Renace en la novela que estaba leyendo.. el día de la boda con el conde mudo.. Pero ella cambiará su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Flores amarillas
Los días siguientes transcurrieron con una cercanía distinta.
No era escandalosa ni evidente ante los demás, pero estaba allí, firme y constante.
Durante el día, Daniel y Emma apenas coincidían fuera de las comidas. Él pasaba largas horas en su despacho revisando cuentas, firmando documentos y atendiendo asuntos del ducado. La seriedad con la que asumía su rol hacía que pocos se atrevieran a interrumpirlo.
Emma, por su parte, comenzaba a aprender las labores de condesa. Supervisaba la administración interna, revisaba inventarios, aprendía los nombres de los sirvientes y sus funciones, y se familiarizaba con los protocolos sociales que ahora debía dominar. El ama de llaves la guiaba con paciencia, y el abuelo Devlin observaba desde la distancia, evaluando en silencio.
En las comidas compartían miradas breves. A veces un roce intencional bajo la mesa. Nada escandaloso. Nada que pudiera dar pie a comentarios.
Pero cada noche era diferente.
Cuando la puerta de la habitación se cerraba y el silencio los envolvía, la distancia del día desaparecía. Ya no había torpeza ni desafío.. había confianza creciente. Las manos encontraban caminos conocidos, los besos ya no eran exploratorios sino seguros, y el deseo se expresaba con naturalidad. No necesitaban palabras para iniciar.. bastaba una mirada sostenida o un acercamiento apenas perceptible para que ambos entendieran.
Era una pasión que crecía con cada encuentro.
Y cada mañana, Emma bebía su té convencida de que estaba controlando su propio destino.
Sonreía al terminar la taza, pensando que todo estaba bajo su decisión.
Días después, mientras Daniel revisaba unos documentos, Emma entró en el despacho sin tocar.
—Iré mañana a la mansión Collins..
Daniel alzó la vista.
—¿Por la fiesta?
Escribio él en una libreta..
Ella asintió.
Sabía perfectamente que al día siguiente era el cumpleaños de Vanessa. Y también recordaba.. como si lo hubiera vivido.. lo que, en aquella novela que había leído, había ocurrido con la antigua Emma.
La habían hecho pagar toda la fiesta.
Con manipulación y fingida inocencia, los Collins habían logrado que la joven condesa asumiera los gastos completos. Aquello no solo había sido un golpe económico, sino también reputacional. Los Devlin la habían mirado como una mujer imprudente, derrochadora, incapaz de manejar las finanzas de la mansión. Ese fue uno de los momentos que sembró más resentimiento hacia ella en la historia original.
Pero esta vez no sería así.
Emma caminó lentamente hasta la ventana del despacho.
[No permitiré que nos usen.. Ni a ti, ni a esta familia.]
Daniel la observó en silencio. Había algo diferente en ella desde aquella mañana en el comedor. Seguridad. Estrategia.
Emma giró el rostro hacia él, con una sonrisa tranquila.
—Iré como invitada. Nada más. Volveré temprano..
Y en su mirada había una promesa silenciosa.. La historia no se repetiría.
Cuando el carruaje de Emma se detuvo frente a la mansión Collins, lo primero que vio no fue la fachada… sino el color.
Amarillo.
Cientos de flores amarillas decoraban la entrada, los balcones, las columnas y hasta el sendero de piedra. Había arreglos colgando en cascada, coronas en las puertas y enormes jarrones alineados como si se tratara de una celebración real.
Emma bajó con calma, observando cada detalle con mirada calculadora.
[Han gastado una fortuna O al menos eso querían que pareciera.]
Cerca de la entrada, una carreta aún descargaba más arreglos florales. Un joven noble ayudaba con el trabajo con aire educado pero apurado. Emma lo reconoció enseguida.. era conocido en los círculos sociales por ser el hermano mayor de la duquesa Evenson. No era heredero de un gran título, pero el apellido y la conexión con el ducado Evenson le daban prestigio suficiente.
A su lado trabajaba una muchacha joven, hermosa y sencilla, que sostenía ramos con manos ágiles. No vestía como dama elegante, sino como ayudante de una tienda floral. Su expresión era dulce, concentrada en la labor.
Emma observó cómo Vanessa se acercaba al joven con sonrisa cuidadosamente practicada.
—Lord Morgan, espero que asista a mi fiesta.. O quizá podría quedarse ahora en la mansión. Sería un honor.
El joven inclinó la cabeza con cortesía impecable.
—Lamento no poder hacerlo, lady Vanessa. Debo regresar a la tienda. Hay encargos pendientes.
Emma notó el leve énfasis en “tienda”.
Vanessa insistió un poco más, pero el rechazo fue firme aunque amable. El joven se excusó nuevamente y continuo ayudando a terminarar de descargar las flores.
Emma no pasó por alto la mirada que Vanessa lanzó entonces a la muchacha que acompañaba al noble.
No era una mirada casual.
Era fulminante.
Celosa.
Emma entrecerró los ojos, analizando la escena con rapidez.
[Así que no está enamorada de Daniel, Le interesan los hombres con poder… o prestigio.]
Daniel era conde. Lord Morgan era hermano de una duquesa. Ambos representaban estatus.
Cuando la carreta terminó de descargar y comenzó a retirarse, Emma avanzó unos pasos, fingiendo admiración.
—Wow, prima.. Esto debió costar una fortuna.
Vanessa giró el rostro, sorprendida por la repentina aparición.
Por un instante, su expresión mostró incomodidad.
Luego sonrió.
—Oh, bueno… una fiesta importante lo merece.
Emma recorrió con la mirada las flores, exagerando su impresión.
—Claro, claro… cientos de arreglos importados, un noble supervisando personalmente la entrega… Espero que el presupuesto familiar no sufra demasiado.
El comentario era ligero en tono.
Pero pesado en intención.
Vanessa sostuvo la sonrisa, aunque sus dedos volvieron a tensarse sobre la tela de su vestido.
Emma mantuvo la expresión dulce.
Esta vez no pagaría nada.
Y tampoco permitiría que la hicieran quedar como una derrochadora.
El juego apenas comenzaba.
Maravilloso Daniel sigue asi👏