecto. Se llamó "Red Estrella África" —la primera extensión de la red fuera de América Latina.
Los siguientes meses fueron llenos de trabajo. Empezaron a contactar con organizaciones de Tanzania, a reunir fondos y a preparar el viaje. Luna escribió artículos sobre el proyecto para revistas internacionales. Mateo hizo estudios sobre la selva de Tanzania y sus animales.
Una tarde, mientras preparaban el equipaje, Sol gateó hasta la ventana y miró hacia la estrella. Luna se acercó y le dijo:
—Pronto iremos a África, Sol —dijo ella. —A conocer una nueva selva, una nueva casa. Y la estrella irá con nosotros.
Un mes después, la familia se dirigió a Tanzania. El viaje fue largo —vieron varios aviones y pasaron por varias ciudades. Sol estaba tranquilo, jugando con su juguete de sol y estrella.
Cuando llegaron a Tanzania, fueron recibidos por el equipo de la organización local. El paisaje era diferente al que estaban acostumbrados en el pais —montañas, sabanas y selvas densas. Sol miró alrededor con curiosidad, observando los pájaros y los animales.
—Qué hermoso —dijo Luna, mirando la selva. —Tan diferente, pero tan maravilloso.
Los siguientes días, visitaron la selva que necesitaba protección. Había zonas donde se había cortado mucha madera, y los animales estaban huyendo. Mateo empezó a hacer estudios sobre los animales —vio leones, elefantes, monos y muchos pájaros.
Luna empezó a escribir artículos sobre la selva y la deforestación —lo llenó de fotos y historias de las comunidades que vivían en la zona. Martín se reunió con las autoridades y las organizaciones para pedir apoyo.
Camila se encargó de cuidar a Sol mientras los demás trabajaban. Sol se encariñó con el equipo de la organización local, especialmente con una mujer llamada Zara, que le cantaba canciones tradicionales africanas.
Una noche, se sentaron en el campamento y miraron hacia el cielo. La estrella brillaba clara, y podían ver las otras estrellas de la constelación de Orión.
—La estrella está aquí también —dijo Luna, mirando a Sol. —Está con nosotros donde quiera que vayamos.
Mateo cogió la mano de Luna y dijo:
—Y esta selva también será parte de la Red Estrella —dijo él. —Protegida por la misma estrella que protege a la del pais.